China liberará al último preso de Tiananmen tras 27 años

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mayo 05
/ 2016

El último preso conocido que queda en las cárceles chinas por haber participado en las protestas prodemocráticas del año 1989 en Tiananmen saldrá de prisión este octubre. Miao Deshun fue condenado a pena de muerte suspendida -lo que equivale a cadena perpetua- por quemar un tanque durante los enfrentamientos con el Ejército, cuando el régimen chino decidió utilizar la fuerza para desalojar a los miles de manifestantes que habían ocupado la plaza de forma pacífica durante meses.

Miao lleva entre rejas 27 años y su sentencia se ha reducido en tres ocasiones. La última ocurrió el 7 de marzo, cuando un tribunal pequinés le rebajó 11 meses de condena, según informó esta semana la fundación Dui Hua, con sede en Estados Unidos y que lucha por los derechos de los presos en China. Miao, que entró en la cárcel con 25 años y ahora tiene 51, quedará libre el 15 de octubre, según la ONG. La Justicia china no ha confirmado la información y solamente está obligada a notificar la liberación de un preso a los familiares.

Miao, un obrero oriundo de la provincia de Hebei -colindante con Pekín- fue declarado culpable de incendio intencionado cuando arrojó una canasta a un tanque en llamas. Fue uno de los 1.600 detenidos que recibieron sentencias formales de prisión. A pesar de ser un delito menor, su condena ha sido tan larga porque, a diferencia de otros presos, Miao rechazó firmar cartas de arrepentimiento y no llevó a cabo trabajos penitenciarios. De hecho, ni siquiera apeló la sentencia cuando inicialmente fue condenado a muerte.

El preso no ha tenido contacto alguno con el mundo exterior durante varios años. No se ve con su familia desde hace una década porque él mismo les pidió que no fueran a visitarle más y en ocasiones hasta rechazó reunirse con ellos. Uno de sus compañeros en la cárcel, el también activista detenido tras el desalojo de Tiananmen Zhang Yansheng, aseguró a Radio Free Asia (RFA) que Miao tiene “problemas mentales severos”, entre ellos esquizofrenia, además de estar enfermo de Hepatitis B. En 2003 fue transferido al centro penitenciario de Yanqing, cercano a la capital china, que cuenta con una unidad para prisioneros mayores, enfermos y discapacitados. Es muy probable que desde entonces haya permanecido confinado en una celda sin compañía.

“Damos la bienvenida a esta noticia y expresamos nuestra esperanza de que (Miao) recibirá el cuidado que necesita para reanudar una vida normal después de pasar más de la mitad de ésta entre rejas”, aseguró John Kamm, director ejecutivo de la Fundación Dui Hua, en un comunicado. La ONG ha tratado de obtener durante años toda la información posible sobre los ciudadanos que acabaron en prisión por sus vínculos con este dramático episodio de la historia reciente de China, que se saldó con la muerte de entre centenares y miles de personas -Pekín nunca ha dado un balance oficial de fallecidos-.

China castigó a miles de personas tras la dura represión de las manifestaciones por parte del Ejército. Además del millar que envió a la cárcel, muchas más fueron destinadas a campos de trabajos forzados para que fueran reeducados al ser tachados de “contrarrevolucionarios”. Actualmente las familias de las víctimas siguen pidiendo justicia y compensaciones por lo que pasó, pero Pekín continúa silenciando los hechos y sometiendo a vigilancia a activistas y familiares cada vez que se acerca el 4 de junio, día en que los tanques del Ejército chino entraron en las calles de Pekín y acabaron de un plumazo con los sueños de democracia del movimiento estudiantil.

EP