Misión bachaco; Por Marianella Salazar

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mayo 26
/ 2016

Para la oposición es ineludible realizar el referendo revocatorio este año, el panorama es desolador. Las desgracias que sufrimos los venezolanos es tema incluso de preocupación internacional, y la situación cada vez más insoportable. No hay manera de que este gobierno se pueda sostener en el poder, ni siquiera tiene la varita mágica de los altos precios del petróleo, el “excremento del diablo”, que le sirvió a Hugo Chávez para comprar conciencias, votos y gobiernos de otros países. No era su carisma, era el billete. El plan que rescató su imagen a raíz del referendo revocatorio de 2004 fueron las misiones, sostenidas a punta de billete y más billete; hoy la situación es muy distinta, Maduro sin divisas está colgado de la brocha. La miseria cunde y se extiende. Aquí lo único que despunta como la industria más boyante en la paupérrima economía nacional es el “bachaqueo”, el sueño del hombre nuevo del Che y de Chávez cuajó en el “bachaquero”, producto de una política de Estado, planificada detalladamente desde Cuba, sede central del poder en Venezuela.

El régimen apuesta a los “bachaqueros”, no solo de productos básicos sino de toda actividad comercial especulativa, desde repuestos de automóviles pasando por el agua –que trafican los camiones cisternas– hasta los dólares “bachaqueados” desde Cadivi, Pdvsa, Corpoelec, y de todo el aparataje de compras del Estado, copiados a imagen y semejanza de la corrupta Alimport, el pulmón de las billonarias importaciones trianguladas de la familia Castro en Cuba. En todos los estratos sociales el “bachaquerismo” garantiza el ingreso, producto de la corrupción, signo sine qua non de la identidad chavista, y al mismo tiempo restea de manera irreversible a cada uno de esos despreciables especímenes con el régimen de Maduro. Un “bachaquero” que revende productos desaparecidos de los anaqueles por 100 veces su valor actúa con impunidad y violencia porque es parte de una mafia que incluye a guardias nacionales, policías, funcionarios, milicianos, colectivos y ahora, a los llamados CLAP, con los que Maduro ha formalizado la nueva Misión Bachaco, que supera con creces a los raspacupos de hace un par de años. Ellos están resteados con el gobierno, como los pranes y la delincuencia, cuya actividad criminal nunca había sido tan lucrativa.

La Misión Bachaco es el plan de Maduro para salvarse, como las misiones le sirvieron al comandante eterno para atornillarse, hasta que se despidió de este mundo.

Los impresentables

Los ex presidentes socios del chavismo e incondicionales del régimen de Nicolás Maduro –Samper, Torrijos, Fernández y Zapatero– que a nombre de Unasur estuvieron en el país para promover un diálogo nacional, salieron con las tablas en la cabeza gracias a la contundente respuesta de la Mesa de la Unidad Democrática, que les puso los puntos sobre las ies al condicionar el diálogo con la libertad de los presos políticos y el referendo revocatorio. Triste papel tuvo el ex presidente del Gobierno Español, José Luis Rodríguez Zapatero, haciéndole el juego a un régimen que necesita ganar tiempo. No debe extrañarnos, siempre tuvo un rechazo infantil hacia el imperialismo de Estados Unidos, se posicionó con líderes autocráticos latinoamericanos y durante su gestión, persistió en un diálogo con la banda terrorista ETA, que fue un intento de rendición o claudicación a las exigencias terroristas y que terminó cuando la banda perpetró un atentado en el aeropuerto de Barajas, con un reguero de muertos y heridos.

En aquel tiempo como ahora, el caballero de la triste figura decía que el diálogo es “duro y difícil”, y éste que propone, absolutamente inviable.