Las crisis tienen rectas y curvas ; Por Pompeyo Márquez

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febrero 28
/ 2016

Hace meses escribí un comentario sobre una sentencia bíblica que afirma “con la vara que mides serás medido”. Esta sentencia, sin ánimo de venganza, se la recordamos a Maduro, Cabello, Jaua, Cilia Flores, Héctor y Jorge Rodríguez y Tareck El Aissami, quienes se niegan a reconocer la mayoría expresada el 6D y no quieren saber nada de diálogo.

Héctor Rodríguez y Jaua, jaquetonamente, han declarado que Maduro no se va. La ida o permanencia de Maduro no depende de él ni de su camarilla militar-civil, sino de la crisis económica-social, de las circunstancias, de la correlación de fuerzas, del desarrollo del sismo que sacude internamente el chavismo y lo que se agita en las fuerzas armadas y policiales.

Como diría mi fraterno amigo ­ya fallecido­ el periodista Oscar Yanes, nos acercamos a decisiones. Este no es un momento de protagonismos ni de individualismo sino de la unidad nacional. Hay que repetir hasta el cansancio que ninguna individualidad por sí sola es capaz de doblegar al chavomadurismo.

Una crisis tan profunda como la que vive Venezuela no tiene plazo sino urgencias.

En este momento me viene a la mente una metáfora que se he usado mucho a lo largo de la historia política que me ha tocado vivir estos 94 años que estoy por cumplir: la crisis tiene rectas y curvas hasta que se resuelva. Las crisis, decía Lenin, no se parecen a la histórica avenida Nevsky (de más de 4 Km de longitud de la otrora Leningrado, hoy San Petersburgo), que además de larga es recta, y que el autobús que la transita tiene paradas y en instantes determinados te puede dejar y hay que esperar que regrese de nuevo.

En nuestro caso, resolver la crisis está aunado a la reconquista de la democracia y al respeto a la Constitución. Pues bien, no dejemos escapar este momento cuando están dadas las condiciones, no para el individualismo repito, si no para un gobierno de transición de unidad nacional que incluya a sectores del chavomadurismo y de las fuerzas armadas y policiales.

Concluimos diciendo que para sustituir un gobierno fracasado como el que encabeza la camarilla Maduro-Cabello, se necesita que exista una fuerza de alternativa democrática. Y esa fuerza existe ya, es la unidad, lo que hay que hacer es fortalecerla y darle espacio al espectro político, social y económico venezolano.

Al mismo tiempo, este es un instante en el cual la comunidad internacional democrática está con la Venezuela igualmente democrática, y tiene al frente a un conjunto estelar de expresidentes, jefes de gobierno y Estado, parlamentos, a la ONU, la OEA y a organismos de defensa de los derechos humanos, a quienes Maduro les teme como el diablo a la cruz.