Conozca la propuesta de Ramos Allup para resolver la crisis política

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febrero 22
/ 2016

Es una propuesta con sabor a desafío. El presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, plantea una enmienda constitucional que recorte los periodos de Ejecutivo, Legislativo y Tribunal Supremo de Justicia, para dejar en manos del soberano la resolución de la crisis política venezolana.

El líder de la Cámara advierte sobre la amenaza de una intervención militar y opina que el Gobierno del presidente Nicolás Maduro enfrenta una “crisis terminal”. Dice que no ve las encuestas que lo incluyen en la lista de presidenciables y afirma que quienes dentro de la oposición le acusaban de ser un “carro chocón”, hoy le dan la razón y entienden la necesidad de impulsar ya un cambio en Miraflores.

– En distintas ocasiones ha expresado su inquietud ante una posible intervención militar como respuesta a la crisis política del país. ¿Por qué esa preocupación? ¿Tiene pruebas de alguna conspiración militar?

– Pruebas no tengo, pero de que vuelan, vuelan. En Venezuela y América Latina, crisis como esta suelen desembocar en una irrupción de los militares para resolver los conflictos que la política no resuelve. Ese es el eterno pretexto de los militares para intervenir en casos como este. En la situación venezolana, con esta espantosa crisis económica y social, con este choque de poderes –que no tiene otro nombre- mediante el cual el Ejecutivo, haciendo uso del Tribunal Supremo de Justicia, pretende neutralizar todas las iniciativas de la Asamblea Nacional y el cumplimiento de sus deberes constitucionales, se está sirviendo la mesa para los que creen que la intervención de los militares es una solución.

El Gobierno, vuelvo a repetirlo, está en una crisis terminal, acosado desde adentro y desde afuera. Factores internos del propio chavismo, desesperados por la situación y el fracaso de su proyecto, están planteando la renuncia de Maduro como el mal menor. No tengo la menor duda de que el propio Gobierno puede estimular una salida militar como pretexto y justificación histórica de su fracaso. La cúpula militar, esta y las anteriores, por razones que no voy a mencionar, siempre han estado cuadradas con el Gobierno, pero en el seno de la Fuerza Armada Nacional existe un sector muy amplio y basto que no respalda lo que está haciendo el Gobierno, y hay otro núcleo importante también que cree en una salida de fuerza. Hay militares institucionales, militares progobiernistas y hay el núcleo que pudiéramos denominar castrense que cree que los militares pueden intervenir para resolver.

– El presidente Nicolás Maduro insiste en que la revolución se sustenta en una férrea unidad cívico-militar. ¿Usted lo pone en duda?

– No es en absoluto así y el Gobierno lo sabe. El Presidente ni siquiera puede afirmar que hay una cohesión dentro del propio sector civil que apoya su Gobierno, porque es ampliamente conocido que enfrenta un cuestionamiento muy severo. Además, tampoco escapa a la consideración de los observadores que a uno de los factores que se consideraba con más fuerza dentro del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Diosdado Cabello, de repente le hacen una razzia y prácticamente le liquidan todos los miembros que tenía en la dirección nacional, menos cuatro. Todas esas son evidentes señales de que no hay ese factor de cohesión en el sector político civil que respalda al Gobierno y la situación es mucho peor en el seno de la FAN. Yo no me he reunido con ningún militar para hablar de estas cosas, pero son informaciones que se filtran porque hoy en día no hay secretos.

– Aunque el presidente Maduro anunció que los devolvería a sus cuarteles, los militares mantienen el control de ministerios clave y recientemente el Ejecutivo sorprendió con la creación de la Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas (Camimpeg). ¿Cómo interpreta estas decisiones?

– Creo que en lo que se refiere a los militares, el Gobierno lo que está demostrando es que necesita esas concesiones para contar con cierta base de respaldo en algún sector. Esta compañía recién constituida (Camimpeg) tiene como razón social las explotaciones petroleras, gasíferas y mineras; es decir, es más amplia que la de Petróleos de Venezuela (Pdvsa). Eso nunca se había visto. Son concesiones, contraprestaciones. Como decían los romanos: Do ut des, doy para que des.

– ¿Cómo sacar por la vía institucional a un régimen que desconoce a las instituciones?

– Si nos vamos a atener a que todo cuanto hagamos va a conseguir en el Gobierno un muro de contención y que para eso utilizará al TSJ, no haríamos nada. Si el Gobierno utilizando su TSJ insiste en negar nuestra autonomía y desconocer la voluntad popular, tendremos que seguir adelante. Eso sin duda agrava la crisis institucional que ya existe.

– Apenas se instaló la AN, usted prometió que en seis meses presentaría una fórmula para cambiar al Gobierno. ¿Ese planteamiento no echó más leña al fuego de la polarización y la tensión política?

– Esos son los riesgos que toda decisión política supone. No voy a decir tampoco que fue un cálculo matemático muy minucioso hecho por políticos infalibles. Nada que se le parezca, hicimos una promesa de campaña, interpretando el sentir de la inmensa mayoría de los venezolanos, viendo que los problemas se agravaban cada día y que el Gobierno no rectificaba de ninguna manera. Tomamos la decisión, hicimos el anuncio y recibió el respaldo popular. La gente votó sabiendo lo que la oposición ofrecía. No podíamos traicionar el mensaje. Ese mensaje decía que íbamos a recuperar la autonomía del Poder Legislativo, que íbamos a debatir, a controlar y a vigilar, y que íbamos a procurar una salida institucional, democrática y constitucional dentro del lapso de seis meses a partir del 5 de enero. Eso hemos hecho.

Algunos factores de la oposición también dijeron que yo era una especie de carro chocón simplemente por honrar la promesa que entre todos hicimos, pero se han dado cuenta de que no era ningún carro chocón, sino que tenía razón y ahora más bien les parece que el lapso de seis meses es demasiado largo.

– Entre las opciones que se han planteado en el debate público (reforma constitucional, enmienda constitucional, Constituyente y referendo revocatorio), usted ha manifestado su inclinación por la enmienda. ¿Por qué?

– Sí, me parece la más sencilla. Te voy a hacer una revelación. En este interés por conocer las opiniones del Gobierno, se han producido muchas reuniones. Casi todas sin resultados, algunas con resultados mínimos. Yo conversé con el doctor Hermann Escarrá hace algunos días, una conversación muy grata, muy cordial, revisando la situación del país. Yo lo escuché en un programa de José Vicente Rangel decir que si la AN promovía una enmienda para recortar el Ejecutivo, podía producirse también una propuesta del Ejecutivo para recortar a la AN. Bueno, yo le dije –sin que él me expresara nada oficialmente de parte del Gobierno- que en lo personal me gustaría mucho que promoviéramos tres enmiendas para recortar a Ejecutivo, Legislativo y TSJ, que las votáramos por separado y que nos atuviéramos a la voluntad popular. Escarrá no me dijo nada, se limitó a escuchar, no emitió opinión, pero allí hay una propuesta.

Habla de reuniones con personas vinculadas con el Gobierno y también ha admitido contactos con el vicepresidente Aristóbulo Iztúriz. ¿Esos acercamientos han arrojado resultados?

– Contactos sí, resultados no. Ojalá los contactos hubieran estado acompañados de resultados. Eso es lo deseable. ¿Qué resultados hemos tenido? La comparecencia de los ministros, la concurrencia de algunos funcionarios a las comisiones con mil pretextos y evasivas. Lo insólito es que para mantener la autonomía de la AN frente a un Gobierno que irrespeta sistemáticamente la Constitución, tengamos en cada momento que estar insistiendo en el ejercicio de nuestras facultades constitucionales.

– Usted saludó la designación de Iztúriz como Vicepresidente de la República.

– Aristóbulo es un político muy experimentado, un parlamentario de vieja data, tiene mucha relación incluso hasta personal con factores políticos de la oposición y todo eso cuenta. Si bien las relaciones institucionales entre poderes no dependen de las buenas o malas relaciones entre las individualidades, lo cierto es que si las relaciones son buenas eso facilitaría los entendimientos. Ojo, no quiero decir que por el hecho de que haya buenas relaciones los resultados van a ser buenos. Hasta ahora ha habido comunicaciones muy sinceras, muy respetuosas, pero los resultados prácticamente han sido muy pequeños.

– ¿Con la juramentación de los diputados del estado Amazonas, la AN no sobreestimó su fuerza y subestimó la del Gobierno?

– Cuando juramentó a los 112 diputados, la AN lo que hizo fue simplemente cumplir con el mandato de la voluntad popular. En el caso de esos diputados hubo hasta proclamaciones por parte del Consejo Nacional Electoral, que como sabemos es quien implementa el sistema electoral “más perfecto del mundo”.

Bien, se produjo esta emboscada judicial, una más, para tratar de disminuir nuestra fuerza parlamentaria pensando en aquello de los 2/3, pero además con el insólito agravante de dejar a todo un estado sin representación. Nosotros lo que no podíamos era decir, dado que hay un procedimiento en curso, no juramentemos a los diputados. Teníamos que asumir el riesgo. Si posteriormente el TSJ fue más allá, imputándonos de estar en situación de desacato con lo cual se afectaría posteriormente cualquier decisión, procedimos, como dije, a doblarnos para no partirnos, sacrificar algo para salvar el todo. Fíjate que fue una decisión correcta y bien percibida por la opinión pública, no como cobardía, sino como un vadeo para salvar lo más importante que era la existencia de la AN. Siempre vamos a tener esos riesgos, siempre tendremos esa espada de Damocles del pelotón de ejecución que es el TSJ, ahora, lo que no podemos decir es que en razón de que eventualmente van a declarar inconstitucional lo que hagamos, entonces, no hagamos nada.

– Dirigentes de la Unidad proponen “desparlamentar” la agenda de la oposición. Advierten que la estrategia opositora no puede limitarse a la actividad parlamentaria.

– Los escenarios no son incompatibles. Ahora, el instrumento más eficiente que tenemos, sobre todo porque deriva del mandato popular, no podemos por algún complejo o prurito decir que como la Mesa es previa y la elección fue después, debemos privilegiar una vía sobre la otra. Yo no diría ni siquiera que son complementarias, son autónomas pero vamos al mismo ritmo. Los diputados de la oposición somos tales porque llevamos a cabo una campaña electoral exitosa desde la Mesa. ¿Cuál ha sido nuestro principal logro en todo este tiempo? El triunfo parlamentario. Una vez que obtuvimos el triunfo parlamentario, no es para ver el trofeo, sino para utilizar el instrumento en el logro de los propósitos que como unidad política nos trazamos en la campaña y tenemos que ejecutar.

En la campaña electoral, usted dijo que no veía al presidente Maduro culminar su mandato en 2019. Luego de la derrota del 6 de diciembre, el Gobierno radicalizó su posición. ¿Mantiene la idea que expresó antes de los comicios?

– Sí, pero la dificultad de que termine no depende de que se haya radicalizado. Se radicaliza después, la situación terminal es antes. Esta radicalización es la terquedad del débil. Primero, perseverando en un proyecto manifiestamente fracasado. Al no rectificar, agravan su propia situación. El propio Gobierno está convencido de que no puede salir a flote. ¿Qué hace? Para mí, esta radicalización no es otra cosa que la instrumentalización de la crisis cuyo desenlace ellos quieren que sea factual. No tengo la menor duda. El Gobierno no está procurando nada para que aquí haya una salida institucional.

– El escenario que plantea interpela directamente al ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, con quien usted ha sostenido controversias públicas.

– No necesito ofender para responder con contundencia. Me llama mucho la atención que para justificar la condición deliberante de la FAN, el ministro se haya tenido que remontar miles de años, a Aristóteles, para hablar del zoon politikón. No, no ha debido remontarse tan lejos en el tiempo, hubiera visto simplemente lo que dijo el Libertador en Bogotá el 24 de junio de 1828: el hombre armado no debe liberar, desgraciado el pueblo en que el hombre armado delibera. Allí está la respuesta a Padrino López, no en Aristóteles, en el Libertador que fue mucho más directo.

Algunas encuestas ya lo incluyen a usted en la lista de presidenciables. ¿Qué opina?

– No he visto ninguna encuesta, pero la verdad si son buenas, malas o regulares yo no sé. No ando haciendo cálculos, simplemente estoy cumpliendo con mi deber. Si tengo suerte de que la gente apoye lo que estoy haciendo, formidable. Pero si la gente no apoyara, cosa que sería simplemente motivo de reflexión, es para tratar de hacer las mismas cosas de modo distinto. Creo que la gente ha visto que hemos honrado la palabra, eso es lo más importante en política.

– ¿Habla el líder de una eventual transición?

– No, es que aquí no hay transición. Cuando la gente habla de transición supone es que caído Maduro, lo sucede un Presidente transitorio. Esa era la Constitución de 1961, cuando destituido el Jefe de Estado, el presidente del Congreso ocupaba el cargo por 30 días y se procedía a una elección. Pero ahora no es así. Si Maduro renuncia, resulta destituido o revocado, esa transición de 30 días la ocupa el Vicepresidente. Y si la falta absoluta del Presidente se produce en los dos últimos años, ¡ay, peor!, no hay proceso electoral sino que el Vicepresidente ocuparía la Presidencia por dos años. Así es que yo no estoy trabajando para ninguna transición.

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