¡Sin tapujos! Exdiputada española explica por qué no es viable el diálogo en Venezuela

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junio 06
/ 2016

El diálogo busca cerrar la válvula constitucional y electoral del revocatorio de Maduro y desviar la presión”

Al borde de una crisis general, Venezuela está en la mira de la comunidad internacional, por lo que recientemente varias naciones del mundo han abogado para que inicie un diálogo entre el gobierno y la oposición, a fin de hallar soluciones para los problemas que aquejan al país.

Sin embargo, para la exdiputada española del Partido Popular (PP), Cayetana Álvarez de Toledo, está petición de diálogo se usa solo “para callar la boca, frenar las aspiraciones democráticas del país, busca cerrar la válvula del revocatorio de Nicolas Maduro y desviar la presión”, en estos momentos difíciles.

Así lo expresó en un artículo publicado por Fundación para el análisis y los estudios sociales (FAES), en el que concluye que la reconstrucción de Venezuela solo dependerá de la revocación completa del modelo político y económico del actual gobierno.

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Los conceptos más nobles pueden servir a los intereses más espurios. Es el caso de “diálogo”, una palabra que la política ha profanado hasta convertirla en un arma contra sí misma: se invoca el diálogo para callar la boca. Ocurrió durante las negociaciones del Gobierno socialista con la banda terrorista ETA. Cualquiera que se opusiera al diálogo era sometido a un linchamiento moral: “¿Pero cómo puedes oponerte a la paz?”. Y sucede ahora con las conversaciones patrocinadas por Unasur entre el régimen agonizante de Maduro y la valerosa oposición venezolana. El diálogo es utilizado torticeramente para frenar las aspiraciones democráticas del país. Curiosamente, o no tanto, en ambos casos aparece la sonrisa seca de José Luis Rodríguez Zapatero. El talante reincidente.

Venezuela vive momentos críticos. El pasado 6 de diciembre, millones de ciudadanos -una rotunda mayoría- plantaron cara a la represión y al chantaje, y votaron contra la dictadura y a favor de la oposición. Desde entonces, la Asamblea Nacional ha librado una dramática batalla para recuperar las bases democráticas del país: un poder Ejecutivo limitado, una justicia independiente… y una sociedad sin miedo ni hambre.

Pero el chavismo se resiste con todos los medios al alcance de un Leviatán enloquecido. Unos días es la violencia. Otros, la diplomacia, ese sombrío laberinto donde convergen el egoísmo de las naciones y la ambición de los hombres. Países vecinos y hermanos de Venezuela ignoran la insoportable realidad de políticos entre rejas, farmacias vacías y disturbios por la falta de alimentos, a cambio de asegurarse petróleo barato. La canciller argentina desmiente el noble compromiso inaugural de su presidente con los derechos humanos en Venezuela, a cambio de afianzar su carrera hacia la secretaría general de la ONU. Y el Gobierno del Nobel Obama suma su legitimidad y su potencia a las vacuas apelaciones al diálogo capitaneado por Zapatero, a cambio no se sabe muy bien de qué. The US should know better. And if it does, peor.

Los que reclaman diálogo deberían concretar: ¿diálogo para qué? ¿Para negociar los derechos de la oposición; es decir, los límites de la democracia? ¿Para negociar la apertura de un canal de ayuda humanitaria; es decir, la salud de los venezolanos? En la actual encrucijada venezolana, el diálogo no favorece la normalidad institucional ni la recuperación económica ni tampoco la paz social que los cínicos y los condescendientes oponen a la libertad; las perjudica. El diálogo busca cerrar la válvula constitucional y electoral del revocatorio de Maduro y desviar la presión. Embarrar el campo. Enfriar la calle. Entrampar a la oposición. Ganar tiempo para el chavismo. Si el calendario del revocatorio no se activa en las próximas semanas, el régimen podrá sobrevivir, al menos, hasta 2019. Y entonces ya veremos.

El líder de Voluntad Popular, Leopoldo López, lo sabe. Y por eso, después de recibir la sinuosa visita de Zapatero en prisión, ha declarado: “La democracia venezolana no se negocia”. Y: “Antes la libertad de Venezuela que la mía”. Es asombroso que, a estas alturas, el chavismo no sepa quién es Leopoldo López.

No hay tiempo ni hay margen. Todo Gobierno democrático y todo dirigente político con aspiraciones de influencia o un elemental sentido de la responsabilidad debería poner su voz y su voto al servicio del revocatorio urgente de Maduro. Y no sólo de Maduro. La reconstrucción de Venezuela va a requerir la revocación completa del modelo político y económico culpable de la hecatombe. Ese populismo de sonrisas y lágrimas.

SM