“El Estado quiere hacer de Hugo Chávez una nueva religión”

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enero 17
/ 2016

El doctor Miguel Sanabria acaba de jubilarse. A los 70 años el hogar lo espera para disfrutar la vida con su mujer, Beatriz. El oncólogo desea ansioso descansar y disfrutar los días libres. Pero se sentía mal. Algo le ocurría al padre de familia.

“Justo lo que tanto había tratado de evitar, por fin, estaba llegando: el país. Sanabria había pasado más de diez años tratando de vivir en las orillas de la realidad, esquivando los conflictos, intentando que eso que llamaban la Revolución no lo tocara”, se lee en Patria o muerte, del escritor venezolano Alberto Barrera Tyszka (1960), título con el que obtuvo a fines del año pasado el XI Premio Tusquets de Novela. Ahora el ejemplar acaba de llegar a librerías locales.

Es inicios de diciembre de 2012. El entonces Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, se dirige al país por los medios de comunicación. Por segunda vez viajará a Cuba para realizarse una operación. No da muchas más pistas sobre su real estado de salud. El carismático gobernante llama a la calma. En la novela, Vladimir, sobrino del doctor Sanabria, es parte de la comitiva presidencial. Mientras, el cáncer consume a Chávez, quien morirá tres meses después, en marzo de 2013.

Sanabria jamás habría votado por Chávez. Su mujer, Beatriz era una ferviente antichavista. Una familia dividida políticamente. Y también por la geografía. Elisa, la hija del matrimonio, había optado por vivir en Panamá.

Otras historias irán apareciendo en la novela. Fredy Lecuna es un periodista que cubría la crónica policial de un diario de Caracas. Una muerte tras otra. “Al principio fue muy emocionante (…) Pero con los años todo se fue domesticando, incluso su capacidad de asombro, de indignación, de asco”, dice el narrador de Patria o muerte. Y al igual que Alberto Barrera Tyszka, quien publicó en 2004, la biografía Hugo Chávez sin uniforme, Fredy Lecuna dejará la prensa para seguirle los pasos al líder bolivariano.

“Un premio así uno lo desea, lo anhela, pero sorprende sobre todo”, dijo Barrera en octubre pasado a este diario. El escritor estaba en Chile cuando se enteró de la noticia del galardón. Hace una década también alcanzó el Premio Herralde de Novela por La enfermedad. Barrera vive entre Ciudad de México y Caracas, dedicado a escribir guiones para teleseries.

¿Desde un comienzo pensó Patria o muerte como una novela coral?

Siempre tuve la idea de trabajar con varios personajes, pero la estructura coral fue apareciendo más claramente a medida que escribía. Yo suelo tener un mapa de ruta general, con sombras y vacíos. Confío en la escritura en sí misma como método, que va transformando la historia mientras intenta narrarla.

Como le pasa a Sanabria, ¿cree que hay muchos que no quieren ver lo que realmente ocurre en el país?

Sí. Y probablemente se trata de una actitud natural, de una forma de supervivencia. Son demasiados años viviendo una situación que a veces parece extrema. Yo solía decir que Venezuela se había convertido en un país preapocalíptico. Todos los días, supuestamente, estaba a punto de producirse una invasión gringa, un intento de golpe de Estado, un magnicidio, una revuelta social… Si vives sometido a esas tensiones, la evasión termina por ser un método de defensa personal.

¿Es muy latente la polarización en la sociedad?

Quizás ya no tiene la misma densidad ni la misma calidad. La muerte de Chávez produjo un enfriamiento en ese proceso. Por un lado, el gobierno no tiene ahora un liderazgo capaz de re polarizar al país y, por otro lado, la profunda crisis económica que vivimos ha debilitado la retórica beligerante del oficialismo. Más allá de las divisiones políticas, la mayoría de la población venezolana está ahora unida por la tragedia económica.

Fredy Lecuna, mientras escribe sobre Chávez, asiste a un momento histórico: el levantamiento de una leyenda…

Es una de las líneas principales que trato de desarrollar. Intento narrar algunos momentos del proceso de construcción del mito, el tránsito que hubo entre el Chávez de la historia y el Chávez de la fe. Y trato de indagar, también, en el otro lado, en la experiencia de los “carismados”, en la experiencia de los venezolanos que, de alguna manera, a favor o en contra, se engancharon con Chávez. Todo esto en el contexto de un Estado puesto al servicio de desarrollarun culto. El Estado quiere hacer de Chávez una nueva religión.

¿En qué cree que terminará el chavismo?  

Es muy difícil predecir lo que ocurrirá. Estamos viviendo un proceso muy cambiante. La llegada de la oposición al Parlamento representa el regreso del sentido de la alternancia al país. Es algo muy importante, sobre todo en un país donde el partido de gobierno hablaba desde la eternidad, donde el poder se asumía a sí mismo como infinito. Pero eso no significa el fin del chavismo. Para nada. Chávez logró construir un relato y una identidad que permanecerán por un buen tiempo en nuestra historia. Pero en el corto plazo, todo parece indicar que se trata de un movimiento político que está obligado a cambiar. El 2016 será el peor año económico de nuestra historia y, sin duda, un año políticamente muy conflictivo.

LT