¡Incertidumbre! Hace un mes que España no sabe quién es su presidente

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enero 23
/ 2016

Los días pasan y nadie sabe si justo hoy, cuando usted lea esta nota, los partidos llegaron a un acuerdo para formar gobierno. De no darse la jugada en la que apuesta su liderazgo el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, habrá nuevas elecciones en mayo.

“Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible”. La socorrida frase, atribuida al diplomático francés Charles de Talleyrand, circula de boca de los columnistas y va a la de los fogosos tertulianos que animan la tele, con sus análisis divertidos, a fin de valorar el panorama que les espera a los españoles que acudieron a votar masivamente el pasado 20 de diciembre para elegir un gobierno y todavía siguen sin tenerlo.

Enredados en sus propias estrategias postelectorales, Mariano Rajoy (Partido Popular) y Pedro Sánchez (PSOE), los dos candidatos que obtuvieron más votos en los comicios para conformar la legislatura del periodo 2016-2020, no han logrado convencer a sus potenciales “aliados”, incluso –en el caso de Sánchez– a los dirigentes de su mismo partido.

Aunque esta borrascosa situación política, que se avizora durará unos meses, no paralizará a España, sí frenará las reformas económicas, según analistas financieros que ven cómo se acumulan los obstáculos para el crecimiento en un país que trata de ampliar la recuperación tras una profunda crisis. “Con los presupuestos para 2016 ya aprobados y los precios del petróleo y los tipos de interés en mínimos históricos, los políticos españoles tienen poca presión por alcanzar acuerdo para formar gobierno de coalición tras el resultado electoral muy fragmentado”, estima Reuters.

PACTOS Y CARAS DE POKER

La dinámica electoral española es diferente a la venezolana. El candidato del partido más votado es el convocado a formar gobierno en el primer debate de investidura. En este caso, Mariano Rajoy. No obstante, solo en caso de obtener mayoría absoluta (176 escaños sobre 350). Aunque el Partido Popular ganó las elecciones del 20D solo obtuvo 123 escaños, insuficientes para asegurar la investidura de Rajoy, y por ello está obligado negociar un acuerdo, en este caso con PSOE y Ciudadanos, para alcanzar los votos necesarios.

Este plan hace aguas debido a la negativa del PSOE a facilitar que gobierne el PP y mucho menos a coaligarse con Rajoy, lo que abre las posibilidades para la jugada, con cierta resistencia dentro del PSOE, de Sánchez de forjar una coalición con Podemos y demás agrupaciones de izquierdas. A esto se suma los resultados de las elecciones, en donde Podemos sacó en Cataluña una alta votación.

En España nunca se han repetido unas elecciones generales. Si se observa el ejemplo de Grecia, donde los comicios se repitieron en 2012 después de que en el plazo de un mes no se llegó al acuerdo para formar gobierno, se podría especular que las nuevas votaciones beneficiarán a los equivalentes de Nueva Demoracia y Syriza –los que mejoraron sus resultados en la reelección griega– es decir, a PP y a Podemos. Más aún: según los analistas, el gran vencedor sería Pablo Iglesia de Podemos, quien absorbería la fuerza del PSOE y Ciudadanos, dirigido por Albert Rivera –cuarta fuerza- que se quedaría relegado.

Consultado por TalCual, el analista Pedro Alvazar, docente de la Universidad Carlos III de Madrid, responde que “la ansiedad de Pedro Sánchez por llegar al Comité Federal del PSOE, el día 30 de enero, con una posibilidad de gobierno que le salve de la hoguera interna, únicamente es comparable con la angustia que vive Rajoy pensando que un frente popular le impida ir a unas nuevas elecciones”.

El profesor de Comunicación Política, José Rúas Araújo, cree que la repetición de elecciones supondrá “un fracaso porque significa no entender el mensaje que han dado una buena parte de los españoles de que basta ya de que tan sólo dos partidos sigan decidiendo sobre el futuro de España”. Y añade “no pasa nada por gobernar en minoría o por tener que pactar con otras formaciones”.

En la misma línea, otros tildan de “antidemocrático” que no se cumpla con una constitución plural del Gobierno como la que han reflejado las urnas. Pero el politólogo Sergio Zamora estima que una vuelta a las urnas no es algo negativo: “sigue siendo una herramienta más del sistema democrático, siempre que no se repitan constantemente”.

LAS CARTAS MARCADAS DEL PSOE

En su propuesta para ser investido, lo que Pedro Sánchez vende como Gobierno de izquierdas, en realidad es una mezcla entre socialdemocracia, izquierda populista y nacionalismos radicales (incluidos los secesionistas). No obstante coquetea con otra fórmula: un acuerdo entre el PSOE y Ciudadanos que sobreviva con la benevolente abstención de los demás.

En ambos casos, omite dos informaciones esenciales: si ello desembocaría en un Gobierno monocolor del PSOE con 90 diputados, o en un Gobierno de coalición. Para el líder del PSOE el proyecto de gobierno es accidental. Le importa cualquier combinación que cumpla dos requisitos: sentarlo a él en La Moncloa y excluir al Partido Popular.

Pero, de no lograrse ninguna de estas fórmulas, el rey Felipe VI decretará la disolución del Congreso y la convocatoria de nuevas elecciones, algo que, de acuerdo con encuesta publicada la semana pasada por El País, rechazan 61% de los españoles. Entonces los analistas tendrán que recurrir a otra manida frase, esta vez extraída de la archiconocida Ley de Murphy: “Si algo puede salir mal, saldrá mal”.

TC