La dura condena que recibió la mano derecha de Lula

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mayo 18
/ 2016

Apenas seis días después de que la presidenta Dilma Rousseff fue suspendida de sus funciones por el Senado para responder a un juicio político, el Partido de los Trabajadores (PT) recibió otro mazazo desde el frente judicial, asestado ahora por el juez Sergio Moro, el implacable investigador de las corruptelas en Petrobras, recoge un perfil de EFE, firmado por el corresponsal Eduardo Davis.

Moro declaró a Dirceu culpable de corrupción pasiva y activa y lavado de dinero y lo condenó a 23 años y tres meses de prisión, que se suman a los diez años y diez meses que ya había recibido por su responsabilidad en un escándalo de sobornos parlamentarios ocurrido en 2005.

El fallo dictado hoy parece casi el epitafio de una de las vidas políticas más turbulentas que se conocen en Brasil y para una de las figuras más respetadas en la izquierda latinoamericana.

Dirceu, de 70 años, se metió en política en 1965, cuando cursaba derecho en la Pontificia Universidad Católica de Sao Paulo y se unió a los movimientos estudiantiles que combatían a la dictadura que se había instalado en Brasil un año antes.

Quienes lo conocieron entonces dicen que tenía fama de mujeriego y pinta y carisma de ídolo “beat”, pero que se transformó a medida que se involucró en la lucha contra el régimen.

Coqueteó con la guerrilla, aunque nunca participó en la lucha armada, y en 1968 fue detenido en una asamblea estudiantil.

Su nombre comenzó a cobrar ribetes de leyenda un año después, cuando fue incluido en una lista de catorce presos políticos que la dictadura se vio obligada a liberar a cambio del embajador de Estados Unidos, Charles Elbrick.

El diplomático había sido secuestrado por una pequeña célula del “Movimiento Revolucionario 8 de Octubre”, integrada entre otros por Franklin Martins, quien luego fue ministro de Información durante el segundo mandato de Lula.

Los presos políticos fueron enviados a México, pero Dirceu recaló en Cuba, donde recibió entrenamiento militar y tejió una amistad que mantiene hasta hoy con importantes dirigentes, como el expresidente Fidel Castro.

En la isla pasó por una cirugía plástica que le modificó ligeramente el rostro y regresó a Brasil clandestino, en 1971, para integrarse al “Movimiento de Liberación Popular”.

Tuvo divergencias con esa guerrilla de inspiración castrista y volvió a La Habana, pero en 1975 retornó definitivamente a Brasil, aún en plena dictadura, bajo la falsa identidad de Carlos Enrique Gouveia de Melo, supuesto empresario de origen judío.

Se vinculó a grupos armados y entrenó guerrilleros, pero él mismo afirma que “jamás” empuñó las armas, porque “no era” lo suyo.

En ese segundo retorno, bajo falsa identidad, se casó con Clara Becker, quien solo supo quién era su marido cuatro años después, cuando ya tenían un hijo y el Gobierno militar dictó una amnistía que le permitió retomar la política a cara descubierta.

“Ese día me dijo soy José Dirceu y vuelvo a lo mío”, recuerda Becker que su marido le reveló antes de abandonarla.

Se afilió al PT, el cual presidió entre 1995 y 2002 y en el que, junto con Lula, dirigió severas purgas que expulsaron a los grupos más radicales de esa formación.

Acabó siendo el principal escudero de Lula y su mayor consejero en las campañas de 1989, 1994 y 1998, en las que el exsindicalista aspiró sin éxito a la Presidencia.

En 2002, fue el principal artífice de la campaña que finalmente llevó a Lula y al PT al poder y fue nombrado ministro de la Presidencia, un cargo desde el que se controlan todos los resortes políticos del Gobierno.

Fue tildado de “maquiavélico”, de “poder en la sombra” y despertó críticas por su combativo estilo, las cuales atribuía al “odio” de una derecha que, en su opinión, “nunca digirió” el triunfo electoral de Lula.

En 2005 surgió el escándalo de sobornos parlamentarios y dimitió un día después de que el delator de esos asuntos y entonces diputado Roberto Jefferson compareció al Congreso y mirando a las cámaras de televisión dijo: “José, sal de ahí y sal rápido, que harás de Lula un reo”.

Para sustituirlo en el Ministerio de la Presidencia Lula nombró a Dilma Rousseff, quien también estuvo vinculada a la guerrilla en su juventud. “Me honra traspasar este cargo a una compañera de lucha, a una camarada de armas”, declaró entonces.

EE