Desgarrador testimonio de un extranjero “irregular” en España

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junio 16
/ 2016

“Me desnudaron y obligaron a hacer sentadillas. Decían ‘Te vas a ir a tu puto país'”

Es el testimonio de una de las 7.340 personas incomunicadas y privadas de libertad en Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) en España.

La ley los define como centros o establecimientos públicos de carácter no penitenciario donde son trasladados o puestos a disposición de las autoridades las personas que no tienen una estancia regular en España.

En la práctica, son centros de detención de extranjeros: instalaciones donde el Estado español encierra a personas a la espera de ser expulsadas por carecer de permiso de residencia aunque no hayan cometido ningún delito.

“El respeto de los Derechos Humanos es incompatible con la existencia de los CIE y por este motivo el Estado de Derecho no puede permitir albergar estos centros entre sus ciudades”, denuncia el informe que esta semana ha publicado SOS Racismo, y que documenta varios casos de internos que han seguido a lo largo del año 2015 en el CIE de Aluche (Madrid).

Malos tratos y vejaciones

“Mientras esperaba a que me llevaran al avión me ataron los brazos. Estuve tres horas atado. Me duele, ayer fui al médico y me dieron una inyección para el dolor”, denuncia Juan.

Año tras año, la SOS Racismo recoge testimonios de personas que declaran haber sufrido malos tratos. “Los CIE representan el enclave físico de las políticas migratorias racistas, son espacios de discriminación, castigo, control y represión. Su existencia enmarcada dentro del racismo y la violencia institucional genera violencias directas dentro de sus muros”, denuncia la ONG.

“Lo más duro es cómo nos tratan, el desprecio en la forma que tienen de hablarnos, con qué falta de respeto. Me da mucha impotencia, mucha rabia y al mismo tiempo me da miedo”, cuenta Yuli, una de las personas visitadas.

La mayor parte de las supuestas agresiones policiales se producen, según los testimonios recabados por la ONG, en los traslados al aeropuerto. “Me llevaron a un cuarto, me desnudaron entero y me obligaron a hacer sentadillas antes de llevarme al aeropuerto. Me decían ‘Te vas a ir a tu puto país'”, cuenta Baba.

Las denuncias nunca se producen por miedo a las represalias que puedan sufrir: “se han documentado numerosos casos de personas que han sido deportadas más rápidamente tras haber denunciado agresiones en el CIE”, denuncia SOS Racismo en el informe.

Atención médica deficiente

Al menos 14 personas declararon haber recibido una atención médica deficiente: “No puedo dormir por el dolor. Me dan calmantes pero me hacen vomitar mucho. Me han puesto una inyección, pero no me dicen lo que me están inyectando”, cuenta Mario.

“Hay un chico que tiene dolores y chilla mucho. Lo llevaron al hospital porque nosotros mismos llamamos a la ambulancia, la policía estaba en otra planta celebrando el fin de año”, denuncia Joaquín, otro de los testimonios que ilustra las condiciones inhumanas de estos internamientos.

Cabe destacar, que el CIE de Aluche registró al menos un brote de sarna en 2015, lo que para la ONG pone de manifiesto “las condiciones de insalubridad que se dan en estos centros donde las personas son encerradas en celdas de 8 personas y donde no se garantizan los suficientes materiales de higiene o ropa limpia”.

“No podemos obviar el incumplimiento del Real Decreto 162/2014 que regula el funcionamiento y régimen interior de los CIE y establece que la atención médica debe estar bajo la responsabilidad de personal médico perteneciente a la Administración General del Estado”.

No obstante, según denuncia la ONG, a día de hoy el servicio médico está subcontratado a Clínica Madrid y “sigue sin contar con instalaciones adecuadas para albergar una enfermería como ya se ha instado mediante autos de los juzgados de control”.

Consecuencias psicosociales

“Llevo aquí dos semanas y no me entero de nada de lo que pasa. Nos tratan como animales, pero no somos animales, somos seres humanos”, cuenta James a la ONG, que denuncia el aislamiento al que son sometidas estas personas en todos los ámbitos de su vida.

Nos tratan como animales, pero no somos animales, somos seres humanos
Y añade: “las personas se convierten en un número cuando entran en el CIE perdiendo de este modo su nombre, su identidad como seres humanos. Esto es representativo de la política migratoria que deshumaniza y convierte a las personas en cuotas, cifras o carga que debe ser contenida o brutalmente transportada”.

“Mis padres murieron en el mercado, por una bomba de Boko Haram. Sigo viendo a mis padres, sueño con ellos, y me asusta. Boko Haram destruyó la escuela, se cayó el tejado, yo me escondí en la cisterna del agua, murieron muchos compañeros de clase”, dice Hope, quien no está recibiendo ningún tipo de apoyo en el proceso de duelo que está sufriendo por la pérdida de sus seres queridos.

Resistencia pacífica

Según la ONG, “no podemos dejar de mencionar las numerosas respuestas de resistencia pacífica que se dan en el interior del CIE. La migración en sí misma supone la capacidad de las personas para proyectarse en otro lugar y luchar por la propia dignidad partiendo y construyendo futuro desde otras geografías”.

Aquí no existen los Derechos Humanos. Recibimos un castigo tan duro, el trato es tan malo
Así, en el CIE de Aluche se organizan huelgas de hambre, se escriben cartas a representantes políticos, a medios de comunicación y a instancias judiciales, se realizan dibujos y otras formas de expresión que tienen el objetivo de mostrar al mundo lo que estos centros representan.

“Esto es inhumano, aquí no existen los Derechos Humanos. Recibimos un castigo tan duro, el trato es tan malo. Cuando veo a otras personas oprimiéndome sin motivo, tengo que denunciarlo”, cuenta William.

ART