Así es la increíble odisea para escapar de Corea del Norte

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abril 01
/ 2016

Primero llegó Kim Yong-shil, en 2006. Luego, su marido, sus dos hijas mayores y su hijo adolescente. Dos años más tarde, llegó su madre, a continuación, un hermano, y por último, en 2012, el otro.

Uno por uno durante la última década, los miembros de esta familia han escapado de Corea del Norte, los que lo hicieron primero ganaron el suficiente dinero y conocieron a la gente necesaria para que pudieran llegar los otros.

Este proceso –llamado “deserción en cadena”– es casi la única manera de escapar de Corea del Norte hoy, al tiempo que la seguridad en la frontera se ha endurecido drásticamente desde que Kim Jong-un tomara el control del estado hace cuatro años.

En los últimos veinte años, unos 29.000 norcoreanos han huido del hambre y la represión en el país, escapando a través del río en la frontera con China. El flujo de refugiados siguió en aumento constantemente hasta el desplome durante el primer año de Kim en el poder. El año pasado, menos de 1.300 personas lograron escapar, menos de la mitad del máximo registrado en 2009.

La gran mayoría de la gente que pretende huir son aquellos que tienen miembros de la familia que escaparon hacia Corea del Sur antes que ellos y que pueden pagar hasta 12.000 dólares que es lo que cuesta extraer una persona del Norte.

“Si usted no tiene a un familiar viviendo fuera de Corea del Norte, es imposible que salga porque alguien tiene que pagar”, explicó Jung Kwang-il, un desertor que trabaja como defensor de los derechos humanos en el régimen.

Corea del Norte

Las familias en el Sur hacen lo que pueden con sus magros salarios para tratar de extraer familiares. Hay un proceso bien establecido de participación de desertores del Sur que actúan los intermediarios, comerciantes en la frontera entre Corea del Norte y China que trasladan dinero de ida y vuelta, y soldados norcoreanos que son sobornados para que indiquen a los posibles desertores dónde y cuándo cruzar.

Para la familia Kim, Yong-shil -ahora de 56 años-, fue el primer eslabón de la cadena. Después de dos intentos fallidos, finalmente logró escapar en 2006, y pasar tres años en China antes de ingresar a Corea del Sur.

Después de que su marido, hijas, e hijo salieron, organizó a través de un intermediario en Corea del Sur para sacar en secreto a su madre, que ahora tiene 77.

Sin embargo, tres hermanos menores estaban todavía en Corea del Norte. Su hermano más joven trabajaba como comerciante en la frontera y logró llamar a Yong-shil desde un teléfono móvil chino para decirle que su hermano mayor era ahora mendigo y se moría de hambre.

Entonces Yong-shil, que ha trabajado en un vestuario y ahora está tratando de iniciar un restaurante con otros desertores, contactó con el corredor para sacarlo, también. “He trabajado con un intermediario durante un año para rescatarlo”, recuerda Yong-shil.

Ahora, a los 45 años, trabaja por las noches como guardia de seguridad en Corea del Sur.

Pero el hermano menor quedó en Corea del Norte con su esposa y sus dos hijos. Ya fue capturado dos veces al cruzar el río por sus actividades comerciales y estaba preocupado porque podría ser detenido si se lo detectara de nuevo. Entonces Yong-shil lo animó a escapar también. (Los hermanos no querían que sus nombres fueran publicados por temor a poner en peligro la familia que aún permanece en Corea del Norte).

“He encontrado a alguien que dijo que si puede cruzar a China, podría rescatarlo desde allí”, contó Yong-shil.

Tuvo éxito en su segundo intento, pero le costó a la familia 8.000 dólares. “Era más barato antes”, reveló Yong-shil. Ahora, cuesta alrededor de USD 12.000 a extraer alguien de Corea del Norte.

Corea del Norte

En el Sur, el hermano menor vive una existencia sombría. Conduce el camión seis días a la semana y vive con su hermana. Gasta poco para sí –puede pasar el día entero sin comer hasta la noche– para poder enviar dinero a su familia.

“Trabajo duro durante largas horas porque tengo a mi familia en la cabeza”, dijo, e indicó que les envía alrededor de 3.000 dólares al año. “Pero 3.000 representan bastante en Corea del Norte”.

Le habla a su esposa por teléfono cada tres meses. Sus hijos están bien alimentados y bien vestidos -pero no demasiado por temor a llamar la atención- y les está yendo bien en la escuela.

Pero la cadena se ha roto. Se ha vuelto tan difícil -y, por consiguiente, tan caro- sacar a gente de Corea del Norte que el hermano más joven tiene pocas esperanzas de volver a ver a su familia.

“Ahora, podría tener 40.000 dólares para sacarlos pero incluso entonces, no garantizaría que pudiera ponerlos a salvo”, dijo, mostrando fotos de su familia en su teléfono Samsung Galaxy.

Todavía queda un familiar de Kim en Corea del Norte: una hermana, que tiene un marido y dos hijos. Ellos quieren escapar, también. Pero esto costaría decenas de miles de dólares que la familia no tiene. “Además, tienen miedo”, contó Yong-shil.

Los intermediarios dicen que el precio se ha disparado debido a que es mucho más difícil sacar a gente en los últimos cuatro años.

“Escuché que había una orden de Kim de no tomar el dinero, sólo arrestarlos”, dijo un desertor, que ahora trabaja como un corredor y pidió no ser nombrado porque muy pocas personas hacen este trabajo.

Al menos ocho personas deben estar involucradas en la extracción: el agente principal en Corea del Sur, que planea todo, el corredor en Corea del Norte, la persona que recibe el aspirante a desertor en el río, la persona que espera del otro lado en China, otra persona que traslade al desertor a través de China. Luego hay otros corredores en Tailandia, Laos y Vietnam, a través del cual los migrantes generalmente viajan en su camino a Corea del Sur.

“Y todas estas personas están trabajando por dinero”, dijo el corredor en Seúl.

Los intermediarios en Corea del Sur son a menudo considerados “buitres” que se aprovechan de los desertores ingenuos, los cuales obtienen alrededor de 17.000 dólares en beneficios del gobierno cuando llegan al Sur, dos tercios de los cuales son para fines de vivienda.

Pero este corredor explicó que sólo cobra alrededor de mil dólares por cada norcoreano que ayuda y que a menudo sus familias tratan de evitar el pago. “Lo siento por estas personas. Lo siento por ellos, pero si no hay dinero, ¿por qué lo haría?”, se preguntó.

Por ahora, el hermano más joven intenta evitar los lugares donde puede ver a familias felices que pasan el tiempo juntas. En su lugar, aprovecha el domingo para dormir o distraerse con juegos de video.

“Cuando salí de Corea del Norte, le dije a mi familia Que tal vez sería la última vez que nos veríamos”, expresó. “Pero cuando en verdad sucede, es tan difícil”.

IB