Si no actuamos hoy no tendremos futuro ; Por Gustavo Coronel

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mayo 30
/ 2016

¿Podremos ser algún día un país civilizado, de ciudadanos orgullosos de sus logros cívicos, con instituciones estables y modernas, manejadas por gente honesta y competente? No lo sé y nunca conoceré la respuesta a esta pregunta fundamental. Muchos moriremos viendo al país en caos o, en el mejor de los casos, tratando de recuperar trabajosamente todo lo perdido en este siglo XXI.

¿Y que hemos perdido? Nuestras riquezas y nuestra dignidad, es decir, el cuerpo y el alma, dos cosas que lo son todo.

El país que tendremos no podrá crearse de la nada, sino partiendo del país que somos hoy, de esta pavorosa realidad imposible de ocultar así nos avergüence. Un alto porcentaje de nuestra población ha sido prostituida y embrutecida durante los últimos 17 años, convertida en una inmensa masa de pedigüeños improductivos por el gobierno de Chávez y de Maduro. Este crimen es doble. Por un lado se ha creado una legión de pobres seres dependientes del estado para su sobrevivencia, a quienes se les exige apoyar al gobierno, la clásica relación simbiótica entre un anfitrión pervertido y un huésped indefenso. Ese crimen ha conducido a la situación actual, en la cual el país está paralizado, inerte, ante un gobierno inepto y corrupto y con una gran masa poblacional que espera, con infinita paciencia, su limosna. Pero más allá de este crimen hay otro crimen igualmente horroroso. Se trata de que, al salir este régimen miserable del poder, dejará un legado de millones de venezolanos dependientes del estado demagógico, acostumbrados a recibir una limosna a cambio de su lealtad política. Hoy en día Venezuela tiene una pesada carga de pueblo pasivo, indiferente y dispuesto a esperarlo todo del estado, carga que representa un obstáculo enorme para quienes tendrán la tarea de su recuperación.

Si esta es la situación, ¿cuál debe ser nuestra acción hoy? Ante Venezuela se presentan varias alternativas, todas las cuales tendrán efecto sobre la Venezuela de nuestros hijos y nietos. Por ello, no será suficiente con decidirnos por una solución a corto plazo sino que será necesario establecer el camino que nos llevará a una Venezuela de la cual podamos sentirnos orgullosos.

Y es con los ojos puestos en un futuro que debemos analizar las alternativas que hoy tenemos sobre la mesa:

(1) El Referendo Revocatorio, un proceso constitucional. Con su aplicación podremos salir del régimen si se hace este año, o solo salir de Maduro si se hace el año próximo;

(2) El rechazo ya, de los ciudadanos venezolanos contra un presidente ilegítimo, por haber nacido en Colombia y una inmediata resolución de la Asamblea Nacional en base a la cual se pida su remoción y elecciones presidenciales ya, lo cul sería una postura enteramente constitucional;

(3), Un diálogo y negociación política entre la oposición y el gobierno, a fin de acelerar una transición gubernamental en lo posible, la cual, inevitablemente, deberá incluir concesiones mutuas y tomaría un largo tiempo;

(4), Una rebelión cívica abierta, en la cual los venezolanos se vayan a la calle, declarando huelgas parciales o generales, y se sienten de brazos caídos en las calles y avenidas del país, a fin de que el régimen se vaya, lo cual equivale a una confrontación abierta, sin violencia de los manifestantes, alternativa también totalmente encuadrada dentro de la constitución.

Estas son, a grandes rasgos, las cuatro alternativas que se nos abren en Venezuela. Con excepción de la número tres, el diálogo y la negociación, no tengo objeciones a ninguna de las otras tres, ya que todas son válidas y constitucionales. Me opongo al diálogo y a la negociación porque quienes lo promueven directamente están motivados por una estrategia de demorar la solución venezolana y de buscar una salida favorable al régimen y a la pandilla que lo maneja. No tengo dudas de que Samper y sus amigos en UNASUR están jugando a favor del régimen. Si logran sentar a la oposición venezolana en una mesa de negociación, podremos olvidar las otras alternativas, porque serán demoradas hasta que el régimen logre su objetivo de permanecer en el poder. Samper es un corrupto, una ficha de Maduro pero no podemos sub-estimarlo, ya que logró enredar hasta al Papa en este esquema. El diálogo es estratégicamente indeseable y moralmente inaceptable para los opositores honestos.

Si eliminamos el diálogo como alternativa nos quedan tres alternativas que son perfectamente compatibles y se refuerzan mutuamente, ninguna excluye a la otra. Aplicarlas es tanto estratégicamente deseable como imperativo, desde el punto de vista constitucional y moral. Ya sabemos que Maduro es colombiano y que ha cometido un gran fraude para llegar a la presidencia. En conciencia, los venezolanos estamos obligados a actuar sobre este convencimiento. El corrupto Tribunal Supremo de Justicia acaba de promulgar una sentencia absurda sobre dobles nacionalidades que está diseñada para escudar al ilegítimo de una acusación sobre su fraude. Pero hay que ir a esa confrontación pues la Asamblea Nacional, ya enterada de esta circunstancia, debe actuar como lo exige la Constitución.

¿Por qué abogo por una rebelión cívica abierta?

Como he dicho arriba la tragedia venezolana no es solo material sino espiritual. El crimen que ha cometido el chavismo no solo ha arruinado al país sino que ha prostituido una gran porción de nuestro pueblo. Por ello, la salida del régimen no resuelve el terrible problema de un futuro venezolano donde una parte de la población venezolana deberá cargar sobre sus hombros una gran improductiva, sin jerarquía ciudadana, la cual impone deberes y derechos. El país necesita desesperadamente una sacudida espiritual, un gesto que diga claramente a los venezolanos que el país no está de acuerdo con el embrutecimiento llevado a cabo por el chavismo de buena parte de la sociedad venezolana. Es preciso rechazar vigorosamente al régimen que nos ha arruinado durante 17 años. Ese rechazo debe expresarse en términos de una rebelión cívica, no en términos de negociaciones con la pandilla corrupta. Todos los venezolanos deben oír el estruendo de nuestra protesta. El mundo entero deberá oír el estruendo de nuestra protesta. Solo así podremos poner un punto y aparte a la tragedia venezolana, no un simple punto y seguido o, peor, una débil coma. A través de la protesta masiva podremos recuperar la dignidad que está hoy por el suelo.

¿Por qué considero la rebelión cívica indispensable?

Porque Venezuela debe regresar al mundo civilizado, a la comunidad de naciones que sienten orgullo de su nacionalidad, que poseen una masa crítica de ciudadanos conscientes de sus derechos y sus deberes, porque permanecer arrodillados esperando una limosna no puede convertirnos en un país donde valga la pena vivir. Por supuesto, yo entiendo que una rebelión no se puede decretar pero si pienso que el liderazgo venezolano puede y debe promoverla, si reflexiona no solo sobre el presente y el corto plazo sino en nuestro más largo plazo. No podemos permitir que el legado que herede la Venezuela del futuro sea la legión de limosneros que nos dejó el chavismo. Es necesario ponerse de pie para decir que los venezolanos somos gente trabajadora y socialmente solidaria, que, no nos sentamos a esperar que nos den una dádiva. Esa es la lección que debemos dar los venezolanos de hoy y que nos liberará del horrible legado de embrutecimiento colectivo y de sumisión que nos está dejando el chavismo que agoniza.