Experimentos mentales; por Sumito Estévez

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enero 12
/ 2016

En el año 1812 se utilizó por primera vez el término gedankenexperiment para denotar a los experimentos conducidos en los pensamientos.

Tanto la Filosofía como esa otra rama de ella que es la Física adoran plantear experimentos mentales como recurso académico. Es probable que el experimento mental físico mas famoso es aquel que planteó el físico austriaco Erwin Schrödinger para poder explicar cómo afecta un observador las leyes físicas de la mecánica cuántica. Son experimentos que se plantean sin intención (e incluso muchas veces sin posibilidad) de llevarlos a cabo físicamente, pero cuya concatenación lógica de eventos permite obtener conclusiones que prueban teoremas.

A veces veo lo que pasa en Venezuela y siento que somos una especie de gedankenexperiment perverso de algún superburócrata fastidiado‎.

Hagamos pues un experimento imaginario.

Imaginemos (hipotéticamente, claro está) que el gobierno decide expropiar las fábricas de alimentos para animales. Y lo hacen alegando la seguridad y la soberanía alimentaria, por tratarse de una materia prima sensible y fundamental en el proceso de independencia agroalimentaria.

El recurso del subsidio es ampliamente utilizado por todos los gobiernos. Es indudable que es una de las formas de reparto de la riqueza. Imaginemos (insisto: hipotéticamente) que los nuevos gerentes de las compañías expropiadas deciden subsidiar el precio por kilogramo del alimento para animales, para que el bajo precio garantice que el producto final sea asequible a la mayor parte de la población.

Y ahora, para no complicar mucho nuestro gedankenexperiment, limitémonos a imaginar que se trata del alimento para vacas.

Imaginemos que estos nuevos gerentes de las compañías expropiadas tienen que aprender cómo se maneja el negocio de producción de alimento para vacas. No es tan fácil como prender una máquina que hace alimentos o preguntarle a los trabajadores “Mira, chico, ¿cómo es que se hace esto?”. El asunto implica rearmar acuerdos crediticios para importación de materia prima (pues sí: para hacer materia prima hay que importar otra materia prima) y restablecer sistemas de distribución y cobranza. En fin, aspectos gerenciales que toma sus buenos años aprender.

Nosotros, mientras tanto, sigamos imaginando: ahora la producción de la nueva comida barata para vacas cae estrepitosamente. Y así nuestro experimento imaginario nos ha llevado a un escenario donde hay muchas vacas hambrientas y poca comida. Si trasladamos esto a lo que ha pasado con nuestros programas de modelo social, será sencillo predecir el resultado: contrabando y mercado negro.

Imaginemos (no está de más repetirlo: hipotéticamente) que el productor, ése que siempre ha estado literalmente sembrado en estas tierras, no quiere ver morir de hambre a sus vacas y mucho menos quedarse sin modo de vida. ¡Miren que interesante! En nuestro experimento se acaban de crear tres nuevos tipos de ganaderos: el primero son los que consiguen el alimento a precio subsidiado; el segundo son esos que deben comprar el alimento en el mercado negro; y el tercero lo forman aquellos que se quedan sin vacas porque no tienen contactos ni tienen para ir al mercado negro. Pero, un tiempo después, debido a que el éxito de las relaciones financieras es directamente proporcional a la rentabilidad, también desaparecerán los primeros y sólo quedarán los del medio.

Volvamos a la idea de que hay un burócrata perverso detrás de este gedankenexperiment. Uno que, por supuesto, jamás ha llenado de estiércol sus zapatos recorriendo el campo. Imagínelo en su oficina sacando cuentas para decidir cuánto cuesta producir un litro de leche. Suma los gastos de nómina, los metros cuadrados, veterinario, los impuestos… y el alimento para vacas. ¡Y listo! Ya cree que sabe cuánto vale producir un litro de leche. Y digo “vale” porque lo que no él sabe es cuánto cuesta producirlo.

Entonces el burócrata saca su cuenta y le suma ese 30% de ganancia para el productor que manda la Ley, no vaya a ser que se nos muera de hambre.

El problema en nuestro gedankenexperiment es que el precio de kilo de alimento para vacas que se toma es el subsidiado. Y ése es el elemento protagónico de la fórmula del burócrata. El escenario paradójico puede resolverse fácilmente a favor del funcionario: ¿quién manda al productor a incentivar el delito comprando en ese mercado tan poco matemático que es el negro? Visto así el delito es del comprador y no del vendedor y se queda en la fórmula el precio subsidiado del alimento para vacas.

Y es en función de ese precio que se fija el precio máximo de venta por litro de leche.

Llamemos a ese precio omega: Ω. Pues bien: usted y yo ya sabemos que Ω es menor de lo que en verdad es el valor de producción de un litro de leche de vaca.

Recordemos que el precio real del alimento de vaca para quien lo compró en el mercado negro no es ése que el burócrata anotó.

Así llegamos a un escenario más en nuestro gedankenexperiment: aquellos productores que vendan la leche por encima de Ω van presos, pero si la venden a Ω se mueren de hambre (y al rato se le morirán de hambre las vacas también).‎

“¿Qué hacer? ¿Qué hacer? ¿Qué hacer?”, se preguntan y quienes me acompañan hasta estas alturas del gedankenexperiment.

“¡Ya sé! ¡Que los productores de leche hagan tortas o dulce de leche y lo vendan a un precio que les permita mantener operativa la producción!”, dice alguno. Y es brillante su solución joven. El problema es que ya no habrá leche para vender y se supone que nuestro gedankenexperiment se planteó para que hubiese leche para todos. Pero así es la ciencia: no siempre llega al resultado esperado, sino al lógico.

¿Entonces? ‎ ¿‎No hay nada que hacer? ¿Dónde ven ustedes la solución posible? ¿A alguien de ustedes se le ocurre otro final para este gedankenexperiment?

Por Sumito Estévez

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