¡Sale a la luz! El método “secreto” de la CIA para descubrir extraterrestres en los 50

A- A A+
enero 29
/ 2016

A pesar de que, en la actualidad, pueda parecernos algo más propio de las películas que de la vida real, lo cierto es que a partir de los años 40 se vivió en Estados Unidos cierta fiebre provocada por el mundo extraterrestre. Y no solo fomentada por los ciudadanos, sino también por la Agencia Central de Inteligencia (la CIA). Así lo demuestra el que esta institución crease en 1947 una división concreta para investigar los presuntos avistamientos de ovnis y «marcianos» en todo el territorio ocupado por la bandera norteamericana. El proyecto fue conocido por entonces como «Libro Azul» y, además de extenderse hasta principios de los 70, estuvo a cargo de averiguar si las decenas de incidencias supuestamente sobrenaturales que se abrían a diario (12.618 en total) podían esconder algo de realidad.

Con semejante unidad, no es extraño que Estados Unidos haya acumulado decenas y decenas de informes, declaraciones y fotografías sobre estos avistamientos. Y tampoco es raro que, debido a la ingente cantidad de casos de los que se ocupaban, los agentes idearan un sistema para investigar lo sucedido. Pues bien. Ahora, casi medio siglo después de que esta sección se cerrase, la CIA acaba de dar a conocer el método que utilizaban desde la Guerra Fría para tratar de resolver las presuntas apariciones de ovnis y extraterrestres. La explicación del curioso procedimiento, que consta de 10 pasos claramente diferenciados, ha sido acompañado además por la desclasificación de multitud de imágenes relacionadas.

El sistema para descubrir extraterrestres:

1-Establecer un grupo para investigar el presunto avistamiento.

Antes de diciembre de 1947 (fecha en la que se creó el embrión del futuro proyecto «Libro Azul») no había ninguna organización encargada de investigar los avistamientos. Por descontado, tampoco había normas sobre la forma en que procesar los informes que llegaban hasta la CIA. Por ello, el general Nathan Twining creó este proyecto en 1948 y calificó a los objetos voladores no identificados como un problema de seguridad nacional. Los agentes fueron seleccionados cuidadosamente y, en base a sus cualidades, eran enviados a los diferentes casos.

2-Determinar los objetivos de la investigación.

Como la mayoría de funcionarios del proyecto nunca creyeron que los avistamientos fuesen extraterrestres (sino objetos voladores que podían provenir de otros países como la U.R.S.S.), se establecieron tres objetivos principales a la hora de resolver un caso:

-Saber si el ovni representaba una amenaza para la seguridad de los EE.UU.

-Determinar si el ovni estaba avanzado tecnológicamente y si esta podía ser utilizada por norteamérica.

-Explicar cómo se había producido el avistamiento y los estímulos que llevaban al observador a identificar el objeto como un ovni.

3-Consultar a expertos.

Además de sufragar los gastos de presuntos inventos que ayudaban a detectar ovnis, esta sección de la CIA consultaba con frecuencia a astrofísicos, expertos en tecnología militar, pilotos y académicos de todo tipo. Tampoco faltaban las llamadas a la oficina meteorológica de los EE.UU, al Centro Nacional de Investigación Atmosférica y a la NASA.

4-Organizar y clasificar el caso.

Para clasificar el suceso, la CIA elaboró (con la ayuda del Área Técnica de la Fuerza Aérea de los EE.UU.) varios cuestionarios genéricos para ser entregados a aquellas personas que hubiesen visto el ovni. Estos ayudaban a establecer los fenómenos naturales (o artificiales, como el repostaje de un avión) que podrían haberles dado la sensación de ver algo extraño. La duración de la observación, la fecha, la hora, el lugar, la posición en el cielo, las condiciones climáticas, y la forma de la aparición eran claves esenciales para los investigadores que evaluaron los avistamientos.

5-Acercarse a los «falsos positivos».

Eliminar cada una de las causas conocidas y probables que hubiesen podido provocar la presunta aparición de un ovni. Al descartar explicaciones comunes, los investigadores podían centrarse en los casos verdaderamente misteriosos. Algunas de estas «explicaciones» incluyeron aviones mal identificados (algunos como los U2, A12 o SR71), trucos publicitarios y fenómenos celestiales.

6-Identificar posibles misiones secretas en el cielo.

Por entonces era habitual que se llevaran a cabo pruebas de armas secretas en el cielo, así como misiones de entrenamiento de algunos cuerpos militares. Si, después de eliminar los falsos positivos, el misterio seguía, tenían que asegurarse de que el cielo había estado «libre» en la jornada del avistamiento. Además, los agentes tomaban todos los datos de los supuestos platillos volantes para ofrecerlos luego a la CIA (por si coincidían con algún proyecto secreto).

7-Examinar la documentación que pueda ofrecer el testigo.

Desde fotografías, hasta vídeos o grabaciones de audio. Cualquier cosa valía.

8-Llevar a cabo experimentos controlados.

Entre otras cosas, los agentes trataban de reproducir los fenómenos desconocidos de los que habían sido informados en el laboratorio para tratar de averiguar su origen.

9-Recopilar pruebas y evidencias forenses.

Una vez que todo lo demás fallaba, los agentes de la CIA se encargaban de «recoger todo aquello humanamente posible que pudiera ser verificado y comprobado». Estas pruebas eran enviadas al Laboratorio de Materiales de la Fuerza Aérea, donde eran analizadas su radiación y su composición.

10-Educar a los agentes.

Aunque no es estrictamente un paso, la CIA siempre le dio importancia a educar a sus agentes -así como a los militares y policías- para que supieran identificar objetos que, comúnmente, eran asociados con ovnis. Así pues, se llevaron a cabo pruebas entre el personal en las que se les obligaba a aprender la forma que tenían objetos como globos aerostáticos vistos en plena noche y con fuentes de luz determinadas.

Al saber cómo reconocer correctamente los objetos que eran comúnmente confundidos con ovnis, los investigadores podrían eliminar rápidamente los informes falsos y centrarse en la identificación de los avistamientos que se mantenían sin explicación.