Va de salida ; Por José Toro Hardy

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abril 12
/ 2016

No es raro encontrar escépticos que argumentan que la Asamblea Nacional pierde su tiempo al aprobar leyes que no se aplicarán porque al controlar al Tribunal Supremo y a los demás Poderes Públicos, el gobierno las desconocerá.

Pero hay otra cara de la moneda. Quizá lo que está ocurriendo es todo lo contrario. Quizá la Asamblea Nacional le está poniendo “trampas” al gobierno y este último cae sistemáticamente en ellas, acercándose peligrosamente a una situación de ilegitimidad y aislamiento que terminará por hacerlo inviable. Pregúntele a Fujimori.

Los escépticos siempre recurren al ejemplo de Cuba. Los Castro -dicen- llevan 57 años gobernando. Yo los invito a revisar un poco la historia. Un Castro sólo pudo surgir en la cúspide de la guerra fría, cuando capitalismo y comunismo libraban una feroz batalla ideológica por imponer su sistema. En tales circunstancias ofreció Fidel el territorio de Cuba para que la URSS instalase allí cohetes nucleares capaces de amenazar a los EEUU. Kruschev no podía resistir esa tentación. Era la lógica de aquel conflicto en el cual las superpotencias se amenazaban mutuamente sin que ninguna de las dos se atreviese a dar un paso definitivo que hubiese llevado a una destrucción mutua asegurada.

Nikita Kruschev pensaba que Kennedy era un hombre débil. Lo había visto flaquear en el caso de Bahía de los Cochinos. Cuba era irrelevante para los EEUU pero era invaluable para la URSS como plataforma de lanzamiento de sus armas atómicas.

Kruschev necesitaba alardear de su poderío bélico ya que la inferioridad económica del comunismo era evidente. Los habitantes de Alemania Oriental huían en tropel hacia Berlín Occidental. Para enfrentar la situación el Premier soviético había ordenado construir, en 1961, el Muro de Berlín. Por otra parte, sabía Kruschev que en Turquía los EEUU había emplazado cohetes atómicos con los cuales podían abarcar todo el territorio soviético.

Bajo esas circunstancias surge la oferta de Fidel cuya revolución dependía del apoyo comunista. Con el mayor sigilo comienzan a llegar las armas nucleares a la isla camufladas como equipos agrícolas.

Los aviones espía U2 de los EEUU descubren los cohetes. Uno de esos aviones piloteado por Rudolph Anderson fue derribado el 27 de octubre de 1962 y estalla la mayor crisis de la guerra fría. Kennedy le da un ultimátum a la URSS para que retire el armamento nuclear y tiende alrededor de la isla un cerco naval para impedir que lleguen nuevos cohetes. Kruschev al principio se resiste. Los barcos rusos se acercan peligrosamente al punto donde los buques de guerra americanos tenían órdenes de hundirlos. El mundo entero aguardaba aterrorizado. Nunca el planeta estuvo tan cerca de un holocausto nuclear. Los ejércitos del ambas potencias estaban en alerta máxima. Los bombarderos se aprestaban a despegar.

Finalmente, cuando todo lucía perdido, las naves rusas reciben la orden de detenerse y regresar. En el último instante se había logrado evitar lo que ha podido ser la mayor tragedia de la historia. Kennedy y Kruschev llegan a un acuerdo. La URSS retiraría los cohetes de Cuba y unos meses después EEUU los retiraría de Turquía. Por su parte EEUU se comprometía a no derrocar a Fidel Castro y Kruschev a no intentar nunca más emplazar cohetes en la isla.

Fidel Castro fue pues la alternativa a una III Guerra Mundial que hubiera podido acabar con la raza humana. La URSS cargó a cuestas con la economía de Cuba, a cambio de lo cual Castro enviaba tropas cubanas, como carne de cañón, a librar las guerras rusas en Angola, Etiopía y otros países africanos. Esa situación se mantuvo hasta que durante el gobierno de Gorbachov se desmoronó el Telón de Acero, cayó el Muro de Berlín en 1989, se hundió el Pacto de Varsovia, se retiraron las tropas rusas de Checoslovaquia, triunfó Solidaridad en Polonia, se desplomó el comunismo y finalmente se desintegró la URSS en 1991. Uno de los dos sistemas había colapsado. Es “el fin de la historia” dictaminó Fukuyama.

Las cosas en Venezuela fueron bien diferentes. A partir del año 2000 comenzaron a subir los precios de las materias primas. Montado en el lomo de unos ingresos petroleros nunca antes imaginados, se instaló en el poder una revolución populista que dilapidó la mayor oportunidad histórica que tuvo Venezuela. Se trató de un episodio sin gloria, sin épica, ni ética, cargado de corrupción, que después de haber destruido nuestra economía se está viniendo a pique dejando una estela de escasez, inflación, crisis y pobreza. Venezuela está sumida en su propio “período especial” y el gobierno ya no cuenta con la ayuda de nadie, ni siquiera de China.

Quienes quieren comparar los casos de ambas revoluciones se equivocan. La caída del petróleo y de las demás materias primas se está llevando en los cachos a todos los gobernantes populistas surgidos de un ciclo de precios altos de los commodities.

Cuba, aunque quiere ganar tiempo, sabe que sin el maná petrolero venezolano, sin Chávez, Lula, ni Kirshner, su revolución ya no puede sobrevivir. Hoy busca un acercamiento con el odiado imperio y no se puede permitir el lujo de ponerlo en riesgo.

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