“El chavismo decidió fracasar”

A- A A+
enero 23
/ 2016

El punto más dramático de la crisis en la cual Nicolás Maduro ha metido a Venezuela consiste en detectar cómo, llegadas las cosas a tal nivel de gravedad, no se atisba en el equipo de gobierno el menor interés en revisar o rectificar. La discontinuidad entre lo que pasa, y lo que el Gobierno cree que pasa.

La economía venezolana cae en picada, los fondos nacionales se evaporan, el valor de los salarios se desintegra y Miraflores sigue metido en el cuarto de espejos del amor a la ideología.

En ese orden de cosas, es nombrado su nuevo ministro, el inescrutable Luis Salas. Observa Maduro en esta materia unos niveles de ignorancia e irresponsabilidad casi criminales.

A cualquiera que lo quiera ver podría quedarle claro: tuvo el chavismo un amplio marco de opciones, propuestas de desarrollo de carácter flexible, dentro del ámbito conceptual de la izquierda, programas algo menos ortodoxos para desarrollar a la nación, que es finalmente lo que a todos importa.

Entre el Plan de la Patria y un Memorándum de Entendimiento con el Fondo Monetario Internacional existe todo un arco de opciones que pudieron y debieron ser tomadas en cuenta por la monocorde y opaca ortodoxia psuvista.

Hace unos cuatro años pudieron haberse tomado medidas cambiarias racionales, ajustes fiscales responsables. Pudo el chavismo haber abierto sus compuertas, permitir a los capitales formarse y desarrollarse en el país.

A pesar de la hostilidad de Chávez, había gente interesada en invertir en el país. Perder los complejos con el mundo bursátil; aprobar incentivos fiscales, animarse de verdad a competir en el turismo. Adelantar un programa mixto; parecido al que han concretado los chinos, los vietnamitas, e incluso en América Latina, ecuatorianos y bolivianos.

Hay economistas y pensadores que, simpatizando con los lineamientos generales del chavismo, se han animado a proponer nuevos caminos, con flexibilidad, con mayor audacia, preocupados, seguramente, al constatar como la hiperreglamentación y la inconcebible política cambiaria actual han convertido el aparato productivo en una galleta de soda. Más dependiente que nunca antes de la tiranía de los precios petroleros.

Pudieron haber sido ministros, por ejemplo, Víctor Alvarez, Rodrigo Cabezas o Felipe Pérez Martí. El finado Domingo Maza Zabala pudo haber sido escuchado con más atención.

Pudo haberse adoptado, finalmente, un pensamiento económico y no un catecismo eclesiástico. El chavismo escogió lo mismo que hace rato resolvieron los cubanos: equivocarse a perpetuidad. Perecer, con complejo de mártir, ahogado en el universo de las consignas sin contenido.

Estatizar, controlar, regular, expropiar, invadir. Organizar congresos y seminarios, renunciar a comprender la economía, perderse en las frivolidades.

Convertir al mundo del dinero en una zona de castigo. Tener en el cargo a ministros mudos, incompetentes, corrompidos e irresponsables. Colocar a los actores económicos bajo el estado general de sospecha: culpables, salvo que demuestren lo contrario. Organizar una orgía de francachelas y negocios cambiarios triangulares. Arruinar a Venezuela y luego plantearse la emergencia económica.

La Federación Farmacéutica Venezolana está convocando ayuda internacional para suplir la gravísima ausencia de medicinas vigente en el país. El gobierno de Maduro sigue orgulloso: están matando a la gente, de hambre o de mengua, pero todavía no se ha acordado nada con el Fondo Monetario Internacional. El honor nacional ha quedado intacto.

Por ALONSO MOLEIRO @amoleiro