El madrugonazo ; Por César Miguel Rondón

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mayo 04
/ 2016

En Venezuela estamos en una situación por demás irregular. La política no se lleva adelante en términos, digamos, normales, civilizados. La política, dada las acciones que vienen desde el gobierno y desde sus seguidores, se lleva adelante por trochas y caminos oscuros, caminos del malandraje. El estilo malandro es el que se impone. Pues ante ese estilo malandro hay que actuar con astucia, con cierta zamarrería para lograr objetivos.

Para el día de hoy, martes 3 de mayo, estaba previsto que la oposición entregase las firmas. En un país normal esto hubiese sido un acto público, masivo y de evidente victoria. Pero ya sabemos lo que ocurre. Sueltan a sus mástiles en el oficialismo y vienen los golpes. Nuestro productor Alejandro Hernández, por ejemplo, fue víctima de esos golpes cobardes, precisamente en la sede del CNE. Y ya vimos los golpes contra Chúo Torrealba frente a Corpoelec. En fin… Para qué hacer un inventario tan lamentable. Fue por ello que, bajo la egida de Carlos Ocariz, la oposición trazó una estrategia interesante y novedosa. Sorprenden –“madrugan”, para decirlo en criollo- al oficialismo. Más o menos sobre las 7:00am de ayer -lunes 2 de mayo- se apareció Juan Carlos Caldera en la sede del CNE en Fila de Mariches –a lo mejor usted ni sabía que ahí estaban los almacenes- para entregar las cajas con las firmas. ¡Madrugonazo! Esa estrategia desbarató por completo el plan que habían concebido los oficialistas, y por ello uno entiende el arrebato de rabia e histeria que los ha embargado ahora.

Aparece Jorge Rodríguez -quien sabe del CNE y de firmas planas, porque fue el gran responsable cuando era rector del CNE en el referéndum del año 2004-, para decir que ellos, por instrucciones de Nicolás Maduro, van a verificar una por una las firmas. Cuando Rodríguez exige respeto para el CNE, es prudente apuntarle que el respeto debe comenzar por ellos mismos, los oficialistas. Porque si el Psuv tiene que revisar directamente las firmas, es porque no confían en el CNE. Jorge Rodríguez, pues, no confía en Tibisay Lucena, y supongo que menos en Tania D’Amelio.

Pero según Vicente Bello, representante electoral de Un Nuevo Tiempo: “Es ilegal que Jorge Rodríguez sea el que verifique las firmas”. Esa no es su competencia, para eso está el CNE. Por otra parte, el CNE debería verificar –eso lo dice un diario no precisamente opositor, como lo es Panorama en Maracaibo- las firmas de manera aleatoria. Pues no, el oficialismo las quiere revisar todas, una por una.

Y si Jorge Rodríguez evidenció algo de histeria ayer, de furia incontenible ante las cámaras, no menos furioso vimos a Diosdado Cabello. Éste ha declarado desde un sitio que llaman Puesto de Comando Presidencial, en el Palacio de Miraflores. Qué raro esto. El Palacio de Miraflores, que es el Palacio desde donde despacha el Presidente de la República, el mero centro del poder, tiene un Puesto de Comando Presidencial. Es decir, algo así como un puesto de comando alterno desde donde mandarían al presidente, porque, es bueno acotarlo, dicho puesto no pareciera estar reservado para el presidente porque él nunca ha declarado desde allí. En el puesto declara el diputado Cabello (¿será para no aparecer desde su modesto curul en el Palacio Legislativo?) y dice: “El país tiene que enterarse si entregaron 3 millones de firmas y cuántas de ellas son planas, el país tiene que saberlo. Si ellos hubieran querido un Referéndum lo hubiesen pedido desde el 10 de enero, se contradicen”. Aquí, por lo visto, el único que se contradice es usted, diputado. Pero en esas vamos.

Por lo pronto, según leo en El Nacional, el abogado Herman Escarrá queda encargado de la defensa legal del presidente Maduro y del CNE, según Jorge Rodríguez. ¿Defensa legal? ¿Defenderse de quién, defenderse de qué?

En fin… los madrugaron. Allí hay 1.850.000 firmas que, muy a pesar del desconocimiento y la torpeza de la rectora Tania D’Amelio, el CNE tiene que empezar a verificar cuanto antes porque en cinco días tiene que decidir.

Ciudadano Jorge Rodríguez, no se altere de más, no se sulfure todavía que ahora es cuando. Tiene razón, el referéndum todavía no está activado. Pero ya pronto. Es cuestión de días. Contenga la rabia.