¿Negociar o no negociar? ; por Luis Vicente León

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mayo 14
/ 2016

Algunos creen que la negociación política se hace entre personas que se respetan y confían una en la otra.

La realidad es que las grandes negociaciones políticas han ocurrido entre enemigos que se detestan, entre actores que han luchado por destruirse. Con abusadores y con asesinos. Con guerrilleros y con terroristas. Con dictadores y con discriminadores.

¿Pero por qué negociar así?

Más allá de los temas de apariencia moral, la justificación de una negociación, que termina integrando y perdonando incluso a quienes han hecho daño masivo, es conseguir la paz. Una paz que de otra manera estaría comprometida.

Cuando le cierras las puertas a la otra parte, la obligas a defenderse hasta la muerte. Y si esa parte tiene fuerza, dinero y armas, eso significa que la solución del problema está lejos y los costos para el país y su pueblo serán gigantes.

En realidad la negociación privilegia el bien mayor, la recuperación estable del equilibrio y de la paz.

Suena duro y difícil, pero cuando castigar se convierte en algo más importante que recuperar la paz, entonces tendrás castigo un aparente pero nunca tendrás el restablecimiento de equilibrios y estabilidad.

La experiencia, sin embargo, indica que para presionar a una negociación hay que estar dispuesto también a luchar por tus derechos y a poner la presión de negociación encima de la mesa. Nunca será un proceso voluntario ni libre de riesgos, pero la clave está en entender el objetivo. Y el objetivo no es sustituir a un excluidor para poner otro, sino obligar a que todas las partes tengan que negociar para preservar al país y a ellos mismos.