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Alrededor de 100.000 niños están atrapados en fuego cruzado

Unos 100.000 niños se encuentran atrapados en el fuego cruzado en el casco antiguo y en otras zonas del oeste de la ciudad septentrional de Mosul, donde se libra la última batalla para expulsar al grupo terrorista Estado Islámico (ISIS) de la urbe iraquí, advirtió este lunes Unicef. Su representante en Irak, Peter Hawkins, aseguró […]

Unos 100.000 niños se encuentran atrapados en el fuego cruzado en el casco antiguo y en otras zonas del oeste de la ciudad septentrional de Mosul, donde se libra la última batalla para expulsar al grupo terrorista Estado Islámico (ISIS) de la urbe iraquí, advirtió este lunes Unicef.

Su representante en Irak, Peter Hawkins, aseguró en un comunicado que calcula que “unos 100.000 niños y niñas permanecen en condiciones extremadamente peligrosas en el casco antiguo y en otras zonas del oeste de Mosul”, donde se encuentran “atrapados en el fuego cruzado”, informó Efe.

Asimismo, aseguró que la agencia de la ONU está recibiendo “noticias alarmantes de civiles que están siendo asesinados en el oeste de Mosul, entre ellos varios niños. Algunos habrían sido asesinados mientras trataban de huir desesperadamente de los combates”.

La Comisión de Derechos Humanos del Consejo provincial de Nínive, de la que Mosul es capital, denunció ayer la muerte de al menos 170 civiles el pasado día 1 de junio a manos de los yihadistas en un barrio situado en la parte occidental del río Tigris, que divide la ciudad en dos.

Los civiles fueron tiroteados frente a la entrada de una fábrica de bebidas gaseosas, ubicada en el barrio de Al Zanyili, que permanece todavía bajo el control de ISIS.

Por último, Hawkins adujo que “los ataques contra civiles e infraestructuras civiles como hospitales, clínicas, escuelas, casas y sistemas de agua deben parar inmediatamente”.

Las tropas iraquíes luchan en la parte occidental de Mosul desde el pasado febrero, pero ISIS ofrece resistencia en algunas áreas, sobre todo en el casco antiguo de la urbe.

EJECUCIONES SUMARIAS

La organización Human Rights Watch (HRW) ha denunciado hoy que fuerzas progubernamentales han llevado a cabo ejecuciones sumarias de civiles en áreas liberadas de la ciudad septentrional de Mosul desde que la ofensiva para retomar la urbe iraquí comenzase el pasado octubre de 2016.

En un comunicado, HRW documentó la existencia de al menos 26 cadáveres con los ojos vendados y maniatados en zonas de Mosul controladas ahora por el Gobierno iraquí, indicó Efe.

“La ausencia de voluntad por parte del Gobierno para investigar estas muertes contradice sus propias declaraciones a favor de la protección de los derechos de los detenidos”, afirmó Lama Fakih, subdirectora para Medio Oriente de HRW.

Según la ONG, las fuerzas iraquíes están deteniendo y ocultando a gente que huye de la ciudad, en algunos casos en centros no oficiales y sin revelar información alguna sobre el número de detenidos ni las acusaciones que se ciernen sobre ellos.

La ofensiva de Mosul comenzó el pasado octubre, se alargó hasta enero en la mitad este de la ciudad y un mes después las fuerzas iraquíes lanzaron las operaciones en los barrios al oeste del río Tigris, que divide la ciudad en dos.

La ONU advirtió el pasado 30 de mayo que alrededor de 200.000 civiles permanecen todavía atrapados en la ciudad, que fue el principal feudo de los yihadistas en Irak.

SAQUEOS A LAS CASAS DE ISIS

Hombres, mujeres y niños recorren la ancha avenida del barrio de Al Rifai, en Mosul oeste, con los brazos cargados de bolsas y empujando carretillas llenas a rebosar. Pero no huyen de los combates con sus pertenencias personales, sino que acaban de saquear casas abandonadas, reseñó AFP.

“¡Era de ISIS (Estado Islámico)! ¿No debemos vengarnos de ellos?”. Detenidos, ambos, con un ventilador de techo en un hombro y una bolsa con ropa en el otro, dos jóvenes tratan de defenderse. “Mi casa fue saqueada, ¡no nos queda nada!”, alega uno de ellos.

“¿Tú te vengas así? Si eres valiente, toma un fusil, el frente está justo allí”, replica un soldado, incrédulo, apuntando hacia donde se oyen los disparos de mortero y de armas automáticas, de donde llega el eco de los combates entre las tropas iraquíes y los combatientes del grupo terrorista.

“Habéis robado eso en las casas de otra gente. ¡Volved a dejarlo donde lo tomasteis!”, ordena.

“¡Era de ISIS, lo juro por Dios! La gente agarraba sillas, mesas. Nosotros solo nos llevamos ropa, ya no tenemos ropa”, implora el joven, mostrando su gastada camiseta.

“¿No tenéis vergüenza? ¿No sois musulmanes? ¡Venga! Devolved eso al lugar de donde lo habéis tomado”, insiste el soldado.

Ni violencia ni tensión en esta devastada avenida de Al Rifai, el barrio residencial reconquistado por las fuerzas iraquíes hace unos días. Simplemente, gente que va y viene en calma, que a veces llega con las manos vacías y se va con bolsas llenas o con una nevera o un sofá cargado en su carretilla.

Los habitantes huyeron de allí a toda prisa hace unas semanas, dejando tras de sí sus casas llenas de cosas. Los combates destruyeron paredes y tejados, y las viviendas están siendo ahora vaciadas sigilosamente.

DE VÍCTIMA DE ROBO A LADRÓN

Cargando con una bicicleta, un hombre se detiene y contempla el vaivén de gente. “¡Ninguna de estas personas es de aquí!”, denuncia, indignado, ante un policía.

Mientras que a unos metros de allí los combates causan estragos, las fuerzas de seguridad controlan las idas y venidas tanto como pueden. Pero es difícil comprobar sistemáticamente si todos los transeúntes son o no propietarios de los trastos que llevan consigo.

Algunos casos parecen evidentes: un adolescente con un sillón que sobresale de su carretilla, mujeres que apenas consiguen transportar un gran rollo de tela o un niño que lleva, por único equipaje, una mesa de centro con ruedas.

Algunos son interceptados, otros consiguen irse con su botín entre manos.

La mayoría de ellos se justifica afirmando que se trata de objetos de ISIS, que confiscó arbitrariamente los bienes de la población durante sus tres años de mandato en la ciudad.

“Es una mentira, no pueden acceder a los edificios del EI”, suelta Abas Ali, un policía. “Vienen de otros barrios para robar en las casas”, añade.

Otros aseguran, a menudo de corazón, que sus propias casas fueron saqueadas y que vienen aquí buscando cosas para volver a amueblarlas.

“Dicen que no tienen nada pero eso no justifica el hecho de robar las cosas de otros. Son casas de gente que huyó. Los paramos y les decimos que lleven las cosas allí donde las encontraron. ¿Qué otra cosa podemos hacerâ”, explica un policía.

El cometido de las fuerzas de seguridad es, en primer lugar, mantener la seguridad del barrio, que linda con la línea de frente de Zinjili, una de las últimas áreas en manos de los yihadistas antes de llegar a la Ciudad vieja. Los controles se realizan de forma intuitiva.

Un chico pasa, arrastrando tras de sí una caja de plástico de la que sobresale una cortina. Los policías levantan la tela y descubren, debajo, unos cables de metal.

“¿Eso no son cables eléctricos? Cuando la gente vuelva, ¿acaso no querrá tener electricidad?”, lanza Abas Ali.

“¡Los encontré ya cortados, por Dios!”, responde el muchacho, intimidado.

“¡Vuelve a dejarlos en su sitio!”, lo riñe el policía. “¡Es tu ciudad la que estás saqueando!”, apostilla.

por El Periódico Venezolano
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