El final de una larga desgracia ; Por Freddy Núñez

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marzo 09
/ 2016

Tras 17 años de corrupción, aventurerismo e ineficiencia, no podían producir otra cosa, que la sumatoria de calamidades que padecemos los venezolanos. El régimen de Nicolás Maduro, ha creado lo que podríamos denominar, un desastre perfecto. A la mezcla explosiva de escasez de todo, carestía impagable de lo que se consigue, crisis generalizada de los servicios públicos y hampa incontrolable, se han agregado, con todas sus predecibles y nefastas consecuencias, un estado crítico del servicio eléctrico y un cada vez más restringido suministro de agua. Se robaron y dilapidaron los ingresos más cuantiosos de nuestra historia, con los cuales hubieran podido ser solventados todos estos problemas.

Esta realidad se traduce en un apreciable malestar social, que parece tener sin cuidado al gobierno. Casi puede uno creer que le interesa la profundización de esta angustiosa situación, apostando a una explosión social que les brinde la coartada para intentar pasar de exclusivos responsables de cuanto ocurre, a “víctimas” de una oposición que no los ha dejado continuar “la extraordinaria obra de la revolución”. Solo una enfermiza pasión por el poder y el dinero, puede explicar la negativa a aceptar la voluntad popular expresada de manera rotunda el 6D. Y solo una irresponsabilidad peligrosa puede explicar el intento de desconocer esa voluntad utilizando un poder deslegitimado, para violar la constitución y cometer todo tipo de desafueros.

Es inaudito que siete personas de la sala constitucional (y en la última decisión, 4) pretendan violentar la voluntad del poder originario. Obviamente no se trata de un problema jurídico, en ese campo no tienen nada que buscar, se trata de la utilización política de un poder espurio. Es una política de intimidación y de siembra de pesimismo ante un hecho evidente, esto se acabó, no podrán seguir desgobernando teniendo al país en contra. Una cosa son instituciones vacías, y un alto mando militar que no representa la voluntad del cuerpo, y otra muy clara, el repudio cada vez mayor de la ciudadanía.

El régimen pareciera optar por la violencia, basta con ver la posición asumida frente a la ley de amnistía y reconciliación nacional, o como se han multiplicado los ataques a representantes del pueblo e incluso a comunidades de vecinos, por parte de colectivos de delincuentes, obviamente pagados para ello. Aquí por cierto viene a cuento, relatarle a ese trío de ostentosa ignorancia integrado por Carreño, Cabello y Héctor Rodríguez, un hecho histórico. En 1946, a menos de un año de finalizada la II guerra, en una Italia destruida, dividida entre fascistas y antifascistas, Palmiro Togliatti, secretario general del partido comunista, integró el gobierno de reconstrucción que lideraba Alcide De Gásperi. En tal condición propuso y logró la aprobación de una ley de amnistía que fue el inicio del reencuentro de la sociedad italiana, y el cese del odio tantos años inoculado por el gobierno de Mussolini. Claro que para estas cosas se requiere una elevada conciencia política sobre el significado del estado, saber que este no puede manejarse como una cantina.

El gobierno debe asumir la realidad, no puede seguir pretendiendo ignorar lo evidente, que el país le dio la espalda por sobradas y justificadas razones. La encuesta más benévola refleja que el 80% de los venezolanos desea un cambio de gobierno. Es una obviedad que el régimen no puede solucionar uno solo de los problemas señalados, es más, la única certeza que se tiene hoy, es que la crisis global que padecemos se agrava cada día. La única opción a la desesperación cotidiana, es esa, un cambio de gobierno. En ese sentido, Maduro tiene en sus manos la más sensata solución política, la renuncia. Gesto que le reconocerá la historia y le agradecerá el país. Al hacerlo estará interpretando cabalmente la voluntad popular y podrá convertirse en el líder que salve para el futuro al sector político que representa.

Entre tanto la oposición debe avanzar con sus propuestas constitucionales, convirtiendo desde ya el referéndum revocatorio, como lo viene haciendo Henrique Capriles, en la agenda política del ciudadano. El revocatorio debe ser una gran herramienta de movilización popular que permita expresar de manera terminante, la voluntad democrática del país de darse este mismo año un nuevo gobierno capaz de enfrentar de inmediato los problemas fundamentales. ¡Ah! Que Maduro asumió su responsabilidad histórica y favoreció la vía más racional, pues bienvenida tan salomónica solución, significará el final de una larga desgracia.