Es prescindible ; Por César Miguel Rondón

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febrero 18
/ 2016

Cinco horas tuvo en jaque Nicolás Maduro al país. El presidente, que abusa de la situación nacional, tiene que aprender a ahorrar. Y lo primero es aprender a respetar el tiempo de los venezolanos, porque hay mucho que hacer y hay que ahorrar, entre tantas urgencias, en el palabrerío hueco e inútil. Cinco horas para hacer unos anuncios que se han podido decir fácilmente en 10 minutos. Sobre todo, porque lo medular, lo más importante, lo van a explicar después, en algún momento vago e impreciso, Miguel Pérez Abad o Aristóbulo Istúriz según el dictámen del propio Maduro.

Chistes tontos sobre quién es del Real Madrid o del Barza; frases brillantes como: “El poder lo puede todo”. Inexactitudes sobre el precio de la empanada o de la malta (no pegó ni una). En eso se fueron los minutos, mientras el país continuaba, como continuará después de esos anuncios, cayéndose.

“Maduro lanza paquetazo”, titula hoy 2001. “Brutal aumento de la gasolina”, titula El Nuevo País. Diarios oficialistas como Últimas Noticias: “Maduro mueve la economía”. Correo del Orinoco, la Artillería del Pensamiento: “Acciones para enfrentar la crisis”. “Medidas con profundo carácter social”, según el diario Vea, mintiendo abiertamente porque si algo quedo claro de los anuncios es que el principal interés del gobierno es protegerse y hacerse de más dinero a costa de los venezolanos. Del llamado venezolano de a pie, que ahora queda mucho más desamparado que antes.

Como señalamos, Maduro dejó en manos de Miguel Pérez Abad, nuevo vicepresidente para el área económica, las precisiones de fondo. Pérez Abad ha estado durante largos años al frente de Fedeindustria, el gremio que reúne a los pequeños y medianos empresarios. ¿Cómo le va a explicar el vicepresidente a esos sus colegas, los pequeños y medianos empresarios, que les acaban de poner la daga en la yugular?

No hubo ningún anuncio que reactivase verdaderamente la economía. Ningún anuncio para paliar la angustia del venezolano que hace largas colas. La escasez se incrementará, sin duda. Ningún anuncio para frenar la inflación. Solo impuestos y aumento de la gasolina que serán, sencillamente, más bolívares para el gobierno. Bolívares que va a manejar, según informó, un Fondo Nacional de Misiones. Otro cascarón burocrático. Además, advirtió que el Bicentenario está podrido, y reconoció que a él lo que le gusta es el abasto. Confesión importante que evidencia que su manejo de la economía no va más allá del concepto pulperil de la misma.

“Sin divisas, destrucción del aparato productivo y sin confianza, los anuncios son sal de trufa en un bistec podrido”, declaró Luis Vicente León a propósito de los anuncios, tal como leo en 2001. “Las medidas no corrigen distorsiones cambiarias, fiscales y de precios que propagan inflación, castigan producción y agravan escasez”, dijo por su parte el exministro Víctor Álvarez. “Si alguien tenía duda sobre las intenciones de Maduro. ello se acabó esta noche: declaró la guerra al sector productivo”, cita de María Corina Machado. Y Asdrúbal Oliveros hace una observación importante: “Cualquier corrección hoy hace menos duro el ajuste a futuro, especialmente para un gobierno distinto”. ¿A dónde apunta esta idea? A la cercanía de un cambio de gobierno. El señor Maduro, desde anoche, ya no puede seguir hablando de eso que él llama guerra económica. Ya no puede seguir echándole la culpa a los demás por la desgracia que él acentuó y que está acabando con el país. Él es el único responsable.

Después de los anuncios de ayer, hay que proceder a enseriar no solo la economía sino el país como un todo. Como leí en tuit anoche: “Maduro ahora es prescindible”.