¿Qué significa para el Gobierno la suspensión de Dilma en Brasil?

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mayo 12
/ 2016

La suspensión por al menos seis meses de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, supondrá un verdadero golpe de timón en la geopolítica regional, que separará al país del bloque “bolivariano” al que estuvo alineado en los últimos trece años.

Tras la decisión del Senado de someter a Rousseff a un juicio político con miras a su destitución, el vicepresidente, Michel Temer, gobernará Brasil durante los próximos meses y tal vez hasta el 1 de enero de 2019, si la mandataria finalmente pierde su cargo. A diferencia de Rousseff y su padrino político y antecesor, Luiz Inácio Lula da Silva, que han coqueteado con la izquierda regional, a Temer le guía un pensamiento conservador y antagónico de los movimientos que se identifican como “bolivarianos”.

Una pauta sobre lo que se puede esperar en la política exterior de Brasil a partir de ahora la dio el senador Romero Jucá, presidente del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que lidera Temer. Según dijo Juca en un reciente encuentro con corresponsales extranjeros, sólo los gobiernos del arco “bolivariano” creen que en Brasil ha habido un “golpe de Estado”, como sostiene Rousseff.

“Los pocos aliados que le quedan a Rousseff son en su mayoría del bloque bolivariano, que está en decadencia”, declaró Jucá, un hombre del entorno íntimo del ahora presidente interino de Brasil. El senador no ocultó su disgusto, compartido por Temer, con el hecho de que la versión de Rousseff sobre el supuesto “golpe” haya sido aceptada por Venezuela, Ecuador y Bolivia.

“A Rousseff le quedan (Nicolás) Maduro, que no consigue hablar ni en Venezuela; (Rafael) Correa, que tiene sus problemas en Ecuador y no es el mejor ejemplo de democracia; y Evo Morales, que acaba de perder el referendo” sobre la posibilidad de que fuera reelegido para un nuevo mandato en Bolivia, declaró.

Jucá agregó entre las “fidelidades” que mantiene Rousseff a la exmandataria argentina Cristina Fernández, pero aclaró que “ya no es presidenta de nada”, por lo que “tampoco importa”. En contrapartida, elogió al conservador Mauricio Macri, con quien dijo que Temer podrá “reconstruir” en términos más pragmáticos las relaciones con Argentina, que a su juicio estuvieron contaminadas por la “ideología” en los tiempos de Lula, Rousseff y Fernández.

Jucá también descartó la posibilidad de que organismos regionales como el Mercosur o la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) se planteen sancionar a Brasil por el proceso a Rousseff. De hecho, en el Mercosur ha habido hasta ahora un cierto silencio sobre la situación de Brasil, roto por declaraciones de algunos de los miembros “bolivarianos” del Parlamento del bloque.

El expresidente colombiano Ernesto Samper, secretario general de la Unasur, sí ha quebrado lanzas por Rousseff y ha dicho que “sería muy doloroso aceptar que mayorías conformadas por bancadas destituyan a una presidenta elegida popularmente”. El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) y excanciller uruguayo, Luis Almagro, también se ha mostrado activo en la defensa de Rousseff y esta semana en Brasilia reiteró que, en su opinión personal, no hay “indicios de crímenes de responsabilidad y mucho menos de certezas” contra la mandataria.

Un previsible endurecimiento de las relaciones con Venezuela por parte del Gobierno que a partir de ahora encabezará Temer pudiera hasta complicar la situación de Maduro ante el referendo que la oposición pretende convocar este mismo año para revocar el mandato del heredero del fallecido Hugo Chávez.

EC