El poder de una firma ; Por Carolina Jaimes Branger

A- A A+
junio 21
/ 2016

Tantas firmas invalidadas por sinrazones en la primera recolección para el Referendo Revocatorio, nos dan una idea de cuánto valor tiene cada una de ellas.

Y es que una firma es un instrumento de poder. La firma de un juez, por ejemplo, puede absolver, pero puede también enviar a la cárcel de por vida a una persona. En los países en los que subsiste la pena de muerte, la firma del juez pone en marcha el proceso mediante el cual se pondrá fin a la vida del reo.

Las firmas cierran contratos multimillonarios y decretan bancarrotas. Las firmas sellan matrimonios y resuelven divorcios. Las firmas avalan pagos. Las firmas comprometen. Las firmas se constituyen en arras, hipotecas, ventas, compras.

Las firmas dan fe de autoría. Las firmas apoyan causas. La primera vez que tuve conciencia de lo que valía mi firma fue cuando firmé mi primer cheque, de la cuenta que abrí con el sueldo que percibí cuando realicé la pasantía de la universidad.

He tenido, a lo largo de mi vida, la oportunidad de estampar mi firma muchas veces. Y en ocasiones, cuando he firmado, he sentido la trascendencia y la responsabilidad que esa firma, en su momento, significaba. En los últimos años, he firmado documentos que he considerado trascendentes. Y a dos de esos documentos me quiero referir:

A partir de 1999, varios estados del norte de Nigeria adoptaron la Legislación Penal Sharia, que no es otra cosa que la aplicación de castigos crueles e inhumanos, torturas, degradación de la dignidad humana y penas de muerte. A pesar de que Nigeria forma parte de la coalición de países que firmó el tratado contra la tortura y otros tratamientos y castigos crueles, degradantes e inhumanos dentro del Convenio Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la Legislación Sharia ha producido castigos que van desde los azotes y la amputación de miembros, hasta sentencias de muerte por lapidación. Estas últimas, afortunadamente, no se han llevado a cabo. Y no se han llevado a cabo por la fuerza de millones de personas que mediante su firma, han alzado su voz de protesta ante el gobierno de Nigeria y todas las ONGs que defienden los derechos humanos ante las Naciones Unidas.

Yo firmé para interceder por Safiya Hussaini, del estado de Sokoto, condenada a morir lapidada por el delito de adulterio, nunca probado. El hombre con quien supuestamente había tenido relaciones fue absuelto de inmediato. Y aunque hubiera sido comprobado el adulterio, nadie merece que lo maten a pedradas por haberlo cometido. Las piedras que se usan para la lapidación son del tamaño del puño de un adulto y dicen que el impacto es de tal magnitud que terminan por arrancarle la cabeza al sentenciado. Safiya, gracias a las diligencias de Amnistía Internacional y a nuestras firmas, fue absuelta.

Firmé después por Amina Lawal, del estado de Katsina, quien también fue absuelta. Amina se salvó en la raya, pues sólo esperaban que terminara de amamantar a su bebé para lapidarla. Como Safiya, nunca se comprobó que hubiera cometido adulterio.

¿Cuál fue la firma que logró salvar a esas dos mujeres?… ¡Todas lo lograron! Cada una de esas firmas fue importante. Por eso, si usted alguna vez duda acerca del poder de una sola firma, piense en la respuesta que le darían Safiya o Amina.

Otros –mujeres en su mayoría- no corrieron con la suerte de Amina y Safiya. Nadie firmó por ellas y fueron lapidadas. Como la niña Aisha Ibrahim Duhulow de 13 años, quien en octubre de 2008 fue enterrada hasta el cuello en un estadio de fútbol de Somalia y lapidada frente a más de mil personas. La lapidación se produjo después de que supuestamente se había declarado culpable de adulterio en un tribunal de la Sharia en Kismayo, Somalia. Los funcionarios de Amnistía Internacional más tarde se enteraron de que la joven había sido detenido por la milicia de Al Shabab, después de que ella denunció haber sido violada por tres hombres.

Por eso, si su firma fue de las que pasó la talanquera del CNE, ¡vaya a validarla!. Aunque tenga que viajar cientos de kilómetros. Aunque tenga que hacer cola, que estoy segura será la única que hará con gusto. Cada firma importa. No nos podemos dar el lujo de no validar una firma, porque invalidaron demasiadas. Gracias adelantadas en nombre de todos los que quisiéramos validar y no podemos porque nos excluyeron. Está en sus manos abrir el proceso para salir de esta pesadilla.