Así es vivir en Maracaibo con 4 horas sin luz

A- A A+
mayo 03
/ 2016

En medio de cortes eléctricos, Maracaibo ha sido foco de atención por las protestas que en la oscuridad ha protagonizado.

Los constantes apagones no son por racionamiento, sino por fallas eléctricas que han dejado más de 24 horas a varios sectores sin luz y que han enardecido a los habitantes, quienes cansados protagonizaron la semana pasada anarquía, protestas, robo y saqueos en la entidad.

“Si no tenemos velas, teléfonos celulares o linternas para alumbrarnos, la oscuridad nos obliga a tantear para no caer. Son muchos días sin ver luz”, comentó Ismary Gutiérrez a Maolis Castro para un artículo publicado por El País, en el que Castro narra las dificultades de los zulianos por la dieta eléctrica.

A continuación, el texto íntegro:

La Villa Luz de Ciudad Lossada ya no ilumina como antes. Los habitantes de este suburbio en Maracaibo, capital del Estado de Zulia —en el occidente de Venezuela—, aseguran sentirse como ciegos algunas noches. “Si no tenemos velas, teléfonos celulares o linternas para alumbrarnos, la oscuridad nos obliga a tantear para no caer. Son muchos días sin ver luz”, dice Ismary Gutiérrez .

Los cortes de electricidad de horas al día durante más de un mes en casi toda Venezuela, ordenados por el presidente Nicolás Maduro para aminorar el descenso provocado por la sequía del principal embalse de agua (Guri), ya han modificado lo cotidiano. Hay casas en La Pastora de Cañada Honda, al norte de Maracaibo, marcadas por las huellas de los fogones. Los pobladores de este barrio han utilizado la leña para cocinar, los hielos para conservar carnes y enfriar bebidas y los velones para iluminarse en las noches, ante la ausencia de la electricidad. Cristina Oyaga, abuela de dos niños, hace mofa de la adversidad: “Maduro nos ha llevado a la prehistoria”.

En Zulia, el principal Estado petrolero de Venezuela, el racionamiento ha derivado en la protesta. Hay calles tomadas por los soldados del Ejército, cristales rotos de comercios, restos de barricadas atravesadas en carreteras y grupos enardecidos que solo aguardan al siguiente apagón para iniciar una algarabía.
La ciudad ya sufría intempestivos apagones. No se han atenuado, solo se han sumado a los programados por el Gobierno.

Las peores manifestaciones sucedieron hace una semana. Maracaibo, el epicentro de las protestas por cortes de luz, triplicó en dos días los 21 saqueos ocurridos en todo el país durante el asueto de Semana Santa. El parte oficial fue de 73 comercios desvalijados por hordas descontroladas y un centenar de detenidos.

Maracaibo ha continuado en rebelión, aunque las revueltas callejeras fueron apaciguadas el miércoles pasado con el despliegue de miles de militares. El sábado, un canal de la avenida 18 de Octubre fue obstaculizado por mujeres que se quejaban porque los cortocircuitos habían dañado sus televisores, hornos microondas y frigoríficos. José Piña, uno de los pocos hombres en la manifestación, añadía: “Maduro nos ha dividido en ciudadanos de primera y de segunda clase”.

Caracas, Vargas y Nueva Esparta fueron excluidos del racionamiento de cuatro horas diarias, llamado Plan de Administración de Carga. El Gobierno justificó esta excepción porque en estas regiones se encuentran la sede de los poderes públicos y otros importantes centros operativos.

En Maracaibo, el calor hace arder la piel. Las altas temperaturas han provocado un consumo excesivo de energía eléctrica por el uso de los aparatos de aire acondicionado. El Sambil, el más importante centro comercial, cerró el pasado sábado y hasta nuevo aviso por la crisis eléctrica. La reconocida cadena empresarial, que hasta ahora había resistido las embestidas de la debacle del país, ya ha suspendido temporalmente operaciones en tres sucursales —también en Táchira y Nueva Esparta— debido a los cortes de electricidad. El Gobierno obligó a principios de año a los centros comerciales a utilizar plantas propias de energía.

El cierre de negocios, además de mermar la producción, ha trastocado la dinámica de Maracaibo. Cuando ocurren los cortes de electricidad inesperados, los hoteles no reciben huéspedes. Los supermercados desalojan a los clientes. Los restaurantes cierran las puertas. Las panaderías y las licorerías encienden velas. Internet falla, el tráfico en las vías colapsa y hasta se suspenden clases en los colegios y actividades laborales. Si el apagón obedece a una falla, nadie espera el pronto regreso de la luz.
En Maracaibo, el calor hace arder la piel.

Las fallas de electricidad habituales son provocadas por los estallidos de transformadores de energía. Su explosión generalmente ocurre cuando llueve y deja sin luz a sectores de la ciudad. Y solo son reparadas por los empleados de la Corporación Nacional de Electricidad. “Es un ir y venir. No descansamos”, decía un técnico de la compañía estatal mientras arreglaba el sábado un transformador en la avenida Milagros, al norte de Maracaibo.

Hace meses, antes de los cortes de electricidad ordenados por Maduro, la ciudad ya sufría intempestivos apagones. No se han atenuado, solo se han sumado a los programados por el Gobierno para alargar las horas de oscuridad. Ya lo había advertido el ministro de Energía Eléctrica, Luis Motta Domínguez, al anunciar el plan de cortes de cuatro horas diarias: “Puede haber interrupciones no programadas ocasionadas por cortocircuitos, la caída de una rama en un cable, o también interrupciones con malas, producto del sabotaje”. Maracaibo se acostumbra a vivir en la oscuridad.

SM