¡Aunque usted no lo crea! Ahora la comida la venden por cucharadas

A- A A+
junio 09
/ 2016

Ante la crisis de alimentos y productos de la cesta básica, los zulianos se han visto obligados a comprar no en cantidades sino por unidades, e inclusive por porciones para tener algo para comer. La compra por kilo, gramos y unidad desaparece en los municipios y ahora es más común adquirir los alimentos por cucharada, “tetica o chorrito”.

Al abasto de la “Gocha María”, un anexo de su residencia en el barrio La Polar, al sur de Maracaibo, llegan los niños con vasitos. La anciana, oriunda de los Andes, sacude la cuchara que guarda en un envase con agua sobre su mostrador y le sirve la porción de lo que necesiten: aceite, mayonesa, margarina, salsa de ajo, salsa negra, arroz o harina de maíz.

Hasta hace dos semanas vendió crema dental en los cepillos de los vecinos por 50 bolívares. El consejo comunal la denunció y la Policía le advirtió que de continuar la práctica, la obligarían a cerrar el negocio.

“A la gente uno la ayuda y siempre molesta”, comentó la vendedora mal entonada. No quiere fotos, entrevistas ni a ningún extraño que la importune. Los últimos a quienes les respondió preguntas, se le llevaron la mercancía. “Este Gobierno cree que tengo que regalarlo todo y no es así. Yo trabajo, a mí nadie me mantiene ni me regala comida”, vociferaba mientras despachaba a un cliente.

“No quiero vender en porciones”, repitió una docena de veces Malena Hernández, quien desde hace 20 años comercia con productos básicos en su residencia. La necesidad de sus vecinos la obliga. “Quienes despachan venden muy caro y a todos se nos hace difícil comprar. Yo entiendo que hay que comer y vendo por poquito, pero eso no debería ser”.

El sueldo no alcanza para comer una semana

Se acerca a la mesa de buhoneros, pregunta, escucha precios y sigue su camino. Mercedes Rodríguez busca alimentos en el mercado Las Pulgas, en el casco central de Maracaibo. Dispone de 18 mil bolívares para ello. Cuenta que acaba de cobrar la pensión y necesita buscar algunos productos. “Cada vez que pregunto, me espanto. Esto no me alcanza para comprar comida para una semana”.

En el mercado, los precios suben diariamente. La sumatoria de la cesta tique y el salario base no alcanza para comer una semana: un kilo de queso concha negra lo venden en cuatro mil 100 bolívares, un kilo de leche en 10 mil, un kilo de azúcar en dos mil 300, un kilo de arroz en dos mil, un kilo de harina de maíz en dos mil 500, un cartón de huevos en tres mil 800, un kilo de pasta en mil 500, un litro de aceite en cuatro mil, una margarina de 500 gramos en tres mil y un kilo de harina de trigo dos mil bolívares .

A la respuesta de cada vendedor, la pensionada negocia. Preguntó en siete puestos y en ninguno consiguió descuento. “Si lo quiere barato haga la cola”, le respondió una joven vendedora cuando Rodríguez le pidió rebaja por una bolsa de jabón para lavar ropa. El paquete de un kilo lo vendían en mil 500 bolívares.

Para contrarrestar un poco la inflación, Fernando Aristiguieta, profesor de economía del Tecnológico de Fe y Alegría, propone el pago semanal de cesta tique y salario. Aclara que no es una solución para mejorar la economía, pero le permite a los trabajadores “resolver, adquirir y disfrutar de más bienes y servicios”.

El fracaso de los planes antibachaqueo

Entre 2014 y 2016 el Gobierno regional ha implementado al menos 12 planes contra el bachaqueo, sin resultados positivos. Entre ellos están: la presentación obligatoria de la cédula de identidad para adquirir productos regulados, compra por terminal cédula, la instalación del captahuellas, el bloqueo de cédulas de identidad por exceso de compras reguladas, la prohibición de pernoctar en las inmediaciones de los supermercados, la compra obligatoria con tarjetas de crédito, débito y alimentación y no vender productos de primera necesidad en los supermercados, hasta ahora esta última medida solo se aplica en el municipio San Francisco, al sur de Maracaibo.

Edixon Morales, profesor de Economía de LUZ, advierte que todo ha fracasado por la corrupción en el sistema de distribución, los controles que asfixian a las empresas productoras y hay poca voluntad del Gobierno para resolver los problemas de escasez.

“El Zulia es un estado distinto al resto de Venezuela por los kilómetros de frontera con Colombia. El fenómeno del bachaqueo arrecia y las oportunidades de adquirir productos de primera necesidad disminuye”.

Para el docente, el Gobierno ha implementado políticas de distribución que afectan a algunos estados para beneficiar a los compradores de la zona central del país. Así lo constatan los habitantes zulianos.

“Incrementaron la escasez en la región”

La solución para Morales se resume en tres pasos: “Primero recurrir a un préstamo del Fondo Monetario Internacional para inyectarle al sistema económico y levantar la producción, reestructurar el pago de la deuda y devolverle la autonomía al Banco Central de Venezuela y a PDVSA”.

Prevé que de no tomarse las medidas, se incrementará la crisis. “No hay intención de solucionar el hambre y la salud del pueblo. Ni mucho menos de parar la degradación como seres humanos”.

“Colombianización” del mercado zuliano

El 15 de septiembre de 2015 se anunció el estado de excepción en siete municipio de Zulia y se decretó el cierre de la frontera colombo-venezolana. La decisión no afectó a los traficantes de alimentos, quienes cruzan de un país a otro con toneladas de comida y productos de higiene sin ninguna sanción. En el lado de Maicao se negocian los productos venezolanos y desde hace tres meses los mercados zulianos se inundan con la mercancía de nuestros vecinos.

En un camión 350 o en una camioneta le despachan los productos colombianos a Jorge Villegas. Desde comienzos de año se surte de desodorante, cubitos, harina de maíz, salsa de tomate, mayonesa, crema dental y suavizante de ropa. “No trae problemas. Los policías no preguntan ni lo decomisan”.

El vendedor agradeció la iniciativa. Se quedó sin productos. Estaba a punto de cerrar su negocio cuando llegó el motorizado ofreciéndole la mercancía. “No cuestan ni 20 ni 30 bolívares, pero los podemos vender más baratos que los productos nacionales”.

Explicó que mientras un bulto de harina de producción nacional se lo vende en 20 o 25 mil bolívares puede comprar uno colombiano en máximo 15 mil bolívares. “Además vienen en diferentes tamaños, quien no puede comprar un paquete grande tiene las papeletas de menores gramos”. Los compradores se quejan de los precios, pero reconocen que son menores a los establecidos por los bachaqueros.

Acá el trabajo completo

EC