Así fue el traslado de los reos del retén El Marite

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abril 07
/ 2016

A Elsy Candelaria Angulo, poco le importaron los 32 centígrados de calor que hubo ayer en Maracaibo. A las 9.00 de la mañana llegó a la calle 108A, frente al Centro de Arrestos y Detenciones Preventivas El Marite. Caminó de un extremo a otro del retén, pero nunca logró quien le dijera a dónde trasladarían a su hijo. Cruzó palabras con cientos de familiares, pero ninguno supo responderle. Todos esperaban a que el Ministerio de Asuntos Penitenciarios publicara los listados.

Aceleraba su paso, sus 70 años no le impidieron a Angulo saltar de un lado a otro en búsqueda de información. “Cómo vamos a hacer si ni siquiera nos dicen a dónde los llevan”, le repetía a todo aquel con quien se topaba. En ocasiones, se sostenía la cabeza con las manos, respiraba hondo y reiniciaba el interrogatorio a los militares. Ninguno le respondía.

A su hijo, a quien identificó simplemente como José, lo detuvieron por robo hace año y medio. La anciana defendió a su único descendiente, juró que vendía desinfectantes para ayudarla. Desde que lo encerraron, la anciana buscó trabajo. “Lavo, plancho ajeno y limpio casas para traerle comida, con lo que gano ni para pagarle a un abogado me alcanza”.

Apeló al corazón de Iris Varela, ministra de Asuntos Penitenciarios, para que se retractara del traslado. Así como ella otro centenar de mujeres no podrán trasladarse a otra región. “Para ella mil bendiciones y el agradecimiento de todas las madres de quienes están allá dentro, si echa para atrás esta decisión”.

Desalojo total

A las 11.50 de la mañana llegaron tres tanquetas de la Guardia nacional y un camión con 11 funcionarios antimotines. Dos horas después, la ministra anunció la decisión. El retén se cierra por 30 días. Los llevarían a los penales de Aragua, Trujillo, Lara, Falcón y Carabobo. Cada preso decidiría su destino. Se reforzó la seguridad, a unos mil 500 militares y 100 oficiales de la Policía regional, y se esperaba el arribo de los autobuses.

A las 2.00 de la tarde llegó el primer autobús Yutong rojo. Dos horas después llegaron otros tres y a las 6.00 de la tarde 10 estaban estacionados frente al recinto. A las 8.35 de la noche salieron cinco y luego a las 9.35 salió uno más. Los presos solo llevaban lo que tenían puesto. Antes de abordar eran requisados y se hacía una lista de quienes iban en cada unidad. Se estiman que trasladaron a 245 internos. Todos iban rumbo a la cárcel de Tocorón, en Aragua.

Nadie se movía. Los familiares treparon árboles y techos, se aglomeraron, casi uno encima del otro, hacían un esfuerzo para adivinar a quién llevaban en los autobuses. El llanto se confundía con las oraciones y las bendiciones que gritaban las mujeres. Los internos apenas levantaban la cabeza en sus asientos.

Sin recursos

En su cabeza, Guillermina Bermúdez, madre de uno de los presos con tuberculosis, solo se preguntaba de dónde sacaría dinero para visitar a su hijo. Su muchacho sufre de fibrosis quística en el páncreas y eso facilitó que contrajera la enfermedad en los pulmones.

“En cada visita traía comida cruda, más la comida caliente de ese día. Ahora tengo que sumarle a eso un pasaje para no sé dónde porque aquí nadie nos da respuesta”. Teme que su hijo se complique en otro penal. Ella paga sus medicinas y a donde lo lleven no se las garantizarán.

A la mujer solo la consuela haberse comunicado con su hijo a las 10.00 de la mañana. “Me dijo que solo lo mandaron a vestirse porque los iban a llevar para otro lado, mas no me dijo para dónde”.

Libertinajes en la prisión

Las fiestas, los alquileres de minitecas, las visitas frecuentes de prostitutas y los disparos al aire los fines de semana no alarmaron a los vecinos. Las quejas contra los reclusos comenzaron por el descaro de sus crímenes en la región. Al menos 90 por ciento del cobro de vacuna y extorsiones se planificaban en sus calabozos.

Desde 2014 comenzó el descaro. Desde las celdas de El Marite organizaron asesinatos. Los prames ordenaban venganzas personales, se unieron a las bandas de robo y hurto de vehículos y comenzaron a enfriar carros robados en el estacionamiento del Centro de Arrestos y Detenciones Preventivas de Maracaibo. El negocio y los dividendos los distribuían entre reos y policías.

Las víctimas, ciudadanos comunes, acudían a la garita de la Policía regional para pagar en billetes de 100 el rescate de sus vehículos. Mitad del efectivo quedaba dentro del penal y la otra la repartían entre oficiales y bandas.

La disputa entre la autoridad y los prames empezó cuando comenzaron a robar carros de militares y petejotas. El 28 de marzo se “comieron la luz” y el Gaes llegó a buscar el camión. Los presos culpan a los oficiales ambiciosos de su traslado.

LV