¡Entérese! Por qué la reputación del colesterol “bueno” se tambalea

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marzo 12
/ 2016

¿Cómo una mujer de 67 años con un colesterol “bueno” por las nubes podría tener sus arterias obstruidas? Este caso excepcional dio la pista a un grupo de investigadores de la Universidad de Pensilvania (EE.UU.) para cuestionar los beneficios protectores de este tipo de colesterol. Hasta la fecha tener elevado el HDL, popularmente conocido como colesterol “bueno”, era una garantía de salud cardiovascular y compensaba el aumento del LDL o colesterol “malo”.

Estos científicos hallaron la causa de esa paradoja: la culpa era de una mutación genética que impide al colesterol “bueno” cumplir su misión y barrer el “malo” para que no se acumule en las arterias. “Es como si una ciudad no tuviera suficientes camiones de basura para retirar los desperdicios que se generan hasta provocar una acumulación peligrosa, explica Héctor Bueno, investigador del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) y cardiólogo del Hospital Doce de Octubre de Madrid.

Ahora esta nueva investigación, que acaba de publicar la prestigiosa revista “Science”, arroja nuevas dudas sobre las ventajas de tener elevado el HDL, en el que se basan todas las recomendaciones nutricionales para alejar la enfermedad cardiovascular.

Las cifras que hoy se consideran saludables se sitúan en torno a los 100-120 para el LDL o colesterol “malo”, y entre 50 y 55 para el “bueno”. Para mantener estas cifras saludables se aconseja tomar frutos secos, como las nueces, o pescado azul, como el salmón, las sardinas o el atún.

Evidencias ignoradas desde hace décadas

¿Y a partir de ahora qué? ¿debemos cambiar las recomendaciones nutricionales conocidas? ¿se pone fin a un paradigma? “Depende de a quien se le pregunte”, responde José Ordovás, director de Nutrición y Genónmica de la Universidad de Tufts (EE.UU).

Este investigador que ha participado en el estudio cree que es necesario poner fin a conceptos “simplistas”. “La buena fama del colesterol “bueno” viene de estudios epidemiológicos observacionales con todos los problemas de interpretación que conllevan. Sin embargo ha perdurado el concepto simplista en los últimos cuarenta años. En 1980 se descubrió en Italia una mutación genética que reducía el colesterol bueno y paradójicamente protegía de la enfermedad cardiovascular lo cual debería haber tambaleado la reputación del colesterol bueno, pero no hizo mucha mella y los investigadores prefirieron ignorar esa sólida evidencia y señal de alarma de que las cosas no eran tan sencillas como la epidemiología sugería”.

Veinte años más tarde se siguieron obteniendo resultados similares y utilizando técnicas genéticas más sofisticadas el grupo de Ordovás demostró que los niveles de colesteriol bueno per sé decían muy poco acerca del riesgo cardiovascular. “En resumen, desde hace unas cuantas décadas hemos sabido que los niveles de colesterol bueno son poco informativos pero se han seguido utilizando como una medida de riesgo”, indica Ordovás.

El limpiador de las arterias

La función más conocida del colesterol “bueno” es transportar el exceso de colesterol de las arterias al hígado. Pero que una persona tenga unos niveles bajos del colesterol podría significar o que ese transporte no funciona bien o por el contrario que funciona muy bien. José Ordovás pone un ejemplo sencillo: “Si en una autopista tomamos una foto en un momento con pocos coches no sabemos si ese que hay pocos coches circulando o es que los que hay se mueven muy rápidos. Es decir en una persona se pueden medir los niveles de colesterol bueno en un momento determinado pero no sabemos si es que hay poco colesterol bueno o que el transporte del mismo es muy rápido y eficaz. También nos podemos encontrar con que hay mucho colesterol bueno, pero el colesterol no se mueve al hígado que sería el equivalente de una autopista llena de coches pero sin ir a ninguna parte”.

En su opinión, lo importante es desarrollar medidas que nos informen de cómo las HDL (colesterol bueno) funcionan y no de cuanto hay (que es lo que se ha venido haciendo). A este respecto la genética nos puede ayudar en gran medida.

Seguir con consejos nutricionales clásicos

El cardiólogo Héctor Bueno prefiere ser más conservador. Aunque reconoce la complejidad del HDL, no ve razones para poner fin a ningún paradigma. “Comer alimentos ricos en colesterol “bueno” como el pescado azul o el aceite de oliva virgen extra y reducir las grasas animales ricas en colesterol “malo” es aún el mejor consejo. Debemos mantener las mismas recomendaciones nutricionales”, asegura.

 

ABC