Oposición o muerte… ; Por Gustavo Tovar-Arroyo

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abril 06
/ 2016

Los buenos políticos

La política es ingrata. El sacrificio de un político -quien, en su estado ideal, es un soñador de bienestar y prosperidad nacional, un idealista- es incomprendido.

Su vocación más gentil -la del político- es la de “servir” al pueblo, que por lo general no queda satisfecho, se queja, menta madres, vota con resentimiento por un loco asesino como Chávez, se arrepiente, vuelve a mentar madres, pero ya es tarde, el país está arruinado.

Contar con buenos políticos, honestos, serios, emprendedores y dedicados a servir al prójimo sin ánimo de enriquecerse ilícitamente, sin intención de perpetuarse en el poder, ni arruinando despelotadamente todo a su paso (como los chavistas), es casi un privilegio.

En Venezuela ha emergido una nueva generación del tipo de político honesto, serio, dedicado a servir, visionario, que no busca su propio beneficio sino el interés nacional. María Corina Machado, Freddy Guevara, Leopoldo López, Carlos Ocariz o Ramón Muchacho son algunos ejemplos.

Hablemos de Ramón Muchacho.

La quema

Al margen de las diferencias políticas que podamos tener con Muchacho (por ejemplo, su alianza con Rodríguez Torres cuando este perseguía, encarcelaba y asesinaba opositores) o con su gestión, no podemos desconocerle los méritos que tiene como ser humano.

Muchacho es un hombre honesto, de carácter noble, muy trabajador, buen servidor público y excelente padre (lo conozco en ese sentido).

Es un privilegio -insisto, pese a las diferencias políticas- que una persona con sus características personales y profesionales esté haciendo política en Venezuela. A diferencia de los chavistas, Muchacho es un hombre decente que aspira a una mejor Venezuela y trabaja -se sacrifica- para lograrla. Pese a aciertos y desaciertos, es un hombre de bien que ha ofrecido y dedicado su vida al progreso del país desde la política.

En estos días cuando una manifestación crítica de la oposición quemó su imagen y vació los despojos del incendio en la puerta de su casa sentí incredulidad y pena. Pareciera que no aprendemos. Gente de bien como Muchacho, que se sacrifica por el país, que sirve y trabaja por mejorar las condiciones de vida del venezolano desde la ingrata actividad política, es defenestrado y quemada su imagen junto a la despiadada e indigna meretriz del chavismo, la jueza Barrientos y al inefable “bobo catastrófico” de Maduro.

Inconcebible, pero así somos.

Los venezolanos y la bendita agua

En una Venezuela donde incendian vivos a venezolanos para castigarlos; en la que descuartizan venezolanos como despiadado acto de venganza; en la que encarcelan, torturan y asesinan opositores venezolanos por gritar “libertad”; y donde con una crueldad pasmosa, aterradora y, sí, muy chavista como los asesinatos a traición de Hugo Chávez el 4 de febrero de 1992, estudiantes “socialistas” embisten desde un autobús a toda velocidad contra unos desprevenidos policías -venezolanos como nosotros- hasta aplastarlos salvajemente, sin misericordia, con una indolencia asesina que solo la hemos visto en el chavismo; que nosotros nos indignemos porque Ramón Muchacho colocó su imagen en unas botellitas de agua bendita es, por decir lo menos, una escalofriante insensatez.

¿Qué carajo nos pasa? ¿La epidemia de demencia es colectiva o solo chavista? Más aún cuando en un ejercicio de autocrítica poco común entre nuestros políticos, Muchacho reconoce el desacierto, da una explicación del hecho y se disculpa, para luego ser incendiado en un escandaloso acto -pese a la tradición- de protesta, que culmina, como expongo antes, con los despojos derrumbados frente a su hogar, es inconcebible.

Nuestras riñas inútiles consolidan al chavismo y a sus aterradoras embestidas criminales.

¿Seguiremos consolidando la demencia?

¿Queremos?

Si bien estamos en profundo desacuerdo con algunas decisiones políticas que ha asumido Muchacho y consideramos que su gestión no ha sido lo afortunada que esperábamos, ni él ni ningún otro político honesto (es decir, no chavista) merece un trato como el que recibió.

Fui uno de los peores afectados por la embestida criminal de Rodríguez Torres en 2014. Como consecuencia de la furiosa demencia del ahora “caperucito rojo” del chavismo, amigos míos murieron asesinados, fueron encarcelados, torturados, sodomizados y los que pudieron huyeron al exilio. Pero ni siquiera con razones morales y políticas de peso para criticar a Muchacho me atrevería a incendiar su imagen en este terrible y agobiante momento que vive el país. No lo haría, la situación es mucho más delicada que esa. Un gesto mal entendido puede desbaratar las bases de la Unidad, además conociendo que la tolda amarilla es tan sensible a la crítica.

Mi defensa por Muchacho es un gesto de solidaridad personal y un acto de sensatez. Si queremos salir del chavismo lo antes posible considero que nuestras riñas y empujones deben enfocarse en temas de fondo, no en pendejadas como la de la bendita agua.

Repito: si queremos salir del chavismo…, ¿queremos?

Menos empujones, más concilio

Por otro lado, observamos con aturdimiento cómo se acusó al partido Voluntad Popular de la insensata protesta contra Muchacho. Lo hizo además del alcalde de Chacao, su partido, Rodríguez Torres, Diosdi Cabello, entre otros.

Pese a que la tolda naranja salió al paso a las acusaciones, desmintiéndolas, como ocurrió en 2014, todas las furias irracionales de la política vuelven a arremeter injustamente contra ellos. Así como la quema de Muchacho no se justifica, las acusaciones febriles contra un aliado tampoco. El momento es muy sensible.

Esta reflexión apunta a que dejemos los empujones preelectorales y busquemos concilios que liberen a Venezuela de su verdadera y única catástrofe: el chavismo.

En un país donde la calamidad y el horror son un hecho cotidiano y donde la vergüenza nos escupe diariamente a la frente, reñir por aguas benditas, incendiar imágenes opositoras o acusar a la ligera a miembros de la Unidad no solo nos distraerá de nuestro verdadero objetivo: liberarnos del chavismo, nos desmembrará y alargará hasta lo insoportable nuestra ruina.

En este momento de dificultad nos planteamos una consigna: Oposición unida (hacia la erradicación del chavismo) o muerte.

¿Venceremos?