“Aquí en la cárcel tenemos más pistolas que barrotes”

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enero 29
/ 2016

Tras el escándalo por el video viral del “homenaje” a Teófilo Rodríguez, alias El Conejo, se prendieron nuevamente las alarmas sobre la situación de los penales en Venezuela y el control de armas.

La publicación de un material audiovisual grabado en un recinto penitenciario en la isla de Margarita, por los mismo reclusos, donde se ve a delincuentes con armas largas y cortas lanzar ráfagas de fuego al aire, ha hecho que algunos sectores pidan la interpelación de la ministra para el Servicio Penitenciario, Iris Varela, e incluso su dimisión del cargo.

A esto Varela ha respondido que la cárcel de San Antonio, en Margarita, es un centro pacificado y que no necesariamente esto quiere decir que “se haya conseguido el desarme”. Si una cárcel está pacificada, “no quiere decir que esté desarmada”.

Al respecto, Peluche confiesa al diario La Vanguardia, entre risas, que en Venezuela son “unas brujas histéricas. Pegamos cuatro gritos al ver como despedían a El Conejo. ¿Qué pasa? Eso se hace siempre, no es ningún chisme nuevo. Ahí andan los políticos con la mandíbula abierta, pero que no disimulen, todo el mundo sabe que aquí en la cárcel tenemos más pistolas que barrotes”.

En esa exclusiva, el delincuente, a quien le esperan 30 años en prisión, reveló que la entrada de armas a la cárcel se hace por medio los custodios y militares, a quienes se debe hacer un pago previo que oscila entre los 100 y 1.300 euros.

“No es que los verdes (militares y custodios) se ensucien las manos de mierda, sino que una vez que les das sus tablas (dinero) hacen la vista ciega”, dice Pecluche. A esta escena se le llama en el argot carcelario, el semáforo.

Esta compraventa de armas varía según la oferta que viene de las mafias externas. En este sentido, el recluso asegura que en la actualidad es más difícil conseguir una pistola que una granada o una metralleta. “Todo el mundo quiere una buena lija (metralleta) porque entre tanta pistola, hay que imponer la ley con más fuerza”.

Los precios son un secreto que sólo manejan los implicados en el negocio. Pero Peluche se atrevió a calcular algunos: una granada, 40 euros y una caja de municiones, 75 euros.

Según Peluche este tráfico existe en todas las cárceles del país y no se trata de una ley sino más bien de “un sistema” de supervivencia.

Una vez ingresadas de manera irregular, estas armas son controladas por los “carros”, una especie de banda constituida por un pran (jefe) y su base (hombres de confianza). Ellos son los encargados de distribuir estas armas, ya sea a través de su alquiler o consignación a cambio de ciertos favores.

Esta misma información es manejada por las organizaciones de Derechos Humanos en Venezuela desde hace una década. En 15 ocasiones, esta alianza de organizaciones ha solicitado a organismos internacionales que se investiguen las mafias, tras la entrega de testimonios y pruebas.

SM/LV