Oliver ; Por César Miguel Rondón

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mayo 27
/ 2016

La foto impactó. En primer plano un niño con la cabeza rapada, un tapaboca y unos ojos implorantes viendo a cámara. En el pecho una pancarta: “Quiero curarme. Paz. Salud”. El niño se hizo famoso porque la fotografía se volvió viral. Su nombre, Oliver Sánchez, de apenas 8 años. Tenía Linfoma No Hodking. Y el verbo va en pasado porque ayer Oliver murió.

Según la reseña de prensa, Oliver falleció en la Clinica Loira de El Paraiso. En los últimos diez días estuvo en terapia intensiva luego de haber pasado por varios hospitales en los que no había cupo. Según el testimonio de uno de los médicos de la clínica, Oliver fue ruleteado de hospital en hospital, y al final, en una decisión desesperada, más marcada por la caridad que por cualquier otra circunstancia, se recibió a Oliver en la terapia intensiva. Sufrió mucho, dijo el doctor.

La foto se tomó el 26 de febrero durante una manifestación en Plaza Venezuela, adonde acudió con su abuela Hilaria Machado, quien también padece cáncer. En ese momento Oliver necesitaba Procarbasina de 50 miligramos. Luego vino un tortuoso viacrucis, y, sólo a través de algunas donaciones, sus familiares lograron administrarle Fenobarbital, un anticonvulsivo, Lamictal, antiepiléptico y Epamin. Pero todo resultó escaso y sobre todo tardío.

Ayer falleció Oliver Sánchez y sólo tenía 8 años. Y falleció, este es el detalle indignante, ante la indolencia de una país. Ante la indolencia terrible de un gobierno. Un gobierno al que le importa nada lo que pase con los venezolanos. Le importa nada la muerte de los venezolanos.

¿Acaso esta foto, estos ojos implorantes de Oliver, hicieron alguna mella en alguien del gobierno? No, para nada. De sus bocas sólo salen insultos, desplantes, mentiras, fanfarronadas, estupideces. Nada sale de sus bocas que contribuya al bienestar de los venezolanos. Nuestra muerte no les importa.

En este cuadro de horror tenemos que los médicos en el Hospital Universitario de Mérida siguen en huelga de hambre. La Iglesia se ha solidarizado con ellos. En Lara y Zulia los médicos hicieron un paro de 48 horas para protestar por la situación que están viviendo. Seguirán el ejemplo los médicos del estado Portuguesa. ¿Y ante todo esto ha habido alguna declaración de la Ministra de Salud? Nada, como si no fuera con ella; como si, en efecto, no le importara.

El relato del médico de la Clínica Loira es dramático, tanto que es mejor ahorrar detalles. Pero todos podemos imaginarnos cómo fueron esos últimos días del pequeño Oliver. Su famosa foto vuelve hoy a la prensa. El Nacional la publica en su primera página, pero el titular es otro: “Los pacientes del Hospital Vargas deben comprar hasta el agua. Médicos y enfermeras hacen colectas para darles comida a los pacientes en peores condiciones de salud y económicas. La empresa proveedora de alimentos suspendió el servicio debido a la deuda acumulada por el Ministerio de Salud. El último almuerzo fue yuca y zanahoria.”

Para cerrar, llamo la atención sobre la frase de monseñor López Castillo, Arzobispo de Barquisimeto: “Basta de pacifismo, es hora de que el pueblo reaccione”. Quizá la frase más dura que hasta el momento ha dicho no un cura, ni un obispo, sino cualquier líder venezolano.

Y, hablando de pacifismo, reparo en la foto de primera página de El Nuevo País. Fue tomada en Ciudad Guayana, y en ella aparece una señora que, como Oliver, también manifiesta. Y, como Oliver, también lleva una pancarta al pecho: “A mis 97 años nunca había vivido una hambruna como esta. Revocatorio. Fuera Maduro.”

¡Qué cosa, es el ciclo completo de la vida! Un niño de 8 años (Quiero curarme. Paz. Salud.) y una anciana de 97 (Nunca había vivido una hambruna como esta).

¿Pero cuál es el elemento común en estas dos fotografías? No sólo que cada una de las personas que manifiesta lleva una pancarta en el pecho. No. La constante es que detrás de ellos hay Guardias Nacionales. Piquetes de Guardias Nacionales Bolivarianos armados hasta los dientes. Cascos, escudos, arrogancia, superioridad e indolencia ante el ciudadano común. Esa es la constante: la represión del venezolano.