¿Por qué cada vez más judíos están regresando a Israel?

A- A A+
febrero 29
/ 2016

El antisemitismo, ataques terroristas, inseguridad e incluso la economía han empujado a miles de judíos a trasladarse a Israel, el lugar histórico del nacimiento de su pueblo. El éxodo lo encabezan los países de la ex Unión Soviética y de Europa Occidental.

“Israel es su hogar”, dijo a los judíos en Europa el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, hace poco más de un año, tras los ataques en París contra el semanario satírico “Charlie Hebdo” y el supermercado ko-sher Hyper Cacher, donde murieron cuatro judíos.

“El lugar de los franceses judíos es Francia”, replicó entonces el Gobierno galo, que, en la voz del primer ministro Manuel Valls, afirmó que su país estaba herido, como ellos, y no quería que se marchen.

¿Cuál fue la respuesta? De acuerdo a los datos del Ministerio de la Inmigración y la Absorción de Inmigrantes y de la Agencia Judía, 29.500 inmigrantes judíos llegaron a Israel en el 2015, lo que representa un aumento del 13% respecto al 2014 y un récord para los últimos 15 años.

El óptico francés Gad Elbaz, de 28 años, espera sumarse pronto a los ciudadanos que han hecho el ‘aliyá’, como se conoce al regreso de los judíos a la considerada tierra prometida. “Hay verdadera inseguridad en Francia, por eso nos estamos marchando poco a poco”, dijo hace unas semanas a la agencia EFE.

Francia es el país europeo que aportó más ciudadanos a la ‘aliyá’ el año que pasó. De hecho, de los 9.880 judíos que llegaron a Israel de ese continente, 7.350 lo hicieron desde el país galo. Un duro golpe para la nación con la mayor comunidad judía de Europa.

Europa Occidental, además, es la zona desde donde la migración a Israel alcanzó su máximo histórico en el 2015.

¿Amenaza antisemita?

Las palabras de Elbaz sobre la inseguridad en Francia llegaron poco después de que se registrara una agresión antisemita en Marsella. El 11 de enero de este año, un turco de 15 años radicalizado con propaganda del grupo yihadista Estado Islámico atacó con un machete a un profesor que portaba una kipá, el pequeño gorro que usan los varones judíos.

El episodio abrió un intenso debate entre los judíos que, como Elbaz, abogaron por no usar la prenda típica de su religión en lugares públicos, y los que afirmaban que dejar de vestirla era sinónimo de derrotismo.

A fines de enero, con motivo del aniversario 71 de la liberación del campo de concentración de Auschwitz, símbolo del exterminio judío causado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, la representante de la Unión Europea (UE) Federica Mogherini afirmó que se debe “reconocer que más de 70 años después del Holocausto, el antisemitismo sigue vivo en nuestra ‘civilizada’ UE”.

Las últimas cifras disponibles del Centro Kantor para el Estudio del Judaísmo Europeo Contemporáneo de la Universidad de Tel Aviv revelaron un total de 766 ataques antisemitas en el 2014, frente a los 554 del 2013 (la mayoría de casos en Francia), una tendencia que aumentó en el 2015, según diferentes centros que monitorean este tipo de ataques.

¿El incremento de la ‘aliyá’ se debe entonces a una mayor amenaza antisemita?

El director de Relaciones Públicas y Comunicaciones de la Agencia Judía para Israel, Yigal Palmor, dijo a El Comercio que “es imposible citar un solo factor para explicar la migración a Israel. En el caso de Francia, el aumento de la presión en aspectos como la economía, el sentimiento de inseguridad y el antisemitismo han hecho que más judíos que nunca elijan a Israel como su opción”.

En Ucrania y Rusia, los países que más ciudadanos aportaron a la ‘aliyá’ después de Francia, el antisemitismo no fue el factor determinante. “La guerra en Ucrania y las dificultades en Rusia tras las sanciones económicas han empujado a los judíos a optar por Israel”, explica Palmor. “Los judíos de EE.UU. lo justifican, en cambio, por una conexión cultural y religiosa”.

Palmor dice que se debe distinguir entre las situaciones donde las comunidades judías no están seguras debido a las políticas del Gobierno –como en países como Siria, Yemen, Libia, Iraq–, y los riesgos que representan los delincuentes y terroristas en los países occidentales. “No se puede decir que el pueblo judío esté amenazado”, afirma.

Nueva vida

“Aquí hay una sensación de seguridad que ya no existe en Francia. Tal vez hace veinte años sí, pero desde el 2000 ya no”, dijo a CNN Dov Cohen, un judío francés que salió de Marsella rumbo a Israel en el 2015.

Aunque el emigrar no deja de tener desafíos, como el aprendizaje del idioma hebreo o las costumbres diferentes, la ciudad de Natania –que junto con Tel Aviv y Jerusalén lidera la absorción de inmigrantes– es la prueba de que el vínculo con el país de nacimiento no se pierde. Ahí, pastelerías y peluquerías francesas se han ganado su propio lugar.

Bajo la Ley de Retorno, los judíos que migran a Israel tienen derecho a la ciudadanía y a un paquete de beneficios, como un proceso acelerado de acceso a las tarjetas de identificación, cursos de hebreo, la inserción al mercado laboral, así como préstamos para estudios, negocios y vivienda.

Palmor hace énfasis en que a lo largo de sus 68 años de historia como país, “Israel ha sido visto como un lugar de refugio para los judíos y una tierra histórica que acoge a cualquier judío que quiera regresar”. Al final del día cada persona es libre de buscar su propia tierra prometida.

 

 

EC