Ley de Amnistía (llueva, truene o relampaguee) ; Por José Gato Briceño

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febrero 21
/ 2016

La Ley de Amnistía y de Reconciliación Nacional, ampliamente debatida y aprobada en primera discusión por la mayoría de los Diputados de la Asamblea Nacional el pasado martes, cuyo proyecto fue presentado por la MUD, en respuesta a las propuestas electorales y con el apoyo de más del 80% de la población, establece que sólo quedan exceptuados de la amnistía otorgada por este instrumento jurídico, los crímenes de guerra, y los delitos de lesa humanidad o delitos relativos a violaciones graves a los derechos humanos por autoridades o funcionarios públicos.

Pese a que los jurisconsultos puedan emitir criterios sobre las formalidades que se deben agotar para acordar amnistías, existe una verdad esencial y es que el pueblo de Venezuela clama por la reconstrucción de un país devastado por el desgobierno y las malas políticas. Clama por desmontar el autoritarismo y el control hegemónico de un gobierno que arrodilló no solo a los poderes públicos sino también a gran parte de la población. Lo cierto es, que la Ley de Amnistía goza de legitimidad pues el pueblo la apoya y la reclama. Así quedó de manifiesto con la coherencia que se expresaron los diputados de la unidad democrática, durante sus intervenciones.

Sin lugar a dudas, esta Ley constituye un duro golpe para el Gobierno, no solo porque se erige luego de una derrota electoral, sino por poner de manifiesto que haber perdido el respaldo popular e internacional. Cuatro instancias de la ONU (el Grupo de Trabajo de Detenciones Arbitrarias, el Alto Comisionado para los Derechos Humanos, el Comité Contra la Tortura, el presidente y relator del Grupo de Trabajo de Detenciones Arbitrarias) y también la OEA, Amnistía Internacional, Human Rights Watch, jefes de estados, parlamentarios, líderes mundiales, intelectuales, Premios Nobel, entre otros organismos se han pronunciado a favor de la liberación de los presos políticos en Venezuela y dan respaldo absoluto a esta Ley de Amnistía como vía para alcanzar la paz y la estabilidad social del país.

Pero lo que más aterra al régimen es ver a alguno o algunos de los presos políticos o exiliados, retomar la calle y hacer despertar el sentimiento libertario y luchador de los venezolanos. Estos magnates del crimen organizado, que se escudan en la inmunidad y en acuerdos diplomáticos ya están viendo el sol a su espalda y por eso actúan con tanto resentimiento y descontrol, pero con esa soberbia solo agotan la paciencia y la fe de sus seguidores y perdiendo irreversiblemente, las últimas cuotas de poder que les quedan.

En su desesperación por controlar el poder, escuchamos a la fracción del narcoestado asegurar que la ley se aprobaría en la instancia parlamentaria pero que los pranes que tienen en el “Tribunal Supremo de Justicia” sacaría toda su artillería para desvirtuar la ley como ya lo hicieron con el decreto de la emergencia económica.

No se necesita ser clarividente para darse cuenta que el pueblo venezolano está en un proceso de ebullición. Ahogados con la situación económica, el gobierno sigue sin rectificar tomando decisiones unilaterales que no trascienden del simple discurso. Los problemas de Venezuela son estructurales y no los puede atender quien ya no tiene apoyo ni respeto. La confianza, no se decreta, la confianza se gana con ejemplos.

Mis compatriotas están agotados de soportar tanto sacrificio sin ver ningún resultado y, esto es una bomba de tiempo que en cualquier momento puede reventar. También manejo información confiable sobre la inconformidad dentro de la Fuerza Armada con algunos funcionarios militares que se niegan recibir órdenes de los militares Cubanos y a asumir el bochornoso e indignante legado de ser partícipes del tráfico de droga que ha empañado a esta honorable institución.

Es inaceptable para los militares institucionalistas seguir permitiendo que hombres tan desprestigiados y comprometidos con el narcotráfico como los hermanos Diosdado y José David Cabello Rondón o el General Hugo Carvajal Barrios (hoy diputado a la asamblea Nacional) que controlan y trafican a través de los puertos y aeropuertos venezolanos más del 40% de la droga que se moviliza a nivel mundial, haciendo valer un supuesto rango militar y el poder público y las armas de la nación.

El caso más reciente ratifica esta situación. El Mayor del Ejército Juan José Sorja Ojeda, fue detenido por la Guardia Nacional el pasado viernes 12 de febrero en el estado Mérida, por trasladar más de 400 kilos de presunta cocaína en un vehículo militar tipo Stevr. Este ciudadano, trabajó muchos años con los padres del difunto Hugo Chávez por recomendación personal y directa de Diosdado Cabello con quien también había compartido años de trabajo. Todo eso complementado con el narcoescándalo de la familia presidencial, en cuyo caso por cierto el próximo 29 del mes en curso comienza el juicio en U.S.A de los narcosobrinos

También es muy duro para la oficialidad institucional soportar, que el pueblo de Venezuela siga haciendo largas colas para comprar productos básicos y esté pasando hambre y necesidad, mientras el narcogobierno le sigue regalando más de 120.000 barriles diarios de petróleo a Cuba.

Para colmo, las medidas económicas adoptadas por el Ejecutivo Nacional suponen un sacrificio exclusivo para los venezolanos. Aumentó la gasolina, devaluó el bolívar e hizo un aumento absolutamente ilusorio de los sueldos y salarios (el aumento fue menor que la devaluación de la moneda), sin embargo, no ordenó la revisión de los acuerdos internacionales en los que se hipoteca la República, ni tampoco de los millones de dólares desaparecidos en CENCOEX y mucho menos de la corrupción de los familiares de la primera dama con los insumos médicos, o del tráfico de drogas y alimentos por parte de las redes de distribución socialistas. Entonces, ¿el gobierno aniquila y el pueblo paga las consecuencias?

Estoy segurísimo que el narcogobierno tiene sus días contados. Pronto serán liberados los presos políticos y retornados los millones de venezolanos exiliados. Con todos ellos se abrirán las puertas de la libertad y regresará la esperanza.

Por los momentos seguiremos esperando, pacientemente, que la justicia haga su trabajo. Que encierre a los que usan el poder para hacerse “amos del valle” y libere a los luchan por la libertad y el progreso de todos los venezolanos. Mientras tanto seguiré aquí, dando la pelea con lo único que me queda MI PLUMA y MI PALABRA.