¡El diálogo indialogable! ; Por Gustavo Briceño Vivas

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junio 08
/ 2016

Realmente es a todas luces kafkiano el presunto diálogo entre la oposición y los representantes del gobierno. Los puntos expuestos por la oposición democrática son principalmente: el referéndum revocatorio y la salida de la cárcel de los presos políticos. Digo entonces que el diálogo –bajo esas características– es asombrosamente inconcebible en sí mismo, por cuanto no se puede dialogar si se cumple o no con una norma constitucional que está prevista en la Constitución. El artículo 72 de la Constitución autoriza y habilita de manera clara el referéndum revocatorio para que se dé a mitad de periodo, y si se cumplen con las condiciones previstas en la propia Constitución y en la ley. En este sentido, las condiciones están dadas para que el proceso constitucional y popular se lleve a cabo y el pueblo venezolano deba satisfacer su derecho de revocar a la autoridad que creyere conveniente. Pero, por esta razón, me parece una insensatez discutir o dialogar de si debe darse el referéndum o no. El referendo debe hacerse, simplemente porque están dadas todas las condiciones formales y sustanciales para que el órgano electoral lo materialice en la logística y en su materialización final.

El problema es otro, y es el hecho de que estamos en presencia de un gobierno que no quiere intencionalmente que haya revocatorio porque lo pierde absolutamente y dejaría en consecuencia de ostentar el Poder Ejecutivo después de 16 años de control absoluto. Razón suficiente para que el Consejo Nacional Electoral en virtud de que sus funcionarios son miembros activos del partido del gobierno instruya a todo dar poner todas las trabas posibles para que el referéndum no se realice. Esta actitud tan autoritaria y autocrática del régimen es lo que de verdad debe ser motivo de diálogo entre los representantes del gobierno y los de la oposición.

En una sociedad madura y desarrollada no se puede discutir si se cumple o no con la Constitución de un país, ello solo es posible en países subdesarrollados y con instituciones políticas débiles como en Venezuela. El diálogo –como expresión paritaria– debe darse sobre aspectos prácticos y urgentes de solución: como resolver el problema del hambre y el caso de la ausencia de medicinas que a diario mueren niños y ancianos por cuanto no tienen los medicamentos para vivir. El diálogo debe entonces centrarse en la forma de conducir la economía y cómo disminuir la inseguridad social y la pobreza que alerta todos los índices más desastrosos de la Venezuela actual, desde luego, para ello implica ponerse en la mesa de la negociación hombres desprovistos de egoísmo y de protagonismo con la idea de crear una Venezuela que resuelva los problemas del futuro y evitar con ella una frustración mayor que la que tienen hoy en día las nuevas generaciones de venezolanos. Cuando me refiero a que el diálogo es kafkiano lo expreso para reseñar que es una situación muy complicada, fuera de lo común, y hasta irreal, es como una fantasía muy absurda. ¿Es entonces un diálogo kafkiano lo que se plantea en Venezuela? Yo creo que sí. Así lo creo.