Conoce sobre la pérdida de cabello por la quimioterapia

La alopecia por quimioterapia más temida es el efluvio anágeno. Es la pérdida total del cabello de la cabeza e incluso cejas en los 15 días siguientes a empezar la quimioterapia. Es más frecuente con algunos fármacos quimioterápicos, como los utilizados en el cáncer de mama o en los tumores hematológicos. Muchas pacientes optan por raparse el pelo y recurrir a una prótesis capilar ya incluso antes de que se les caiga por la quimio.

Un dato relevante es que más del 95% de las pacientes que sufren esta alopecia recuperarán de forma completa el cabello en los meses siguientes a suspender la quimioterapia.

Se puede acelerar la repoblación con el uso de minoxidil tópico. Como novedad, a nivel preventivo se está empezando a utilizar el enfriamiento del cuero cabelludo mientras se administra la quimioterapia, lo cual hace que no llegue el fármaco al cuero cabelludo y por tanto puede evitar la alopecia.

Cuando se administra quimioterapia, un porcentaje pequeño de los casos presentarán un crecimiento de pelo menor de lo que tenían por el daño de la quimioterapia sobre las células madre de algunos folículos, cuadro que se conoce como “alopecia definitiva post-quimioterapia”.

Esta infrecuente situación produce que las pacientes tengan menos densidad capilar que antes de la quimioterapia, aunque con tratamiento pueden tener una mejora en su densidad. De hecho, desde la Unidad de Tricología del Hospital Ramón y Cajal estamos realizando un estudio (coordinado por la Dra. Ángela Hermosa) de posibles nuevas terapias en alopecias definitivas por quimioterapia con resultados esperanzadores.

La quimioterapia, además, puede producir formas diferentes de alopecia: una muy frecuente es el conocido “efluvio telógeno” que se produce durante los meses de tratamiento y, especialmente, los meses después del diagnóstico del cáncer. Este tipo de alopecia se manifiesta con una caída intensa de cabello. Pero, a diferencia del efluvio anágeno, no hace que se pierda densidad capilar.

Podríamos decir que es una aceleración del ciclo de caída y crecimiento del pelo, inducido por el estrés de recibir un diagnóstico de cáncer y por los propios fármacos. No requiere ninguna actuación especial y se recuperará sólo en unos meses.

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