Preso político revela las torturas que vivió en la cárcel de Uribana

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marzo 24
/ 2016

El preso político Alexander Tirado envió una carta en la que detalló las torturas a las que fue sometido durante el tiempo que estuvo recluido en Uribana, estado Lara.

Tirado, junto al hijo del general Raúl Baduel, fueron detenidos en marzo de 2014 en San Jacinto, Aragua, cuando se encontraban protestando y fueron acusados por los delitos de agavillamiento, instigación a delinquir e intimidación pública.

Raúl Emilio Baduel es hijo del ex ministro de Defensa durante el gobierno de Hugo Chávez, general Raúl Emilio Baduel, quien se encuentra preso en la cárcel militar de Ramo Verde acusado de corrupción.

A continuación la mísiva completa:

La crueldad excesiva de Uribana

A dos años de mi injusta detención no me queda más que escribirles parte del secuestro del cual Raúl Emilio Baduel y yo somos víctimas por parte del régimen dictatorial, narcotraficante, violador de DDHH que esta instaurado en Venezuela.

Fue el 21 de marzo del año 2014 a eso de las 6pm que esta historia comenzó: Nos encontrábamos en la Av. Bolívar de Maracay a la altura del parque de ferias de San Jacinto protestando de manera no violenta contra la represión ciudadana y la violencia generada por el Gobierno en esos días.

La actividad consistía en realizar una cadena humana con los colores de la bandera. Había personas vestidas con franelas amarillas, azul y rojas, todos organizados en la acera frente al Parque de Ferias de San Jacinto. Las personas en las manos tenían pancartas, pitos y algunos cruces de madera, yo llevaba un megáfono, como de costumbre.

Pasadas las 6:00 pm, comisiones de la Policía de Aragua a la orden del comandante de la brigada motorizada, Joe Rebolledo y la brigada especial nos rodearon, un efectivo policial se acercó de forma agresiva y me dijo: “Gato vengo por ti, tu dijiste que si te íbamos a detener no ibas a poner resistencia”. Le pregunté por qué motivo sería detenido si no estaba haciendo nada contrario a la ley, pero en ese momento, otros policías se acercaron, llegó una camioneta y la agresividad de los agentes hacia los manifestantes empezó a exacerbarse. Les pedí que no agredieran más a la gente, que si venían por mí yo les colaboraría pero que dejaran de agredir a las personas y me monte en la camioneta. El comisario Carlos Díaz me dijo: “Tranquilo hijo yo no voy a permitir que nada malo te pase”, y la verdad confíe en él, lamentablemente faltó a su palabra de varón, espero algún día poder conversar con él y realizarle algunas preguntas.

A los minutos estaba en la Comandancia General de la Policía de Aragua junto a un joven de nombre Ángel, entró Joe Rebolledo y al verme me dijo: “tranquilo que en un rato te vas”. Minutos después trajeron a Raúl Emilio y otras tres muchachas, Débora, Patricia y Virginia. Llegaron unos CICPC de la Dirección de Homicidio entre los cuales estaba un vecino mío, queriendo tomar nuestras huellas, lo cual nos causó suspicacia.

Uno de los policías de la dirección de inteligencia nos dijo: “Esta mariquera que los agarramos y siempre los tenemos que soltar porque no han cometido delito se va a acabar, porque les vamos a hacer unas actuaciones bien buenas para que pasen dos meses en Alayón”. A Raúl y a mí nos metieron en un tigrito bien pequeño y maloliente mientras en la oficina de al lado escribían sin parar. Esa noche comentamos: “bueno lo más probable estaremos aquí un par de días hasta que nos presenten o como máximo 45 días, si se ponen muy creativos, porque no hemos hecho nada malo”.

“Las tres marías”

A la mañana siguiente nos trasladaron a todos al CICPC para hacer una reseña y luego presentarnos en los tribunales, cuando llegamos a los sótanos del Palacio de Justicia de Aragua subieron al joven, luego a las chicas y mucho más tarde a nosotros. En ese momento nos enteramos de los supuestos delitos y aunque nos imputaron las acostumbradas “tres Marías” que a todos les achacaban por esos días, que son: intimidación, instigación y agavillamiento, nos dictaron privativa de libertad en Tocorón.

Fuimos trasladados a Alayón, bien recibido por los privados de libertad aunque en un lugar infrahumano a causa del hacinamiento en el lugar, a los 22 días nos llamaron en la madrugada porque supuestamente nos entrevistaría una fiscal y al salir, nos encontramos a unos policías de Aragua fuertemente armados quienes nos revisaron, nos esposaron y nos lanzaron a la maleta de una camioneta sin saber qué rumbo tomaría aquel vehículo.

Amanecíamos en un nefasto lugar llamado Uribana, muy sonado por estos días por cierto. Apenas llegamos fuimos recibidos a golpes, mientras estábamos esposados por un teniente al cual se le leía en el porta nombre, S. Leal, luego nos pasaron a un lugar donde hacen las reseñas, te raspan el cabello, te quitan la ropa y te entregan un uniforme amarillo.

Luego que llegó el director de aquel lugar de apellido Santos y conversar con nosotros unos minutos, bajo la amenaza de un custodio de caernos a golpe con un bate, nos mandaron al área de aislamiento, que no es más que una celda de 3×2 donde 2×2 era el espacio para dormir y el otro 1×1 era el baño. La primera semana compartimos con 7 personas, la segunda totalmente solos, cada uno en celdas distintas, y la tercera semana con 17 personas en ese 3×2, sin comunicación con el mundo exterior, poca comida, 10 minutos de agua al día, con cañerías desbordadas, bolsas plásticas llenas de insecticidas, gas lacrimógeno cada vez que se acordaban que existíamos, y un terror inmenso al escuchar que se abría la puerta principal, porque no sabíamos cuál de las puertas abrirían para que los custodios descargar sus ganas de agredir personas. En esos días éramos solo unos guiñapos a merced de quien cargara las tablas, el gas y las escopetas.

Cuando escuchaba el dolor de cualquier privado de libertad al momento de ser golpeado, sentía como si era conmigo cada golpe, cada agresión. Una de esas noches les confieso que limpie el alma hablando con Dios, no hay nada mejor para limpiar el alma, la mente y el corazón que las lágrimas de un hombre inocente. Si lloré, lloré bastante pensé muchísimo en mi madre y mi padre esa noche, les pedí que me protegieran desde el cielo y que me dieran fuerzas para afrontar lo que me quedaba por vivir.

A los 22 días nos sacaron de ese lugar y nos llevaron a un sector controlado por el GRIC junto a “Armandito”, un joven procesado por múltiples homicidios, el señor Boris y Gerardo, quienes eran casos políticos también, antes de ingresar al módulo quisieron que gritáramos consignas del régimen mientras nos obligaban a no levantar la cara, para que no los viéramos. Lógico que me negué a gritar y recibí una patada en las costillas. Luego, me dijeron que corriera a la entrada, anotaron mis datos y me enviaron a una celda.

Humillaciones

Para hacer más corto el relato, les contaré que una noche nos sacaron de la celda a punta de gritos unas personas vestidas de negro, uno de ellos nos apuntaba a la cabeza con un arma sin nosotros saber motivos, nos pidieron nos desnudáramos y uno de ellos al decirme voltéate, me ha dado el golpe más fuerte que he recibido en mi vida, cuando me fui a voltear, me pusieron nuevamente el arma en la cara. No sabía qué hacer en tal estado de indefensión, creo que mi mirada quemaba ese día. Los custodios decidieron irse y nos pidieron corriéramos a la celda, al día siguiente iniciamos una huelga para poder tener una llamada y de esa manera informar a los abogados del horror que estábamos pasando.

Hicimos de todo para ser trasladados a los tribunales y lo logramos, al llegar a la audiencia y tocarme el derecho de palabra, desnudé mis glúteos para mostrar los golpes y solicitar ser trasladado de ese lugar, pero la indolencia se hizo presente.

Una y otra audiencia transcurrieron, cada día más deteriorados, en una audiencia alertamos de que se sentía en el ambiente de Uribana que ese lugar iba a implosionar y solicitamos nuevamente ayuda para ser trasladado de ese lugar, la ayuda nunca llegó. Más bien todo lo contrario, porque llegó un personaje que se autodenominaba “el diablo”, y no era más que el Director para ese momento, que lleva por nombre, Julio Cesar Pérez, quien ordenó vejaciones, tratos crueles e inhumanos contra los privados de libertad, ordenando acciones en las cuales hasta los genitales nos quemaron. En solo en tres días volvió aquel lugar el propio infierno. Hasta el día de hoy, no sé cuántos muertos o heridos hubo, eso fue en noviembre de 2014, pero no fueron nada fáciles esos días, gracias a Dios pudimos salir de ese lugar.

“Se cometieron delitos”

Ya estamos en un sitio donde se nos respeta la integridad, pero seguimos igualmente secuestrados por la decisión de la juez 2da de juicio de Aragua, Iris Araujo Francés, quien en su sentencia de condenatoria expresa: “considero que se cometieron unos delitos”, porque a mí, me fue incautado un elemento de interés criminalístico: Un Megáfono, por lo cual decidió condenarme a ocho años de prisión, y para mi hermano, Raúl Emilio, los mismos ochos años por habérsele incautado unos palos de madera en forma de cruz, que decían las palabras: “No más balas. Paz”. Vale la pena aclarar que ese megáfono por el cual me condenaron, no aparece en las incautaciones que supuestamente realizó la PA.

Luego de huelgas de hambre y un sin fin de recursos implementados para salir de esta injusta prisión, se realizó una audiencia de apelación sin nuestra presencia porque jamás fuimos trasladados al tribunal, justificándose en una falsa contumacia que nunca existió. Realizaron una audiencia de apelación ratificando la sentencia en primera instancia, en esa ocasión, siendo el verdugo, Juan Luis Ibarra, quien luego fue premiado con la Sala de Casación Penal entre los magistrados exprés electos por la extinta AN, en diciembre pasado, quien además nos inhabilitó políticamente de forma arbitraria para que no pudiéramos ser electos diputados en las pasadas elecciones.

Pido disculpas porque el relato se me hizo un poco largo y son muchas las cosas que me quedan por contarles, todas hasta en el más mínimo detalle, las narraré en el libro que bautizaré próximamente, valga la publicidad.

Pero no quiero despedirme de ustedes sin antes reafirmarles mi convicción de lucha al saber que estoy del lado correcto de la historia. Cada día más fortalecido en alma, mente y espíritu y no quiero despedirme de ustedes, sin antes decirte Venezuela que te amo inmensamente y si para poder hacerte libre tengo que dejar hasta mi última gota de sangre en esta lucha, lo voy a hacer porque eres la más hermosa nación que Dios ha creado en la tierra.

Agradecimientos: Me conmovió la cantidad de gente que asistió al evento por la liberación de los presos políticos, por el regreso de los exiliados y por el cese a la persecución de la disidencia que se celebró en el marco de nuestros dos años de injusta prisión en Maracay. Diputados de la Asamblea Nacional y del Consejo Legislativo, líderes de todos los partidos políticos regionales, amigos, alcaldes, concejales, compañeros de causa, familiares y mi amado Bravo Pueblo de Aragua acudieron masivamente a la Cancha de Base Aragua y participaron en este evento. Los quisiera nombrar a todos pero pecaría si alguno se me pasa, así que no me queda nada más que darles las gracias a todos por el apoyo, por la difusión, por la asistencia, por la colaboración, por la solidaridad no sólo para la realización de este evento, si no a lo largo de estos dos años de injusta prisión. Sigo esperanzado en ustedes y en el resurgir de esta patria. Dios nos bendiga a todos.

Desde las mazmorras de la dictadura, sigo soñando con la mejor Venezuela, esa Venezuela de Paz, Bienestar y Progreso que todos queremos y donde todos los derechos sean para todas las personas. Me despido de ustedes lleno de muchísima fuerza y fe. Amanecerá y veremos. Nos leemos!

Alexander Tirado / @ElGatodeAragua

Preso Político desde 21-03-2014

Condenado a 8 años de prisión por protestar pacíficamente con un megáfono

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