La flojera como decreto ; Por Gustavo Briceño

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abril 13
/ 2016

Cuando nos contaban la historia de Venezuela, sobre todo en bachillerato, nos decían que los indios eran flojos y que habían inventado la hamaca por cuanto se lo pasaban horas del día durmiendo y así no trabajar como era lo debido. Realmente, no he creído en esa argumentación un poco simplista de la realidad del venezolano a través de su vida y de su ser. Yo más bien he pensado que el venezolano lo que es cómodo, que muchos asemejan a la flojera como problema mental y de actuación. Ciertamente ante muchos problemas del país, muchos venezolanos acusan a la culpa de los demás y así justificar su ausencia y su poco ánimo para trabajar por el país. En el fondo de las cosas, esa actitud pudiera derivarse, no solo de la simple desidia y despreocupación por los problemas citadinos, sino de huida y en consecuencia constituye una conducta manifestada con una especie de flojera verdaderamente encarnada.

No trabajo porque el gobierno me lo impide; no trabajo porque este es un gobierno de corruptos e inmorales; no trabajo porque al salir de la casa me pueden asaltar; no trabajo porque el dinero no me alcanza; repiten sin cesar cantidades de venezolanos inermes. Se demuestra con meridana claridad y suspicacia individual, una actitud justificadora para no trabajar y no asumir compromisos de responsabilidad como es lo normal en una persona adulta y responsable. La delegación consuetudinaria de funciones personales -que otro lo haga-y colectivas en el sentir real de una sociedad en crisis es una extraña política y posición personal que genera altibajos de responsabilidad poco común en personas exitosas y prestigiosas. Las personas exitosas por lo general son individuos que no hacen sino trabajar y dedicarse a su labor con entereza y alegría, ya que se auto estimulan fundamentalmente con la creatividad y el esfuerzo. Desde luego, ello implica por demás, un ambiente propicio y sano para que se desarrolle el éxito y las ganas de vivir con satisfacciones. Lo digo en tono de preocupación, por cuanto veo en ciertas personas, un desgano por hacer y una manifiesta justificación del porque no hacer las cosas bien. Preocupa muy en serio esta actitud, por cuanto quien sufre las consecuencias, no solo es la persona misma principal causante y destinatario de ello, sino del propio país quien encarna y espera resultados de las gestiones de sus individuos. La Alemania de la post guerra; la industrialización de Japón después de 1950; el esfuerzo de la gran clase media de los Estados Unidos después de 50 años, etc. son ejemplos vivientes de que un país crece sin flojera y sin excusas, y que la única forma de atenuar o solventar las crisis, tanto individuales como sociales es con trabajo y más trabajo, por esta razón, no participo ni amparo la expresión de que el trabajo dignifica al hombre sino que es el hombre quien dignifica el trabajo.

Expreso estas frases porque el presente y dilatado gobierno ha decretado días no laborables para mitigar la crisis eléctrica del país y las consecuencias de ello en el contexto económico y social que ocurre. Me parece lo más pernicioso y antihumano que ha ocurrido en los últimos días. No solo genera y produce –esa política– una violación del derecho al trabajo como un elemental derecho humano decididamente, sino un monumento y una irradiación formal a la flojera ya institucionalizada e incompatible con un país que lo que necesita es trabajo de a diario, hasta los sábados si es posible. Punto de reflexión hasta la saciedad, debe ser discutido en los centros de estudio y de formación intelectual en el país para que de una u otra forma sea eliminada tan nefasta política o costumbre de incentivar la flojera de los venezolanos. Es triste hablar de ello, jamás habíamos imaginado que una especie de gobernante podría cometer tantas irracionalidades. Así lo creo.

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