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22 de septiembre de 2021

Seguro has escuchado que esta práctica favorece la reducción de tallas de la cintura y es eficaz para eliminar las antiestéticas “llantitas”, porque estimula la sudoración de esta zona.

Lo cierto es que este efecto “reductor” es momentáneo y se da básicamente por la pérdida de agua, a través de las transpiración, y no se trata de una quema de grasa como tal.

De acuerdo con investigadores de la Universidad de Cambridge, la descomposición de las células grasas es un proceso complejo, que sólo se realiza de manera interna y no a través de la piel (cutánea).

Además de no cumplir con el objetivo de lograr un abdomen plano, este método podría traerte ciertas consecuencias, que harán que te la pienses dos veces antes de aplicarlo.

Riesgos

  1. Deshidratación: Esto a consecuencia del sudor excesivo. Lo anterior, se traduce en una gran pérdida de líquidos y, en consecuencia, mareos, fatiga, pérdida del conocimiento y, en casos extremos, estado de coma.
  2. Hígado: Podría verse afectado, ya que el cloruro de polivinilo, con el que están hechos la mayoría de este tipo de plásticos es considerado como tóxico, y al ser absorbido por los poros, provocar afecciones en dicho órgano.
  3. Piel: La fricción y contacto prolongado con el plástico, puede traer consigo irritación, rozaduras, dermatitis e, incluso, llagas en la piel de la zona.

Estos daños no pueden tomarse a la ligera. Para mantener un vientre en forma, lo más saludable es seguir una dieta balanceada y practicar ejercicio con regularidad.

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