¡Sigue la angustia! Familiares desesperados buscan a mineros desaparecidos

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marzo 09
/ 2016

A los funcionarios de la Defensoría del Pueblo y al Ministerio Público les ha costado hablar con las personas que dicen haber huido la noche del viernes y la madrugada del sábado cuando, presuntamente, la banda de El Topo habría entrado a tomar el control de la mina, hasta entonces en posesión de otro grupo comandado por El Potro y El Gordo

La tarde de este lunes sobrevolaron al menos ocho lugares. Dos de los familiares que acompañaron al comandante de la Zona Operativa de Defensa Integral Número 62 Bolívar (Zodi Bolívar), Jesús Montilla Oliveros, regresaron con las manos vacías.

–“Recorrimos todo eso, Yoly, y allí ya no quedaba pero nada, ni molino, ni máquinas, ni na”, contó uno de los jóvenes a la esposa de José Gregorio Nieves, un joven de 27 años que – hasta hace una semana – trabajaba como mototaxi. “¡Esos malditos!”, sentenció.

–¿Buscaron bien? ¿Fueron a donde te dije, donde está el camino como quien va al fundo? La esposa de Nieves no paraba de hacer preguntas, pero la respuesta era la misma: “No encontramos nada”.

–Coño, llave, te estoy diciendo que allí está mi hermano. Veme las manos, yo mismo lo busqué por todos lados. Se llevaron todo.

El hermano de Nieves solo dice haber visto rastros de aceite de una camioneta que esta tarde tuvo que haber transitado por el lugar, a unas dos horas de la protesta en la troncal 10, la carretera nacional que conecta al pueblo de Tumeremo, todos los pueblos del sur, incluyendo la frontera con Brasil, con el resto de Venezuela.

Lo que siguió fue llanto. Son las mujeres las que se abrazan en la protesta que han levantado en esa angosta carretera de dos canales. Inmediatamente, a las 6:20 de la tarde, llegó uno de los voceros de la Defensoría del Pueblo, Kenny Vargas.

Agrupados a su alrededor y montados en camiones que han atravesado el lugar, la comunidad le gritaba pero, especialmente, una de las hermanas de los desaparecidos.

–¡Es verdad, vale! ¡Es verdad!, gritaba entre llanto y rabia, cuando el defensor mencionaba la palabra presunción.

Al caer la noche solo dos postes alumbran la carretera. A los lados hay algunas casas que bordean la carretera, matorrales y un barrial. Con la luz de los teléfonos los vecinos alumbran las fotos de las 17 fotografías que hay pegadas sobre un papel bond blanco, pegado a su vez al borde de un camión con barandas de madera.

mineros desaparecidos

Presión sobre presión

A la par de la desesperación de los familiares, de al menos 17 en lista, decenas de gandoleros y particulares esperan una cola. La mayoría pacientes, “porque después uno se mete con ellos y uno siempre pasa por aquí ¿me entiende?”, comenta un hombre de unos 45 años, al volante de una gandola de refrigeración.

La carretera nacional a la altura de Tumeremo, permanece trancada con palos, cauchos y camionescargados de bloques.

A metros, en el pueblo, los comercios están cerrados. De lo único que se habla es de la desaparición de vecinos y conocidos del barrio, pero no hablan de los autores de la presunta desaparición.

“Hay otras formas de presionar y no culparlos a todos”, reclamó Andrés Pérez, un conductor que con su hijo de 3 años tomado de la mano, ha decidido acercarse a preguntar si hay posibilidad de le dejen pasar.

Recibe una respuesta rápida: “De gracias a Dios que tiene a sus familiares vivos. Y como venezolanos todos deberían apoyarnos en vez de andar quejándose como camión de cochinos. Usted tiene 12 horas en la tranca, nosotros desde el viernes no vemos a nuestros familiares”, respondió la tía de Cristóbal Heredia, una de las manifestantes.

“Los que han logrado salir ni hablan. Dicen que se escaparon del infierno. Hombres orinados, aterrorizados”, insiste, “así que deje de quejarse y agradezca que tiene a su hijo sano, yo lo veo sano. Nosotros no”, y se le quiebra la voz.

Pide disculpas a los que están en la cola, “pero es lo que estamos reclamando son los cuerpos, entendemos que tienen razones, pero los hijos de ellos están sanos, nosotros no sabemos dónde están los de nosotros”.

“Yo tengo 30 años viviendo en este pueblo y nos conocemos. Confiamos en la gente que ha salido aterrorizada, que tienen miedo (…) Aquí no hay todos delincuentes, familias, gente trabajadora, esto es un pueblo trabajador”.

El silencio y la desconfianza

A la Defensoría del Pueblo y al Ministerio Público les ha costado hablar con las personas que dicen haber huido la noche del viernes y la madrugada del sábado cuando, presuntamente, la banda de El Topo habría entrado a tomar el control de la mina, hasta entonces en posesión de otro grupo comandado por El Potro y El Gordo.

Estos últimos hombres que – dicen los mineros – tenían además el control de Caratal y la mina Tommi, parte la estatal CVG Minerven.

–Es que mire, general, uno da una lista y después aparecen allá, y llaman a uno a uno, le dice el padre de uno de los desaparecidos a Montilla, y al comandante del Destacamento.

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Se apagan las velas

Sobre un camión guindaron una bandera de cinco metros y debajo una cartulina blanca con las fotos de los desaparecidos.

Sobre el asfalto, han colocado una docena de flores y cuatro velas encendidas.

De vez en vez traen agua y café. Vecinos cocinaron arroz con caraotas que sirven en platos de plástico.

A 10 metros, cristianos de la organización el Evangelio Cambia cocinaron una sopa para las familias y los atrapados en la cola.

Tres decenas de efectivos de la Guardia Nacional deambulan por la zona. No hacen presión pero cada media hora piden que se abra el paso. Los protestantes no ceden.

TC