Así será la próxima generación de venezolanos gracias a la escasez de alimentos

A- A A+
mayo 18
/ 2016

Las futuras generaciones de niños venezolanos experimentarán transformaciones metabólicas como consecuencia de la mala alimentación en el presente: las tallas bajas, obesidad, diabetes de tipo II y aumento de los problemas cardíacos se han ido incrementando dejando abierta la posibilidad de convertirse en una crisis de salud pública.

Así lo explicó Marianella Herrera, especialista de la Fundación Bengoa para la Alimentación y Nutrición, quien asegura que el déficit alimentario afecta nuestra “epigenética”, variaciones en la expresión del ADN sin modificar su secuencia.

“El déficit nutricional, específicamente el déficit en talla, es prueba de hambre crónica. Es alta la cantidad de niños que se están quedando chiquitos, debido a la adaptación para proteger otros escenarios metabólicos. Expresan un retardo en la talla cuando su cuerpo protege los nutrientes que deben ir al cerebro (porque) si no lo hacen empiezan a tener problemas de retardo y desarrollo cognitivo”, expuso durante su intervención en el foro Corrupción y Hambre en Venezuela promovido por la Comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional, conjuntamente con la ONG Transparencia Venezuela.

Lo peor ocurre en el período prenatal, durante el embarazo y los primeros años de vida; “así que el daño estamos empezando a generarlo mucho más temprano”. Para Herrera suele ser un error común que al detectar en el niño un déficit alimentario temprano se promueva su crecimiento rápido. “Al final esto incrementará el riesgo de ser obeso, de padecer diabetes o alguna enfermedad cardiovascular (…) Esta es, muy posiblemente, la causa de muerte de mucha gente joven”, sostuvo.

Esto está estrechamente vinculado al alto índice de mortalidad neonatal publicado en la memoria y cuenta del Ministerio de Salud de 2015, que en 2014 era de 0,05% y aumentó a 2,01%; 100 veces un deterioro de un año a otro.

El mejor ejemplo de cómo la adaptación al panorama de dificultad modifica los hábitos alimenticios es la Caraota. La disminución del consumo del grano se había reseñado desde el 2013, cuando se hizo más difícil conseguir gas.

“Una de las maneras que tenía la gente de ahorrar gas era dejar de comer caraotas, cuyo tiempo de cocción es más largo, en consecuencia dejó de consumir minerales y vitaminas importantes. La caraota negra, en particular, tiene uno de los flavonoides de los más potentes con factores que coadyuvan en la prevención de algunos tipos de cáncer”, narró la especialista.

Herrera criticó parte de los datos reflejados por el Ministerio de Alimentación en su Memoria y Cuenta 2015, sobre todo, la disminución de más de 40% de alimentos otorgados a través de la Misión Mercal, direccionada para la “clase más vulnerable en situación de pobreza extrema”.

Kilocalorías de más

El Gobierno insiste en lo positivo de sus cifras. Aplaude haber distribuido 4,99 millones de toneladas de alimentos a través de la Misión Alimentación en 2015, beneficiando a más de 25 millones de personas con una política de subsidios que les ha permitido ahorrarse 88,46% al bolsillo (comparando artículos del sistema público versus al adquirido en comercios privados); pero, sobre todo, festeja el incremento del consumo de más de 3.000 calorías.

Herrera aseguro que este es “un excedente calórico” y que no es el mejor criterio para medir la buena nutrición. “La recomendación calórica para la población venezolana son 2.300 kilocalorías, esto sería un exceso (…) De allí que la harina de maíz, el arroz, el pan y la pasta están considerados como los principales alimentos; eso nos habla de los niveles de deterioro en los patrones alimentarios”, continuó.

En el fondo, analizó, “hay hambre oculta”, estado nutricional inadecuado por déficit o exceso que, de acuerdo a la encuesta Encovi –ejecutada por tres universidades del país– asegura que en esta situación se encuentra alrededor de 80% de los venezolanos, los cuales aseguran no tener los recursos para alimentarse independientemente del estrato social al que pertenezcan. “Encontramos en 81% de los venezolanos algún nivel de pobreza. Es muy grave”, afirmó.

Para demostrar esto exhibió cifras de una encuesta realizada por el Instituto Nacional de Nutrición (INN), la cual indica que en niños de 7 a 12 años hay un déficit del 16% y un exceso de 28%; mientras que entre las edades comprendidas de 13 a 17 años existe un déficit de 17% y un exceso de 21%.

Solo la política macroeconómica prevendrá el daño en la siguiente generación. Nutrición de calidad, acceso al agua, a la vivienda en condiciones aceptables y una política estable de empleo.

EP