Un presidente excepcional ; Por Alberto Barrera Tyszka

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mayo 16
/ 2016

El pasado 12 de febrero, cuando el Tribunal Supremo de Justicia le otorgó los poderes especiales que el pueblo le había negado, Nicolás Maduro declaró lo siguiente: “va a cruzar esta emergencia todo este año 2016 y parte del 2017 porque tenemos que recuperar a este país completico y rehacer todo el sistema productivo, distributivo, comercializador y de fijación de precios de todos los productos”.

Sin duda, parecían las palabras de alguien que acababa de llegar al Palacio de Miraflores por primera vez y que, de pronto, se encontraba frente a una nación arrasada, frente a una economía destruida. Pero, en rigor, quien hablaba era el Presidente de un gobierno que lleva 17 años en el poder. Casi dos décadas y miles de miles de millones de dólares malgastados en llevarnos a la situación desastrosa en que nos encontramos. Y todavía quería más poder y menos cortapisas para seguir haciendo lo mismo, o peor, y lograr así -según decía- defendernos, protegernos, salvarnos de nuestros enemigos.

Dos meses después, la economía del país no parece haber mejorado demasiado. Todo lo contrario, las cosas parecen estar mucho peor. La economía también es una sensación: ahora, esa sensación es una alarma generalizada. Ante esto, Maduro recurre nuevamente a lo mismo: “He decidido –afirmó esta semana, en consejo de Ministros- aprobar un nuevo decreto de estado de excepción y emergencia económica que me dé el poder suficiente para derrocar el golpe de Estado, la guerra económica, para estabilizar socialmente nuestro país y para enfrentar todas las amenazas internacionales y nacionales que hay en contra de nuestra patria en este momento”. Más de lo mismo. Grita como si acabara de aterrizar en este mapa. Como si jamás hubiera asistido a un Consejo de Ministros. Como si estuviera espantado ante los secretos de CADVI, como si estuviera indignado ante de las denuncias contra Derwick, como si jamás hubiera oído hablar de unas famosas empresas fantasmas. Es súper Nicolás contra los monstruos del espacio.

Dos meses después, Maduro no logra ningún resultado palpable pero sí consigue dos meses más de poderes especiales. Sigue hablando de la economía en términos automotrices. No deja de ser paradójico que, en el país de las colas, donde todo está detenido en filas interminables, el Presidente se empeñe en usar la metáfora de los motores. La inflación es indetenible, la gente se come un cable, pero Maduro continúa dibujando motores en el aire. Esta semana va más allá: promete una exposición de motores. Se trata de una combustión simbólica inexplicable. El gobierno legitima el absurdo como argumento para enfrentar la crisis. Este es un titular oficial de la marcha de ayer: “Maduro activó el motor de la economía comunal para alcanzar los objetivos de la nación y superar la coyuntura que atraviesa Venezuela”. Así nomás, camarada. Dele al suiche. Encienda esa vaina ¿No lo ve?, ya el país está avanzando.

A medida que la situación se va poniendo peor, crítica, el gobierno va endureciendo sus maneras y perdiendo los modales. Justamente eso es la democracia para ellos: un simple asunto de modales. Ahí está Mata amenazando a los funcionarios. Ahí está Cabello amenazando a los empresarios. Ahí está Maduro amenazando a todo el mundo. El Estado de excepción -según reseña una nota de VTV, con citas del Ministro Luis Marcano- puede permitirle al chavismo acciones policiales y de seguridad pública, así como asignarle a las Clap, a los consejos comunales y a otras organizaciones populares, tareas de vigilancia y control del orden público. No es un matiz. Es un peligroso permiso en la ya difícil dinámica de la violencia en nuestra sociedad.

Dos meses después, la economía sigue siendo un naufragio, y Nicolás Maduro continúa siendo un Presidente excepcional: un funcionario sin democracia. Cada vez más autoritario. Que se salta los procedimientos y solo desea imponer su monólogo de guerra. El Estado de excepción es otra forma de prohibir la voluntad popular. Ya no saben cómo sacar al 6 de diciembre del calendario. Siguen sin querer leer la realidad. Creen que con más poder lograrán frenar la historia. Maduro decreta que la escasez es un espejismo, que el hambre es una ficción, que todo está de maravilla, que los hospitales funcionan perfectamente, que hay muchas inversiones, que ya casi somos una gran potencia.

Maduro decreta que Venezuela no existe.