Extorsionadores están cobrando “en moneda dura: dólares y euros”

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mayo 29
/ 2016

A Fermín Mármol García la pasión por el estudio de los fenómenos criminológicos le viene de genética. Su padre, Fermín Mármol León, ocupó desde la dirección de la extinta Disip hasta el Ministerio de Justicia. El hijo —aunque con la herencia— ha acumulado méritos propios.

Docente universitario, asesor en materia de seguridad, está entre los más reconocidos analistas de uno de los mayores problemas de los que se queja el venezolano: la inseguridad personal.

—Usted ha mencionado la operación en Venezuela de ocho grandes bloques criminales. ¿Cuáles son?
—También los hemos llamado “microestados”. Están los colectivos armados, el pranato que opera en las cárceles, las bandas y megabandas organizadas, los pseudosindicatos de la construcción y minería, el ‘holding’ de la corrupción, el Frente Bolivariano de Liberación, los grupos irregulares (guerrilleros, paramilitares y garimpeiros), y el bloque del tráfico de drogas.

—¿De cuántas personas hablamos involucradas en estos grupos?
—Serían unas cien mil personas, responsables de una buena parte de los delitos que se cometen en el país…

—¿Hay un estimado de cuándo inició el auge de estos microestados?
—En el caso del pranato, ese ‘auge’ comenzó en 2006, aproximadamente, cuando el Estado comenzó a negociar con los reos y a hacer una suerte de concesiones. De allí vino la pernocta. Se comenzó a permitir que familiares de los reos se quedaran a dormir por dos o tres días dentro de las cárceles. Poco a poco eso derivó en fiestas, en alcohol… En algunas zonas comenzó a ser común que las muchachas asistieran, los fines de semana, a las cárceles, como si fueran a una fiesta patronal. Eso sigue sucediendo en los penales.

—Y la extensión de la operación de las bandas criminales desde las cárceles…
—Sí, por supuesto. Allí el tema es que hay que bloquear las llamadas telefónicas que se hacen desde los penales. Instalar bloqueadores de comunicación celular. Que tú no puedas llamar a un reo, ni él contigo, a menos que tú seas su familiar directo o su abogado, y que él te llame, por cobrar, desde unas cabinas que controle el ministerio, que se advierta con un mensaje que se graba la comunicación por motivos de seguridad. Porque desde las cárceles, extorsionan.

—Y de la extorsión parece arrancar todo. En Zulia, el robo de vehículos está apuntalado por esta práctica, según han informado las autoridades…
—Estoy de acuerdo. Asusta que la extorsión y el secuestro sean una suerte de industria que está en crecimiento. Y se han advertido nuevas modalidades de la extorsión. En Caracas, por ejemplo, los extorsionadores están cobrando en moneda dura: dólares y euros. No quieren bolívares porque implica mucho riesgo movilizar grandes cantidades en efectivo. Eso, poco a poco, va migrando al interior del país.

—¿Han funcionado las zonas de paz?
—No, porque el delincuente no tiene palabra. Y se predijo que no funcionarían, porque fue una experiencia importada, que trajeron de Centroamérica, donde no había funcionado. En la aplicación de las zonas de paz, una comisión del Gobierno se reunía con bandas criminales, y eso espantó la presencia policial de zonas populares que se convirtieron en una suerte de fuertes. De paso, el hampón seguía delinquiendo. Además, se logró que se sentaran en la misma mesa delincuentes de zonas distintas, que no se conocían, y lograron hacer alianzas.

—Como en el caso de la ‘sociedad’ entre ‘El Picure’ y ‘Lucifer’…
—Correcto. Ese es tan solo uno de los ejemplos. Por eso fracasó ese proyecto. El gobierno no puede permitir que existan zonas donde la policía no pueda entrar, donde son recibidos a tiros. Eso es inadmisible. Hay que profundizar aún más, desconcentrar e invadir el tejido social.

—Pero, se siguen realizando fases de la Operación para la Liberación del Pueblo (OLP)… recientemente se relanzó, están los casos de ‘El Picure’ y ‘El Topo’….
—Y tú dices, bien. Es como un ‘fresquito’, porque se ataca a las bandas pero en el momento en el que esas fuerzas de seguridad se retiran de los sitios donde practican las OLP, las bandas vuelven a reorganizarse. El plan desarme, que es una experiencia brasileña, ha tenido buenos resultados, pero debe difundirse más, tener otro tipo de campaña, más agresiva, en los medios de comunicación. Le falta alcance.

—¿Qué se puede hacer para revertir el alto índice de criminalidad en Venezuela?
—Hay medidas a corto, mediano y largo plazo. Hay un problema social de fondo, pero debe quedar muy claro que quien comete un delito va a tener un castigo. Eduardo Galeano decía que la impunidad le da propaganda al delito y estímulo al delincuente. Eso es lo que está sucediendo en Venezuela en la actualidad. Debe ser mayor el gasto en seguridad ciudadana, que el gasto militar, por ejemplo. Policías mejor y más dotadas.

—Mejores equipos, más tecnología…
—Y la policía no puede seguir reclutando bachilleres, sino profesionales universitarios. Eso mejora el nivel.

PN