Finalmente tenemos un amigo ; por Diego Arria

A- A A+
enero 31
/ 2016

En lo últimos dos meses Venezuela, el país que después de 16 años “horribilis” de sufrir la indiferencia colectiva de los gobiernos de América Latina, inesperadamente ha encontrado a un gran amigo, seguramente el más confiable e independiente de todos.

¿Y quién ese amigo?

Luis Leonardo Almagro, el diplomático uruguayo que ocupa y ejerce seriamente las funciones de Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA)

¿Y qué importancia tiene que el Secretario General de la OEA asuma -o no- las responsabilidades previstas en la Carta Democrática Interamericana?

Muchísima. Está obligado a convocar al Consejo Permanente de la OEA cuando en un estado miembro se produzcan situaciones que afecten el normal desarrollo de su proceso político institucional democrático.

En efecto solo una vez, desde que se aprobó la Carta Democrática Interamericana en 2001, el Secretario General ha convocado al Consejo Permanente de la OEA. Fue el 29 de junio de 2009 cuando José Miguel Insulza, de manera precipitada y sesgada, denunció que se había producido un golpe de Estado en Honduras, contra Manuel Zelaya. Aquella situación también se veía como un contragolpe, a juzgar por el hecho de que Zelaya fue depuesto por el Congreso, siguiendo una decisión de la Corte Suprema de Justicia, por el delito de traición a la patria.

Consecuentemente Honduras, el segundo país más pobre del continente fue suspendido del sistema interamericano y sometido a serias sanciones económicas y a un aislamiento diplomático sin precedente. Allí vimos como la actuación de un Secretario General cobra especial importancia en situaciones criticas.

¿Y qué hace del Secretario General Almagro un amigo de Venezuela?

Almagro demuestra estar honestamente comprometido con el cumplimiento de sus responsabilidades. Y lo hace con firmeza, claridad e independencia, realidad que lo hace un gran amigo, no solo de Venezuela, sino de la libertad y de la democracia en las Américas. Un comportamiento sin precedente que nos llena de admiración y respeto.Veamos como ha reaccionado el Secretario General Almagro ante nuestra realidad política

El 29 de noviembre de 2015, Almagro le escribió una carta abierta de 18 páginas a la presidente del Consejo Nacional Electoral de Venezuela destacando que en Venezuela no estaban dadas las condiciones para un proceso electoral independiente, y que su rechazo (a los observadores electorales) se fundara en un posicionamiento político y no en los argumentos que hacen a la justicia y a las garantías necesarias para el desarrollo de un proceso electoral. Más claro imposible.

Pasadas las elecciones parlamentarias, el 12 de enero del 2016 con motivo de las ilegales actuaciones de la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia, que invalidaron la elección de 3 diputados de la Unidad opositora en el estado Amazonas, Almagro le dirigió una carta abierta al Presidente de Venezuela advirtiéndole: “La Carta Democrática me obliga a actuar si se afecta el proceso político institucional como un golpe directo a la voluntad popular en Venezuela que erosiona la democracia”.

Realmente, más que una carta fue una cátedra sobre principios y valores democráticos, sobre el deber de los gobernantes, sobre la soberanía popular. Es igualmente una condena al proceder del régimen del infame trio de Maduro-Padrino-Cabello. Veamos: “Usted se comprometió públicamente a respetar los resultados electorales del 6D. Todo lo que impida a un solo diputado asumir su banca es un golpe directo a la voluntad del pueblo. Es un concepto esencial de la democracia que el único soberano legítimo es el pueblo y, por lo tanto, interpretar y/o distorsionar lo que éste ha expresado en las urnas, afecta directamente la voluntad popular”.

Finalmente: “La Sala Electoral en su aplicación jurídica hace retroceder dramáticamente el derecho al siglo XIX. No podemos ir tan atrás en la historia de nuestra América, desconociendo mandatos sagrados. El más pleno respeto a las instituciones y al Poder que encarna la voluntad popular”.Mas claro imposible.

La advertencia que le hizo el Secretario General al presidente de Venezuela, de su obligación de actuar si se afecta el normal desarrollo de su proceso político institucional democrático, cobra hoy más importancia que nunca. ¿Y por qué lo aseguro? Porque el régimen usando un Tribunal Supremo de Justicia, absolutamente bajo su control, ha forzado a la oposición a aceptar la exclusión ilegal de tres de sus diputados. Y me temo que este acto es apenas el primer paso en su escalada contra la oposición, que hoy representa mas de las dos terceras partes del país. El propio ex presidente de la AN, Diosdado Cabello no ha podido ser mas claro: “Un pueblo rebelde no está obligado a cumplir la sinrazón de 108 fascistas (diputados de la Unidad) que obedecen a las órdenes imperiales. Tengamos conciencia que esta es una lucha de clases”.

Hoy el mundo conoce que enfrentamos a un régimen cuyas principales figuras civiles y militares -que de una u otra manera están vinculadas al narcotráfico, a la corrupción y a la comisión de delitos de lesa humanidad- no permitirán voluntariamente que nuestra victoria electoral del 6 de diciembre cambie la trágica realidad que sufrimos y el secuestro institucional del que somos víctimas.

Luis Almagro es un amigo de Venezuela porque la sabe vulnerada en su estabilidad institucional y erosionada su democracia, y está consciente del peligro que corremos los venezolanos y la estabilidad de la región. Pero los venezolanos que le dimos a nuestros diputados un poder electoral sin precedente para la defensa de nuestra soberanía popular y el rescate de nuestra libertad, debemos estar conscientes de que semejante responsabilidad no es delegable a nadie, ni siquiera a un gran amigo como el Secretario General de la OEA. Nos toca a nosotros.

EC