Un gran paro nacional ; Por Gustavo Briceño Vivas

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junio 16
/ 2016

¿Qué pasaría en el supuesto de que el Consejo Nacional Electoral o el Tribunal Supremo de Justicia acuerden la no realización para este año del referéndum revocatorio contra Maduro, por parte de los sectores democráticos del país? ¿Qué ocurriría de darse tan lamentable situación absurda y antidemocrática bajo todo punto de vista?

Una respuesta que implica una actitud suficientemente democrática, pacífica, constitucional, formal y sobre todo: no violenta. Es la constitución de una Junta Nacional del Paro Democrático, que convoque a corto plazo un gran paro nacional que obligue al régimen a cambiar radicalmente su conducta política y permitir en consecuencia la consulta popular. Sería entonces algo más allá que una huelga de trabajadores o empresarios; seria así concebido una auténtica paralización de todo el país en su conjunto, hombres y mujeres, sociedad civil organizada o no; instituciones como las universidades nacionales y privadas; los colegios profesionales en todas sus ramas del saber; las asociaciones civiles y no civiles; las organizaciones no gubernamentales que trasladan y manifiestan sus ideas en todo el país. Un gran paro nacional sería fundamentalmente intentado por los comerciantes de todas las ciudades grandes y pequeñas; las instituciones financieras y bancarias; todos los centros comerciales de todas las zonas de Caracas y del interior; las asociaciones de vecinos; las comunidades locales y no locales, en fin, los hospitales y centros asistenciales del país que reclaman sus derechos de decidir en paz y en garantía de que la Constitución nacional se cumpla en beneficio del pueblo y de sus instituciones fundamentales.

Un gran paro nacional sería contra un gobierno muy mal gobernado e ineficientemente considerado, que ha llevado de forma irresponsable e inaudita a que más de un millón y medio de jóvenes venezolanos se hayan ido del país porque no encuentran trabajo estable y calidad de vida en Venezuela. La frustración de los que se fueron y de aquellos que nos quedamos durará años, por generaciones, producto de esta diáspora justificada de venezolanos, además, sin contar, por supuesto, por ser este régimen responsable en particular de que en Venezuela sea hoy día donde se violan más los derechos humanos a la libertad y al deseo de muchos de desarrollarse con autonomía y dedicación personal; el derecho de manifestar, más que en cualquier país de América Latina. No es posible imaginarse lo inimaginable: y la injustificada e ilegal decisión del CNE de excluir a venezolanos dignos que fueron a firmar con todo su derecho por una revocatorio y fueron excluidos sin justificación alguna violando elementales principios legales y constitucionales de una forma indignamente autocrática y desvergonzada.

Un gran paro nacional sería para la historia. La historia de los venezolanos que estamos sufriendo mucho esta desgracia que nos acompaña cuando vemos viejitos y ancianos haciendo cola en las panadería de la ciudad para comprar un solo pan y después otra cola para buscar medicamentos. La violación del derecho al desarrollo –consagrado en la Carta de las Naciones Unidas– es innegable por parte del sistema político que nos gobierna, lo cual sería la causa más inmediata para justificar con vehemencia y valentía un gran paro nacional, donde el país ese día se detuviera en sus actuaciones diarias, pero sería una detención que le hablaría al mundo y especialmente a nosotros mismos de la necesidad que más no podemos esperar frente a esta autocracia que cada vez más nos aleja y nos deprime frente a la venezolanidad que hemos llevado después de 1810. Que ningún venezolano salga de su casa por un día. Que ningún venezolano deje de ser un auténtico venezolano, en fin, Venezuela en grande se fortalecería como nación con un paro que implicaría la renuncia de quienes gobiernan, debe, desde luego, provocar de forma inmediata su renuncia total y reconstruir esta Venezuela que nos ha dado tanto que hacer en estos últimos años de ignominia y autocracia. Así lo creo.