¿Carta Democrática a Venezuela? ¡Atrévanse! ; Por Diego Arria

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junio 15
/ 2016

Nicolás Maduro tuvo razón cuando en la VII Cumbre de la Asociación de Estados del Caribe celebrada en La Habana, amenazó así a la OEA: “¿Carta Democrática a Venezuela? ¡Atrévanse!”.

Efectivamente los distinguidos embajadores, reunidos el 1 de junio en su Consejo Permanente en Washington, no se atrevieron con un narcoestado asociado a las peores causas de la humanidad, violador de nivel olímpico de los principios constitucionales y democráticos y que, por años viene comprando solidaridades, apoyos y silencios, dentro y fuera de nuestra región.

Y lo hace aún más imperdonable que el Consejo estaba enterado de la gravísima situación en Venezuela gracias al informe del Secretario General, Luis Almagro, que de manera precisa, y objetiva documentó los delitos y violaciones de normas y principios no solo de la Carta sino de la propia carta fundacional de la OEA.

Con la desfachatez y vulgaridad que lo caracteriza, Nicolás Maduro se burla de los representantes y de los gobiernos de los países de la OEA que cobardemente acordaron desvincularse de la tragedia venezolana, delegando su responsabilidad como garantes de la Carta Democrática Interamericana, a la UNASUR, al limitar su resolución a promover “un diálogo” bajo la conducción de tres ex presidentes cercanos al régimen de Chávez-Maduro: Rodríguez Zapatero, de España; Leonel Fernández, de República Dominicana, y Martín Torrijos, de Panamá. Una resolución tan acomodaticia que hasta el representante de Maduro la apoyó, aplaudiendo y cantando victoria.

Pero vivir en negación de la realidad venezolana era la orden que tenían los embajadores de sus gobiernos, para actuar de manera hasta inhumana con un país cuya gente fallece y sufre por la falta de medicinas y de alimentos, y tantos mueren por la violencia mientras que el régimen liquida su único espacio democrático al neutralizar el poder legislativo. Y todo lo empaquetan en un lenguaje falso de fraternidad latinoamericana y caribeña, humillante para los pueblos que representan.

Imagino que a los gobiernos, y a sus representantes en la OEA, les tiene sin cuidado que un personaje de la ralea de Maduro se burle de ellos; pero no creo que podrán ocultar la peligrosidad de la nueva amenaza de este infame personaje: “Si se diera el caso que ellos lograran su objetivo (referendo revocatorio presidencial) y sacan a este hijo de Hugo Chávez, humilde obrero, de aquí después de 39 meses de guerra infernal, no pidan cuartel porque nos vamos a las catacumbas del pueblo y más temprano que tarde, vendremos por ustedes y la revolución se hará, de otra forma, pero se hará”.

So pena, ya no de acomodo sino de complicidad, la OEA y la comunidad internacional no deben ser indiferentes ante semejante amenaza, por las gravísimas consecuencias que pueden tener en el futuro cercano en y fuera de nuestro país. Tampoco cabe menosprecio alguno, pues está montada sobre la podrida cúpula militar que gobierna mi país, y sobre miles de partidarios armados.

Apena recordar que, durante la etapa democrática de nuestro país, acudimos al rescate de la democracia y la libertad de la mayoría de los países miembros de la OEA, que hoy se desentienden de nuestra tragedia. Igualmente que rescatamos muchos de sus prisioneros políticos y fuimos refugio de miles de perseguidos. Nuestra cooperación cubrió a todos los países del Caribe, de Centroamérica y con excepción de México y Brasil toda América Latina; sin nunca exigir nada, ni siquiera por la cooperación petrolera que iniciamos en 1975.

Esta iniciativa de que por primera vez un Secretario General invoca la Carta contra la voluntad de un gobierno y hasta del propio Presidente del Consejo Permanente, el representante de la Argentina, sienta un precedente. Un precedente que muchos temen en la OEA, porque igual podría repetirlo el Secretario General contra el gobierno de cualquier otro país donde se produzca una alteración del orden institucional que afecte su orden democrático, tal como en nuestro caso.

Volviendo al diálogo acordado por la OEA es el momento de preguntar: ¿Qué clase de diálogo es posible con un personaje atormentado por el rechazo de más del ochenta por ciento del país? ¿Aterrado por las consecuencias que tendrá el proceso que se le sigue en los Estados Unidos a dos sobrinos de la pareja presidencial por narcotraficantes? ¿Qué amenaza con una guerra civil de tener éxito un eventual referéndum revocatorio presidencial, que rechaza forme parte del diálogo?

Si los gobiernos de la región asumen su responsabilidad en la próxima en la sesión del Consejo Permanente el 23 de junio, convocada por el digno y responsable Secretario General Almagro, tendrán la oportunidad de desenterrar la Carta Democrática Interamericana y darle la respuesta que merece nuestra gente. Allí tienen la oportunidad de lavarse la cara ante sus pueblos.

Ex embajador de Venezuela ante la ONU y ex presidente del Consejo de Seguridad de la ONU, ex gobernador de Caracas.