El momento no admite equivocaciones; por Luis García Mora

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enero 12
/ 2016

Amanece 2016, y no es cliché o estereotipo: el país se nos deshace entre las manos. No es el momento de la altisonancia o la bravuconería.

La crisis o la “guerra” institucional que comienza con el año no pierde ni un átomo de gravedad. Todos los extremismos, de lado y lado, tendrán que ser depuestos, de una forma u otra. Y esos “¡Sácame esa vaina de ahí!” y “¡No seas pendejo, chico!” en la boca del nuevo presidente de este parlamento venezolano, tan degradado por la grosera y despótica conducción de un incivil que amenazaba con una mandarria autoritaria, es absolutamente impropia en estos momentos.

La necesaria e imprescindible unidad opositora que nos ha ayudado a vencer tantos obstáculos, no puede ahora servir sólo para consumirse en sacar cuentas y desembarazarse de los rivales.

O, peor aún, para actuar sin ninguna imaginación.

El momento no admite equivocaciones.

El actual modelo institucional ha colapsado. Estamos iniciando el camino dificultoso, peligroso, y hasta seguramente doloroso, del proceso de cambio y de transición política y económica.

Y esto exige nervios templados y sangre fría.

No se puede despilfarrar tanta energía política en actos de agravio y de desagravio por cuestiones baladíes, que desautorizan cualquier decisión importante entre sentencias judiciales de un TSJ inservible y peligrosos actos de fanfarronería que obligan, por encima de un estamento civil huérfano de instituciones que funcionen, a que sea la Fuerza Armada, con la acechanza internacional, la que se vea obligada a poner orden y a marcar el terreno de juego.

Como ocurrió, primero, cuando Padrino López y el Alto Mando Militar se vieron exigidos a imponer orden para que el Gobierno respetara los resultados en las pasadas elecciones parlamentarias del 6-D. Y luego el 5 de enero, para permitir que se instalara el nuevo Parlamento electo.

Y ahora, cuando ante un brote de desborde institucional del lado opositor, ha tenido que obligarse a marcar de nuevo el terreno. Esta vez defendiendo –con un ojo puesto en la FAN, donde hay un sector de apoyo al régimen importante– la memoria de Bolívar (en cualquiera de sus símbolos, bien o mal utilizados), la del presidente Chávez y hasta la imagen del actual Presidente en ejercicio pues, aunque no se crea, es un muy serio asunto de equilibrio de Estado, si se quiere evitar el desorden y el caos.

Que es a lo que más se le teme hoy.

Aparte de que en la acción se agravió, sin ningún beneficio práctico, a un componente enorme chavista que ha contribuido directamente con su voto castigo al presidente Maduro, para conseguir esos más de 2 millones y medio de ventaja de diciembre, para que hayamos podido acceder –se espera que responsablemente y para bien– a esta renovación parlamentaria de transición.

Se camina sobre una muy delgada capa de hielo y los pasos hay que darlos, pero darlos firmes. Institucionalmente pensados y bien medidos.

Y el párrafo del líder militar no hay que olvidarlo, al expresar de parte de la FANB, “su profunda indignación por la forma irrespetuosa, cargada de soberbia y desprecio, conque se ha ordenado retirar las imágenes del Libertador Simón Bolívar, del Comandante Supremo de la Revolución Bolivariana Hugo Chávez (que sí, no se ha acabado por el hecho de ganar la Asamblea), y del ciudadano Nicolás Maduro Moros, Presidente Constitucional de la República”.

Punto.

Y alrededor de esto: prudencia y mas prudencia –para quien obedezca a la sensatez que exige la hora–, para armar y desarmar el juego político.

En un evento también reciente, y que curiosamente pasó por debajo de la mesa, el abogado constitucionalista Herman Escarrá (y no el Presidente de la República, de quien únicamente esto se espera), se reunió en el Fuerte Tiuna con los altos jefes militares de la FAN y con el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino (tuiteado por el perfil del Ministerio de la Defensa). Allí se propuso un “Pacto de Estado” con todos los sectores del país: económicos, sociales, políticos, eclesiásticos y componentes de la FAN, dando la bienvenida “al pluralismo político y a la alternabilidad sin revanchismo, ni demagogia… en la que la FAN debe actuar respetando la voluntad del pueblo y en el marco de la Constitución por el desenvolvimiento de la gobernabilidad. ”

Sin hablarse de los poderes constituidos.

Con una visión militar suprapolítica, que obedece a la necesidad que subyace, debajo de cualquier ajetreo político inútil, de establecer un mecanismo de construcción de consensos en torno a las reformas económicas e institucionales urgentes, para echar a andar una agenda compartida por los poderes públicos, en torno a un impostergable programa real de ajuste económico.

Un ajuste que, para que resulte exitoso, la mayoría opositora en la AN no puede imponer sin el necesario consenso de un Gobierno no convencido sin que exacerbe una crisis de gobernabilidad con resultados impredecibles.

Una mayoría opositora que tampoco puede permanecer inactiva ante el reclamo (el martes próximo la bancada chavista llevará ante la cámara una propuesta para decretar un estado de emergencia económico), creyendo que no absorberá costos por ello, al no querer compartir responsabilidades políticas con el único culpable de la catástrofe, el Gobierno.

Un Gobierno que sabe, al igual que la actual directiva de la Asamblea, que se acaba el tiempo, y que no es el momento —de aquí en adelante jamás lo será— de olvidarse de lo macro (la gran dimensión de la crisis) en función de lo micro (esta pelea barriobajera circunstancial).

Maduro dispone de muy pocos meses (¿tres? ¿seis?) para resolver esta crisis, evitar el desbordamiento institucional, y evitar o demorar el estallido social.

Dadas las obligantes circunstancias de creciente ingobernabilidad, el gabinete ministerial, con la probable excepción de Aristóbulo Istúriz, veterano negociador político en la vicepresidencia, pasa por ser sólo maquillaje.

El costo de un Poder Público inoperante es alto ante un quiebre estructural que exige un giro completo.

Se renueva el gabinete pero se insiste en la misma desgastada apuesta económica y el “levántate Lázaro” de los gallineros verticales. Se pone a Jesús Farías y Pérez Abad con un Luis Salas que es lo mismo que decir Tony Boza y José Gregorio Piña o el español Alfredo Serrano Mancilla, tenidos personas que no saben ni de economía ni de qué están hablando y que les toca enfrentar esta cegadora hiperinflación, y las largas colas para comprar alimentos y medicinas desaparecidos.

Junto a un tic-tac que ya advierte que de pasar el conflicto de lo institucional a la calle, cuando se movilicen las bases sociales, ante el caos y la lacerante ingobernabilidad, el destino de Maduro puede haberse cantado.

Todos los factores están corriendo.

No hay espacio para la gradualidad.

Ya a la clase política venezolana se la acusa desde el exterior de vedetista, extremista y sectaria. Una clase política para la que todo es bronca, despilfarro e improductividad, causante de una democracia envilecida y distorsionada.

De manera que habría que cambiarse de onda.

Y adoptar la consigna de “prudencia y más prudencia”.

Como dice un economista que se las trae: “Todos los procesos hiperinflacionarios se paran de un solo golpe.”

Cráteres

—Nosotros no determinamos el mundo. El mundo nos determina a nosotros. Con unas reservas internacionales líquidas de menos de 2 mil millones de dólares, un déficit endémico de mas de 10% del PIB y una monetización de ese déficit; con los precios que le llevan una morena en velocidad a la fabricación inorgánica de billetes, un Gobierno con un poder monolítico sin cabeza, esta semana el petróleo prolongó su caída libre. La capacidad de almacenamiento mundial sobrepasó el 90 por ciento. Y Maduro recuerda lo que le dijo su ministro de petróleo Del Pino en diciembre antes de la reunión de la OPEP: “Los bajos precios del crudo han llevado a que se haya ocupado el 90 por ciento de la capacidad de almacenamiento mundial, y de continuar la tendencia se llegará al 100 por ciento en el primer trimestre de 2016. Y cuando esto pase, pudiéramos estar en las puertas de una catástrofe”…Y con hiperinflación y un desabastecimiento alimentario y terapéutico a nivel de crisis humanitaria, sería idiota que el país se inmolara junto a Maduro. Maduro no oye, no escucha ni siquiera a Raúl Castro, ni a Correa ni a Evo ni a Putin ni a Pepe Mujica ni a Xi Jimping… Corre solo. Como en la película Transformers en la que alguien le dice al otro: ¡No sé que está pasando pero no dejes de correr!

—“Arrogancia ideológica delusional”, lo llaman. Delusional thinking, o pensamiento delirante. Dicho o hecho disparatado. De esto se trata lo que conduce nuestra economía, y nuestra crisis institucional.

—No tiene real, no tiene fuerza, no tiene piso. Me dicen que PDVSA tiene 4 meses que no le da un dólar al Banco Central, y éste no sabe por qué. Con las reservas internacionales en efectivo prácticamente en cero y con el BCV que ha venido disponiendo del oro poco a poco y poniéndolo como garantía, “no hay plata ni hay plan”. “Y las importaciones se han recortado al nivel del “Caracazo” del 89, de la crisis bancaria del 94-95 y de la huelga general de 2003, lo que lleva a un “coñazo” de escenario, ya que, al contrario que ahora, en aquellos casos Venezuela, tenía capacidad productiva, y hoy no, el país fue estrangulado económicamente. Usaron los DEG (Derechos Especiales de Giro) del FMI, se volaron 7 mil millones de las reservas, vendieron la deuda de Petrocaribe (de República Dominicana, Nicaragua y Haití) y no puedes recortar más las importaciones. Con un hueco de 25 millones de dólares para 2016, y una crisis alimentaria, en la que o dejas de pagar la deuda o el caos. “Un default al que ellos le tienen terror: porque es lo desconocido. O pagas la deuda y no comes, o comes y no pagas la deuda. Y no pueden reinventarse con un ajuste económico porque no pueden, y porque además no creen en esa vaina”…

—Puestos a buscar el mecanismo constitucional de salida, el único es el RR o, la renuncia. El referéndum es el único que el Gobierno acataría, que le conviene y del que no tiene como zafarse. A la enmienda, de aprobarse, el Tribunal Supremo la declararía ilegal, por aquello de que lo que se consulta debe ser motivo de una Reforma Constitucional, para lo que necesitas, como para la Asamblea Constituyente, los 112 diputados. Sólo te queda el RR.

Por Luis García Mora

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