Leopoldo López, a dos años del arresto del líder opositor

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febrero 15
/ 2016

Antes de entregarse voluntariamente a un sistema judicial que sabía injusto, antes de que el chavismo confeccionara toscamente contra él un caso de asesinatos y comenzara a llamarle el Monstruo de Ramo Verde, y antes que sus propios compañeros en la oposición venezolana le dieran la espalda, Leopoldo López pasó días pensando en la responsabilidad del liderazgo.

Antes que él, muchos otros dirigentes perseguidos judicialmente por el régimen bolivariano de Caracas habían optado por salir del país, prefiriendo el exilio a un juicio artificial de desenlace predeterminado.

Pero López, quien cumple el jueves dos años de prisión, consideraba que no podía huir en buena conciencia. Hubiera sido el equivalente de abandonar la pelea por el país, un acto de cobardía cuando se tomaba en cuenta que cientos de venezolanos que habían acogido el llamado de salir a protestar pacíficamente en las calles comenzaban a ser reprimidos violentamente, encarcelados y en algunos casos torturados por el régimen de Nicolás Maduro.

Es por ello que López escogió el camino menos transitado, con la esperanza de marcar así toda la diferencia, dijeron familiares, políticos y asesores allegados al dirigente de 44 años.

“El jamás le daría la espalda a esa responsabilidad”, dijo desde San Francisco su hermana menor, Adriana López Vermut. “Yo creo que cuando Leopoldo se entregó, lo hizo pensando que estaba representando a millones de personas que no tenían voz y que querían manifestar el deseo del cambio en el país”.

Aunque fueron muchos los que le criticaron por su decisión de entregarse —algunos calificándola de ingenua y otros de un acto de cálculo político— lo cierto es que López se convirtió en el dirigente más popular del país pese a mantenerse incomunicado en la cárcel militar de Ramo Verde, a las afueras de Caracas.

Según una encuesta publicada en diciembre por la firma Datincorp, el máximo dirigente del partido Voluntad Popular era considerado como el líder que más inspiraba confianza para dirigir los destinos de la nación por el 32 por ciento de los venezolanos, seguido por Maduro, con el 21 por ciento, y el ex candidato presidencial de la oposición Henrique Capriles, con el 12 por ciento.

Parte de ese repunte es atribuido a la disposición de nadar contra la corriente, distanciándose de la de sectores dentro de la cúpula de la oposición, agrupada bajo la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que criticó el llamado realizado por López, la ex diputada María Corina Machado y el alcalde de Caracas, Antonio Ledezma en febrero del 2014, de salir a protestar pacíficamente en las calles.
Campaña contra viento y marea

Pero la convocatoria a las manifestaciones no fue la primera vez que López decidió fijar distancia de sus compañeros. De cierta manera, su incursión en la política está marcada por actos en las que el dirigente optó por seguir su propio camino.

Ese espíritu de independencia quedó manifiesto en el 2000, cuando se lanzó su campaña para la Alcaldía de Chacao, compitiendo contra el chavismo y contra quienes eran sus propios compañeros dentro de Primero Justicia, partido que López ayudó a fundar.

“Sus compañeros de Primero Justicia se burlaban de él, cuando se lanzó para la Alcaldía de Chacao, todos los subestimaron. Decían que Leopoldo era un loquito, que no tenía los pies en la tierra, que era imposible que ganara la alcaldía de Chacao frente a [el también opositor] Francisco González, cuya candidatura era un tiro al suelo. Ahí fue que Leopoldo comienza a romper paradigmas”, dijo desde Miami el asesor político Esteban Gerbasi, quien fue su jefe de campaña.

Y los números al inicio le daba la razón a sus detractores. De los nueves candidatos que competían por la alcaldía, López aparecía de noveno.

En solo cuatro meses, López logró revertir la tendencia con una plataforma contra la corrupción que llevaba los eslóganes “vacúnate contra el guiso” y “la solución está en tus manos”.

En esa campaña, la decisión de visitar a cada uno de los electores del municipio fue una estrategia clave que le permitió remontar la ventaja, añadió Joaquín Pérez, estratega político que también participó en la campaña.

“Es una persona muy seria y honesta en su criterio, y es muy organizado. Es uno de los pocos dirigentes de la oposición de Venezuela que en ese entonces sostenía la tesis que se requería hacer un esfuerzo de organización en la base”, señaló desde Miami.

Lo que implicaba pasar horas y horas conversando personalmente con los electores, en jornadas que se tornaban interminables.

“Leopoldo hizo un esfuerzo sobrehumano en esa campaña, al igual que todo un equipo”, agregó Gerbasi. “Yo perdí 13 kilos, no dormíamos, pasamos tres meses trabajando las 24 horas del día. Leopoldo se quedaba dormido en los programas”.

Pero el esfuerzo dio sus resultados, y el día de la elección, López duplicó a González en número de votos, pese a que fue el segundo el que había recibido todo el respaldo del bloque opositor.

Para el segundo período en la alcaldía, López en realidad ni tenía que competir y salió reelecto con una amplia mayoría.
Pasión por el deporte

Fue en ese segundo período que López conoció a su actual esposa, Lílian Tintori. Los presentó un amigo en común.

López, quien desde joven era aficionado de los deportes extremos, sintió mucha simpatía por Tintori, otra deportista que había sido campeona nacional de kitesurf.

“Cuando nos conocimos, estuvimos todo la noche hablando y al día siguiente me llamó para escalar el Avila [Cerro que rodea a Caracas], me llamó insistentemente, varias veces. Desde ese momento no nos habíamos separado más, hasta el día de su arresto”, dijo Tintori a el Nuevo Herald en una entrevista.

El deporte fue uno de los puntos que ambos tenían en común. Leopoldo, además de ser maratonista, ha escalado varias de las montañas más elevadas de América Latina, incluyendo el Chimborazo, en Ecuador, al igual que lo hizo en su momento Simón Bolívar.

Pero además del deporte, Tintori se sentía atraída por la vehemencia con que López hablaba de Venezuela.

“Me atrajo la pasión por el trabajo, su amor por Venezuela. La pasión con que hablaba del país, y lo trabajador que él es”, dijo Tintori desde Caracas.

“El [López] quiere que todos los derechos sean para todas las personas, quiere un país de progreso, lleno de oportunidades para los jóvenes, quiere un país donde los hospitales curen y los colegios eduquen”, añadió.

Se casaron después de tres años de noviazgo.
Discusiones de sobremesa

López comenzó a mostrar esa pasión por Venezuela desde que era niño. El país era el centro de discusión en su casa, donde se hablaba desde la situación política del país hasta las hazañas de su bisabuelo, Eudoro López, quien pasó gran parte de su vida a inicios del siglo pasado luchando contra la dictadura de Juan Vicente Gómez.

Al igual que su descendiente, Eudoro López pasó tiempo en las cárceles, y cuando salía libre iba al exterior para armar grupos de combate que retornaban al país para tratar de librar a Venezuela de esa dictadura, relató Antonieta Mendoza, madre de Leopoldo.

“Desde joven, cuando era estudiante, estaba muy comprometido aspirar a un cambio en el país. Aspiraba un cambio, pero siempre dentro del sistema democrático”, dijo recientemente Mendoza, estando de paso por Miami.

“Los temas políticos siempre eran temas de discusión en la sobremesa de la casa. El tenía sus posiciones, mi marido [Leopoldo López Gil] tenía sus posiciones, mi padre [Eduardo Mendoza Goiticoa] tenía sus posiciones. Y el creció escuchando esas tertulias”, agregó.

Intuyendo que algún día él iba a jugar un papel en ese cambio, López concentro sus estudios en prepararse para asumir ese liderazgo, estudiando economía en el Kenyon College, en Ohio, y luego realizando una maestría en Políticas Públicas en la Escuela Kennedy, de la Universidad de Harvard.

Fue en Harvard donde conoció a un compañero que luego participaría con él en la formación de Primero Justicia, Julio Borges, con quien luego se distanciaría por discrepancias políticas.

Los jóvenes, con otros compañeros, iniciaron su travesía por la política venezolana a través de una organización no gubernamental llamada Justicia Primero que fomentaba la idea de los jueces de paz en el país.

Ya iniciada la Revolución Bolivariana con Hugo Chávez en el poder, la organización evolucionó en un partido político, y el nombre fue cambiado a Primero Justicia, pero López comenzó a tener diferencias con los otros integrantes del partido.

“Leopoldo se separa de Primero Justicia, cuando empiezan a tener diferencias sobre la conducción del partido. Leopoldo, una de las cosas que siempre mantuvo, era la necesidad de realizar elecciones internas del partido, para conformar una estructura integrada con las bases y donde las decisiones fluyeran de bajo hacia arriba, especialmente lo que tenía que ver con el nombramiento de todas las autoridades”, explicó Mendoza.

Sus compañeros de partido no compartían esa tesis.

López termina separándose de Primero Justicia en el 2007, y después de militar brevemente por las filas del partido Un Nuevo Tiempo, terminó fundando su propio partido, Voluntad Popular, donde aún ocupa el cargo de Coordinador Nacional.

La decisión de salir de las otras organizaciones políticas ha sido otro motivo de crítica contra López, siendo considerada por algunos como señales de inestabilidad y de deslealtad.

Gerbasi, sin embargo, la atribuye al carácter perfeccionista de López, quien estaba tratando de militar dentro del partido político perfecto, cuando en realidad ese tipo de organización no existe.

Esa fue una lección política que López tardó en entender. No obstante, también denota que el joven dirigente es capaz de tomar decisiones inconvenientes y de alto costo en defensa de sus propios valores y principios, dijo Gerbasi.

Algo similar sucedió a inicios del 2014, cuando López decidió emprender la jornada de protestas pacíficas contra el régimen.

“Cuando estuvo aquí en Miami, se reunió conmigo para hablar sobre su propuesta de la salida, y de tomar la calle pacíficamente y me preguntó, qué creía yo. Le dije que iba a terminar preso porque se estaba enfrentando una dictadura”, relató Gerbasi.

“Y yo [Gerbasi] le pregunté, ¿está dispuesto a ir preso? Y él me dijo ‘sí. Estoy dispuesto a dar mi vida por Venezuela y por mis valores y principio […] Eso es algo que no todo el mundo está dispuesto a hacer”, añadió.

ENH