La estúpida Carta a favor de Maduro ; Por Nicmer Evans

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junio 03
/ 2016

El liderazgo opositor de derecha en Venezuela, representada por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) devela y reconoce, al solicitar la activación de La Carta Democrática Interamericana de la OEA, su incapacidad de resolver los problemas de los venezolanos entre los mismos venezolanos y pone en evidencia su disposición a recibir la injerencia extranjera como única medida para luchar contra un gobierno nefasto, indolente, kakistócrata como el de Maduro, desconfiando de la sabiduría del pueblo venezolano de reaccionar ante esta situación en el momento que lo considere pertinente.

Se puede estar de acuerdo con algunos aspectos del informe de Almagro, secretario General de la OEA, pero no se puede apoyar la voluntad que desde un principio ha expresado este funcionario de involucrarse como juez y parte de un debate entre venezolanos.

La OEA en lugar de inclinarse a favor de uno de los bandos de la polarización, debería ser un espacio amplio que demuestre que Venezuela es más de dos polos en pugna tratando de quedarse con la renta petrolera que aún se produce, y que existe gente pensante, con propuestas y fuerza organizativa alterna. Debería ser un facilitador de procesos, no un decisor, por lo que al final, su rol, pareciera favorecer al presidente Maduro, victimizando a un inepto, ante un pueblo que todos los días demuestra tener la voluntad de resolver sus problemas democráticamente.

Así como el decreto de Obama, hoy la activación de esta Carta, hace que Maduro fortalezca su posición de izquierda, cuando en realidad de socialista no tiene nada. Es el pueblo venezolano quien debe encargarse de Maduro y su gobierno, y la izquierda venezolana de juzgar su traición, pero la oposición de derecha, desesperada, nuevamente juega adelantado, retrasando lo que es un clamor popular que sólo un referendo revocatorio puede de nir. El único acuerdo o pacto que quiere el pueblo venezolano está en su Constitución, y eso no podrá ser sobrepasado por los intereses intervencionistas de una OEA que nunca ha servido para lo que debería servir.