El factor Rodríguez Torres ; Por Vladimir Villegas

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abril 05
/ 2016

Miguel Rodríguez Torres es uno de los históricos del chavismo. Su nombre está indefectiblemente vinculado al 4 de febrero de 1992, y él fue uno de los hombres más cercanos a Hugo Chávez Frías. De hecho, durante largos años el fallecido mandatario venezolano le encomendó la conducción de la policía política, antes Disip y ahora Sebin.

Desde que fue relevado como ministro de Interior, Justicia y Paz, Rodríguez Torres se ha tomado libertades que antes le eran vedadas, por razones obvias. Y una de ellas es la de opinar. Primero, por medio del Twitter, y luego, ahora con un poco más de soltura, entrevistas en diversos medios de comunicación, que alimentan la polémica sobre sus presuntas aspiraciones político-electorales.

El general Rodríguez Torres se ha convertido en una figura particularmente incómoda, impredecible e incontrolable para la dirigencia del Partido Socialista Unido de Venezuela. Ha abierto una brecha en medio del aparente monolitismo que caracteriza más que al chavismo al pesuvismo. Sus llamados al diálogo, a la reconciliación y al perdón, en plena sintonía con lo afirmado en su mensaje Urbi et Orbi por el papa Francisco, y sus críticas a la manera como Diosdado Cabello ha dirigido el partido y a las fallas en las políticas de seguridad que ha venido adelantando su sucesor, provocaron algunas reacciones, la del propio Cabello, la de Freddy Bernal y recientemente la del gobernador de Aragua, Tareck el Aissami.

Palabras más palabras menos, Cabello, sin nombrarlo, le ha dicho que está hablando bonito para que la oposición lo mire bonito. Bernal, lo acusa de utilizar el mismo lenguaje de la Mesa de la Unidad Democrática. Y El Aissami señala que “unos pocos han sido tocados en su ego y acarician la traición”. En dos platos, estos importantes voceros del PSUV lo están colocando de hecho en eso que el difunto Eliézer Otaiza llamaba “estado general de sospecha”.

Pero, finalmente, ¿qué hará la dirigencia del chavismo con Rodríguez Torres? ¿Habrá algo más que las declaraciones de Diosdado y Bernal? ¿Manejarán con mano zurda esta situación? ¿O por el contrario buscarán la manera de que el enigmático general se vaya de una buena vez del chavismo y caiga en los brazos de una oposición donde tiene muchos detractores y un aparentemente escaso margen de maniobra?

No es fácil empujarlo hacia la oposición como ocurrió en el pasado con otros dirigentes. En primer lugar, no está Chávez, quien tenía el poder absoluto de execrar de las filas bolivarianas a cualquier dirigente que osara poner en entredicho su palabra, sus decisiones y sus acciones. Y precisamente los reclamos y las críticas que viene haciendo Rodríguez Torres se basan en reivindicar el discurso y la acción del fallecido líder. Por si fuera poco, uno de los principales planteamientos, formulado en mi programa Vladimir a la 1, fue solicitar la renuncia de toda la dirección pesuvista, luego de la pela (sic) del pasado 6 de diciembre, lo cual, sin duda alguna, es un reto directo en un momento en el cual las bases del chavismo siguen aturdidas por la derrota y se avizora más confrontación con la oposición.

Otro reto de Rodríguez Torres es su anunciado plan de recorrer el país para reanimar al chavismo. Promover el diálogo, predicar el perdón y recorrer el país para reanimar a los chavistas son tres poderosas razones para que la sola mención de su nombre genere cierta urticaria. Este general retirado va a dar mucho de que hablar y ya debe tener a la dirigencia roja rojita pensando cómo manejarse frente a una figura que no puede ser tildado fácilmente de traidor o de saltador de talanquera.

¿Cuál es el peso real de Rodríguez Torres en el chavismo? ¿Cuando habla lo hace a título personal o tiene detrás apoyos civiles y militares? ¿Por qué el presidente Nicolás Maduro ha guardado silencio en torno a sus ya reiterados planteamientos críticos? Estas y muchas preguntas esperan por repuestas. De lo que no queda duda es de que este general del 4-F, pese a las críticas, seguirá moviendo sus piezas en este complicado escenario nacional.