¡Todo calculado! Le hizo creer que el hijo estaba enfermo para citarla y matarla

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mayo 10
/ 2016

Las discusiones entre Licida del Carmen Abreu Muñoz (41) y su esposo, Carlos García Colina (41), eran populares entre los averiguadores de la calle 119 Dr. Vargas, del barrio Las Banderas, en la parroquia Cristo de Aranza. Cuatro detonaciones les anunciaron el fin del problema familiar.

En la casa 25-Y25, identificada en una placa como Familia Abreu Muñoz, se aglomeraron todos, se abrazaban y lloraban mientras que la Policía nacional custodiaba la calle y los detectives de la Policía científica investigaban el caso. García había asesinado a Abreu de cuatro balazos, entre la cara y el pecho, minutos más tarde los nacionales lo asesinaron al oponerse a ser esposado.

En el frente, una cuarentena de cercanos aguardaban para tratar de ver más allá de las rejas de la vivienda. Por su parte, Carlos Jesús Betancourt Abreu, hijo de Licida, contó que su madre tenía 15 días de haberse ido de la vivienda. “No aguantaba las amenazas de mi padrastro”, con quien tenía 13 años de matrimonio. En reiteradas ocasiones sacó su pistola y le decía que la iba a matar, constantemente la golpeaba.

Los ataques llevaron a Licida a buscar refugio en casa de una amiga en Santa Bárbara. Tal decisión enojó aún más a su esposo. La llamó una docena de veces. Le repetía que la encontraría y la iba a matar o sino mataría a su hijo, ya que no soportaba que su esposa lo abandonase.

Las amenazas se cumplieron por un engaño. Carlos llamó a Licida y le dijo que el menor de sus cuatro hijos, el único que procrearon juntos, estaba enfermo y que lo dejarían internado en una clínica. Betancourt explicó que si se enfermó, pero no era para tanto, “la mentira le sirvió”.

Cuando Licida regresó al barrio, ayer a las 12.45 del mediodía, revisó al niño y notó que no tenía marcas de inyecciones, ni síntomas de enfermedad. “Él mandó al hijo al fondo de la casa para que no viera lo que pasaría”, de inmediato sonaron cuatro disparos. Licida cayó al suelo y Carlos huyó de la casa.

“Mis hermanos y yo corrimos detrás de él”, la persecución se extendió unas 15 cuadras por el barrio, los vecinos se unían a atrapar al esposo homicida. Terminando esta a tan solo tres calles de la casa. Le dieron de golpes, lo amarraron y llegó la Policía nacional. Cuando lo iban a esposar lo sostenía una policía pero se les soltó, sacó su pistola y los uniformados le dispararon.

A Carlos lo llevaron a un centro de salud cercano y murió, mientras que en la casa de los Abreu Muñoz, los parientes levantaron a la víctima y la llevaron a un hospital, pero era demasiado tarde. Su deceso fue instantáneo.

LV