Decencia y dignidad ; Por César Miguel Rondón

A- A A+
febrero 19
/ 2016

El cinismo y la desfachatez con que proceden los altos personeros del gobierno ante la cruda realidad que padecemos los venezolanos es algo que no tiene nombre. El Banco Central de Venezuela con un retraso considerable publica -¡por fin!- la inflación del año 2015. Resulta que hemos tenido la inflación más alta en toda la historia de la república: 180,9%. Y ante esto el gobierno como si nada.

El Nacional, en su gran titular de primera página, publica una frase contundente del ex presidente de Costa Rica y Premio Nobel Oscar Arias: “Con los anaqueles vacíos no hay soberanía”. Esta es una verdad que abofetea a esta alta dirigencia que, por supuesto, no fue a ver a Arias ni a Walesa en la Asamblea porque consideraron que esto, una vez más, era una injerencia extranjera en nuestros asuntos internos.

Pero, hablando de los anaqueles, basta ver los videos en las redes sociales cuando un pueblo desesperado derriba la cerca en el Bicentenario de Plaza Venezuela, o el saqueo al centro de acopio de Mercal en Ciudad Piar. En esas estamos y el gobierno -insisto- como si nada.

Ayer, por ejemplo, el Presidente de la República en otra cadena (porque pareciera que a cadenazo limpio quiere matarnos de hastío y desesperación) supuestamente activó el motor farmacéutico, y la Ministra de Salud, Luisana Melo, en medio de banalidad más banalidad menos, tontería más tontería menos, dijo que, en definitiva, ellos iban a producir lo que ellos decidieran era necesario para los venezolanos. Pero resulta que esa cadena no la vio la mitad del país porque, como dice el diario Versión Final en Maracaibo: “Hubo un mega apagón que dejó nueves estados en la oscuridad. Poblaciones de Barinas, Bolívar, Carabobo, Portuguesa, Táchira, Mérida, Lara, Trujillo y Zulia quedaron sin luz gran parte del día y la noche”. Y todavía la crisis de la electricidad que amenaza no ha llegado a su punto crucial y definitivo. Pero la culpa, por supuesto, es de El Niño o de usted, una vez más, que consume mucha electricidad, etc.

El venezolano a estas alturas está ya totalmente indignado ante, como decía, la mofa, la desfachatez, la indolencia con las que el alto gobierno y los personeros del chavismo se comportan y mueven ante los venezolanos.

El mejor ejemplo de esta actitud, que no dudo en calificar de miserable, fue la muy penosa intervención del diputado Elías Jaua ayer en la Asamblea Nacional. Jaua, a quien Henrique Capriles le dio una felpa en las elecciones a gobernador del Estado Miranda, habló como si él fuese Capriles, como si él fuese el líder por elección popular, el que en efecto resolviera las cosas en el estado. Pero, además, habló como si fuera un ciudadano más, de los que hacen cola en el aeropuerto luego de reunir para un pasaje de avión y que han de someterse al cacheo abusivo de la Guardia Nacional. Y habló de aviones privados. Él, que se fue en uno de Pdvsa a Brasil en un viaje partricular y que luego, con el mismo privilegio, envió a su niñera con un revólver y un maletín de extraño contenido. Este es el diputado que ayer, luego de exigir con vehemencia respeto para la niñera, pidió que Ramos Allup nombrase una comisión para evaluar el modo de vida de los diputados. No sé si es brutalidad o cinismo –o ambos- pero, de nombrarse y actuar esta comisión, cómo van justificar los exagerados niveles de vida que ostentan estos altos personeros y diputados del chavismo.

Pero llegó al colmo Jaua cuando se pregunto cómo hacía Carlos Ocariz para viajar a Estados Unidos. Es de todos sabido el drama familiar por el que pasan Ocariz y los suyos con la grave enfermedad de su hijo. Nadie jamás en la historia política venezolana ha utilizado estas tragedias personales con fines políticos. Ningún dirigente opositor, por ejemplo, se aprovechó políticamente de la penuria personal que supuso el misterioso cáncer del presidente Hugo Chávez. Nadie en ningún momento osó tocar ese tema porque se respeta por sobre todo al ser humano. Y así mismo ha de respetarse a un niño inocente que padece leucemia. Y ha de respetarse a un padre que hace todos los esfuerzos todos los días para garantizar la vida y el bienestar de su hijo. Es demasiado miserable que se ataque con tanta bajeza. Y esto va con usted, Jaua, y con los que, como monigotes, ayer le aplaudieron a rabiar desde la bancada oficialista.

Aquí ya no estamos hablando de política y mucho menos de cuestiones ideológicas. Aquí estamos hablando de humanidad, decencia y dignidad. Dignidad que, por lo visto, usted no tiene.